De Contamana a Pucallpa: luces indómitas y barcos que encallan

jueves, 29 de noviembre de 2012



Al subir al PEDRO MARTIN II (ver entrada anterior) nos dimos con la sorpresa que este inmenso barco estaba casi vacío así que esta vez no había que pelear por un espacio para colgar la hamaca –como sucedió en el viaje de venida desde Pucallpa- y todo parecía que iba a ser un viaje más cómodo por el espacio que tendríamos para movernos. La razón por la que esta embarcación estaba casi desocupada era debido a que había varado un par de veces y los viajantes no quisieron esperar más y se habían pasado a otro barco. Esto, claro, en ese momento no lo sabíamos. De haber tenido idea de ello lo habríamos considerado un mal augurio, definitivamente.

En el barco, dejando Contamana. Perú.

En el barco, dejando Contamana. Perú.



Tuvimos que esperar poco más de una hora hasta que se embarcasen bultos y pasajeros. Mientras tanto un sol que era un solo de fulgor, puro oro luminoso, fue cayendo en picado y acercándose a la piel del río dejando al mundo ebrio de una luz soberbiamente bella, delicada. El cielo se había vuelto una hoguera donde brasas y fuegos ilimitados habían creado un espectáculo irrepetible para alguien como yo que no había visto jamás algo así. ¿Qué es esto?, ¿La última luz del mundo?, ¿El día primero de la tierra?, ¿Una explosión atómica en los confines del mundo cuya tétrica reverberación ha llegado hasta aquí? Ese fuego delirante hacía que el tren de nubes que pasaba por el horizonte pareciera una exposición de siluetas, un teatro de sombras expuestas al mundo entero. Adoré ese atardecer, quedé impregnado de su esencia. Tenía esa fuerza de desasosiego que produce todo aquello que es sublime: une mezcla donde se junta lo ilimitado, lo excesivo, lo incomprensible, lo grandioso, lo intimidante. Es inevitable no sentirse feliz y aterrado al ver todo ello. Feliz porque pocas cosas se comparan a un atardecer como este que era un premio que se nos daba por haber venido hasta Contamana y aterrado porque lo grandioso siempre nos hace patente nuestra finitud, nuestra pequeñez, nuestra momentánea circunstancia aquí, en este mundo. 

Atardecer en la selva. Contamana - Perú.
Atardecer en la selva. Contamana - Perú.

Atardecer en la selva. Contamana - Perú.
Atardecer en la selva. Contamana - Perú.
Atardecer en la selva. Contamana - Perú.
Atardecer en la selva. Contamana - Perú.
Y el barco avanzó. Del momento de éxtasis pasamos a algo más terrenal: habían puesto parlantes en ambos pisos del navío así que estuvimos siempre rodeados por una bulla de cumbia atronadora; fondo sonoro que nos acompañaría durante todo el viaje y que solo nos daría tregua a las 9 de la noche cuando apagaban la música para poner alguna película de Chuck Norrys o algún otro hombre de paz. Entonces, los altavoces escupían un bullicio descarado de disparos, explosiones y gritos de guerra hasta la media noche en que los sonidos de la selva, y alguno que otro ronquido, dominaban la noche. Allí estábamos, de nuevo en las bordas de un barco peruano en plena selva amazónica que nos mostraba sus sugerentes y enigmáticas siluetas disueltas en la oscuridad.

El Pedro Martin II, haciendo honor a su nombre, varó 2 veces más por lo que nos costó casi 2 días llegar a Pucallpa. Como les diremos en una futura  entrada que escribiré sobre consejos para viajar en un barco en la selva peruana, el tiempo es muy relativo en un barco que surca los ríos de esta zona del mundo: mañana puede ser cualquier día así que viajen sin apuro porque seguro siempre llegaran a donde quieran pero con mucho retraso. 

Viaje de Contamana hacia Pucallpa.
La gente inventa modos de sobrevivir al aburrimiento de un viaje inesperadamente largo así que cuando los temas de conversación se acaban se ponen a jugar a las cartas, a hacer crucigramas, a recoger cualquier periódico del suelo con la esperanza de que sea uno que no ha leído aún, a buscar piojos a los niños o a mirar la nada o hacer amistades que durarán lo que dura el viaje.

Viaje de Contamana hacia Pucallpa.

Una pareja que tendría como mínimo 6 hijos nos quiso vender una taricaya (pequeña tortuga) para llevarlo como mascota y hasta le habían hecho un huequito en el caparazón para atar al animalito por allí cuando lo saquemos a pasear, sí, como a un perrito. También nos quisieron vender un paiche (pescado de la selva), “asisote de grande” nos dijo el padre de familia estirando los brazos y dejando entre ellos un espacio donde fácilmente entraría una escopeta. Pilar se hizo amiga de Sabrina, una guapa chiquilla que viajaba de regreso a Pucallpa con su madre.



Viaje de Contamana hacia Pucallpa.
Las reservas de alimento se acababan en el barco así que las raciones empezaron a empequeñecer pero para fortuna de todos, un hombre que transportaba su carrito de hacer palomitas de maíz se puso a preparar toneladas e hizo su “agosto” justo cuando empezaba ese mes. El padre de los 6 niños pudo encontrar en la cocinera del barco una buena compradora del paiche así que los riesgos de inanición se esfumaron. Pero si se fue el hambre vino la sed porque ese pescado es demasiado salado así que es mejor tener mucha agua a mano.

Tuvimos que dormir una noche más en el barco, cosa con la que no contábamos, y hacer uso de mucha paciencia y comprensión. Afortunadamente la gente habla, conversa, es amigable y así las horas alivian la pesadez de sus lentos pasos. Mirábamos la selva, tan profusa y ubérrima, parecía tan inmensa e invencible y sin embargo es tan frágil. Uno ve los árboles llegando hasta la orilla de los ríos, ve el manto tupido de verdor que parece que no se acaba nunca y cree que es fácil conseguir allí lo que se desea, que la naturaleza da todo sin esfuerzo y sin embargo es un lugar tan inhóspito, donde la vida es tan o más dura que en cualquier lugar. Pareciera que allí nunca ha pasado nada y sin embargo han pasado cosas, mil cosas, mil historias, entra ellas una de las más sangrientas y abominables: la de la época del caucho.   

Viaje de Contamana hacia Pucallpa.





Viaje de Contamana hacia Pucallpa.

Así pasaron las horas hasta que en el horizonte el puerto de Pucallpa empezaba a aparecer primero pequeñísimo, un punto tragado por la selva, y luego ya grande, como grande era el hambre y el cansancio por lo que nos fuimos una vez más a hospedarnos al Guest House, suponiendo que la aventura por fin había acabado. Ilusos de nosotros, nada nos hacía imaginar que la aventura… recién empezaría…

Pablo

Continuará...

DATOS UTILES

El pasaje de Contamana a Pucallpa en el Pedro Martín II es de 25 soles.

Dato del 2010.

8 comentarios:

Elena dijo...

Pablo… ese atardecer es precioso y las fotos espectaculares. Además, ese barco es como uno sacado de los libros de García Márquez, no sabía que existían aun y que la gente seguía colgando sus hamacas.

Pablo Solórzano dijo...

hola Elena, gracias por tu comentario... las fotos son increíbles, sí, no porque yo sea un gran fotografo sino porque la naturaleza allí esta para ser retratada, es una belleza alucinante. viajar en esos barcos que como bien dices parecen sacados de un libro de García Marquez existen, meterse a esa zona es justamente como estar en un libro. La situación allí pone a prueba tu paciencia y tu sabiduría de viajero pero al final es una experiencia increíble. Un gran abrazo, enviado desde Moquegua, el sur del Perú por donde ahora estamos viajando, como siempre muy gentil por tu visita. Mil besos!

Anónimo dijo...

Hola Pablo, primero que nada te felicito por la experiencia vivida y por el gran relato, todo se ve muy interesante. Te comento que recientemente estoy pensando realizar un viaje hacia Pucallpa y desde allí a Orellana (pasando por Contamana supongo), pero antes me gustaría tener una idea del tiempo que duran los viajes (ida y vuelta), ¿pasan de 1 día? ¿o es cuestión de algunas horas? Te agradecería que me puedas ayudar un poco con esta información para poder realizar un buen plan de viaje...
Manuel

Pablo Solórzano dijo...

Hola Manuel, muchas gracias por tu visita y por tus palabras. Ojala disfrutes tu aventura en el amazonas tanto como lo hicimos nosotros. Como ves nosotros solo llegamos hasta Contamana pero el barco continuó hasta Orellana, no tengo idea de como será este pueblo. Como ves los viajes tiene una duración relativa, como ves aquí a nosotros nos costó el doble de tiempo volver a Pucallpa porque el barco encalló. Pueden haber otras razones, como son el que el río esté alto o bajo, que haya lluvia o no, que el barco esté lleno o no. En fin, muchas cosas así que no podría darte un tiempo exacto. Aquí te dejo otra entrada en la que damos unos consejos para una aventura en barco por esa zona increíble del Perú, espero te ayude, cualquier cosa aquí estamos. Saludos! http://labrujuladelazar.blogspot.com.es/2012/12/consejos-para-viajar-en-barco-por-la.html

Anónimo dijo...

Pablo, soy de Contamana, pero por razones de trabajo resido en Pucallpa. Realmente tu narración es exactamente lo que sucede en estos viajes, que por lo demás son cotidianos para nosotros. Recién, veo tus crónicas y te felicito porque has conocido "La Perla del Ucayali", y cuando alguna vez regreses por estas maravillosas y paradisíacas tierras, estamos a tus órdenes, porque, que no te quepa dudas, los contamninos, generalmente somos como Cristian, talvés no tan delicados como él, pero si receptivos te lo puedo asegurar. Gracias por publicar la hermosura de mi pueblo. Rommel Rojas

Pablo Solórzano dijo...

HOla Rommel, gracias por tu comentario. La verdad es que sí, esto que para algunos es una aventura es para otros una cosa del día a día, y es increíble cómo se manejan en estas situaciones. Gracias por tu ofrecimiento de ayuda, espero poder volver a la bella Contamana, y sino, espero también que ayuden uds a los viajeros que lleguen a tan bonito lugar. Sé que son muy receptivos, lo he visto en directo y me han parecido personas geniales. Cristian me pareció una persona maravillosa, atento, conversador, muy amable, y con ambiciones de dar a conocer su pueblo, me pareció un gran "embajador" de la "Perla del Ucayali" como dices. GRacias por tu visita y tu tiempo para leer lo que he escrito. Saludos!

Anónimo dijo...

Felicitaciones por compartir estas imagénes espectaculares que nos regala nuestra selva defines muy bien con mañana puede ser cualquier día, espero siga compartiendo sus aventuras para el deleite de nuestros ojos

Pablo Solórzano dijo...

Muchas gracias por sus palabras y su tiempo para la visita! Espero de corazón poder sacar tiempo e ilusión para continuar con este blog. Un abrazo y gracias de nuevo.!

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