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El Museo de la cultural del vino de Briones

miércoles, 18 de mayo de 2011


Una visita al bello pueblo de Briones no estaría completa si el viajero no se da tiempo para conocer también el Museo de la Cultura del Vino. Por ello descendimos por las calles estrechas, mirando las bellas casonas con fachadas de sillería que allí abundan, hasta la carretera que lleva al museo que es para los entendidos del buen beber uno de los mejores lugares para disfrutar y conocer de primera mano el vino y toda la cultura que se ha creado alrededor de esta mágica bebida. Tal es la importancia de este lugar que el mismísimo Don Juan Carlos I, Rey de España, lo inauguró el 29 de Junio del año 2004. 




En el museo se pueden ver las innumerables piezas coleccionadas por Pedro Vivanco, patriarca de la dinastía Vivanco, desde hace medio siglo. Obviamente todas las exposiciones tienen como temática el vino pero es mucho más que eso; se fusionan allí historia, arqueología y pintura. Por ejemplo se pueden ver un sarcófago romano con altos relieves donde hay escenas de niños recogiendo uvas o un mosaico de estilo bizantino donde se representa un recipiente de madera donde se solía almacenar las uvas. También hay una colección de dibujos de pinturas que es de lo más bizarra: obras de Rembrandt y Walt Disney, pasando por Picasso y de Ribera, en las que la endiosada bebida es tema primordial. Otro sala interesante es la que acoge la colección de 3000 sacacorchos. Si uno no sale ebrio de beber seguro que si saldrá con una melopea artística tremenda con todo lo que hay por ver en este museo.

También hay que darse un paseo por los alrededores donde hay bonito jardín donde se pueden ver plantados 200 distintas variedades de vides; también una pequeña capilla, una peculiar escultura del dios Baco y el ferrocarril que en su época sirvió para transportar el famoso vino que producían y siguen produciendo los viñedos de esta zona. Hay unas fuentes donde se puede conseguir agua cuando el sol queme mucho. 


Callejeando en Briones

martes, 17 de mayo de 2011


Cuando se habla de La Rioja es inevitable pensar en buena tierra y buen vino. Pero olvidamos que esa parte de España también ostenta muchas maravillas culturales, sobre todo arquitectónicas, que al igual que su excelente vino podrían darle renombre mundial. En entradas  anteriores  hemos escrito sobre nuestras visitas a lugares como San Vicente de la Sonsierra o  sobre el ritual de “los picaos” que allí mismo se celebra; pues bien a pocos kilómetros de allí se encuentra Briones; otro pequeño pero encantado rincón de los muchos que hay en España y que bien amerita una visita…


Son los primeros días de la primavera y el sol se despereza de su letargo invernal alumbrando y calentando con fuerza al mundo. Es la hora de la siesta y en las estrechas calles del antiguo pueblo de Briones  (las primeras referencias históricas sobre Briones se remontan al tiempo de los romanos) apenas si hay gente. Es como si se paseara por un enorme museo que ha sido abierto solo para uno: puedes andar mirando sin apuro los blasones en las entradas de las casas, los bellos enrejados y balcones, las murallas, las iglesias, las aldabas de las puertas, todo ello como si este lugar existiera solo para que tú lo vieras.

Es una buena idea empezar la visita por la Plaza España, que es quizás el único lugar que nos da una idea de que realmente no estamos en un pueblo fantasma ya que allí los pequeños corretean mientras que sus padres los vigilan desde las sombras de las terrazas de los bares; una pareja de jóvenes se sienta en la banca buscando el calor no solo de los besos sino también del fuerte sol y más allá algún extranjero se devana los sesos tratando de entender la simbología de la fachada de la fascinante iglesia. Es justamente en esta plaza donde se encuentran algunos de los edificios más notables del pueblo. 





Por ejemplo, el Ayuntamiento de la Villa (antes palacio de los Marqueses de San Nicolás), de 1755, considerada una de las construcciones civiles más interesantes de La Rioja. Llaman la atención sus escudos y medallones y la armonía de sus formas. Al frente está la casa más antigua del pueblo la cual tiene dos plantas con una entrada de medio punto de la cual en cualquiera momento pareciera que va a salir con toda naturalidad un personaje de esos que abundan en las historias de caballeros y castillos. Al lado de esta antigua casa  hay un bonito edificio de sillería con amplios balcones blancos donde se encuentra "la botica de Rabal" llamada así por haber sido el sitio de trabajo de Don Ismael Rabal, licenciado de Farmacia que vivió en Briones a inicios del siglo pasado. Este lugar es un excelente muestrario de los modos y técnicas de los que se valían los farmacéuticos de entonces para crear pócimas y remedios que calmaran las muchas dolencias que desde siempre han aquejado al ser humano.  Si bien la entrada no está permitida se puede ver a través de un grueso cristal todas las herramientas de las que el buen señor Rabal usaba para inventar los brebajes y paliativos que la gente le pedía: embudos, pipetas, morteros, balanzas, frascos de porcelana, etc. Comparado con los modernos, este laboratorio no parece uno que funcionara hasta hace menos de 100 años sino más bien uno de la edad media, digno de un alquimista o nigromante. ¡Qué rápido avanza todo!



De castillos e iglesias: Una visita a San Vicente de la Sonsierra

viernes, 13 de mayo de 2011


Al caminar por las calles empedradas y laberínticas de San Vicente de la Sonsierra uno tiene la sensación de que se está dentro de un libro de caballerías o de que ha sido llevado al medioevo. Esos ensueños románticos que uno tuvo de adolecente al leer a los clásicos españoles casi se ven cumplidos al caminar por un pueblo donde la historia palpita y también al levantar la mirada hacia la cresta del collado donde yacen una imponente iglesia y los restos de un castillo, antiquísimos testigos de los sucesos que por siglos han discurrido a sus pies, tal y como lo hizo , y lo sigue haciendo, desde siempre el río Ebro.


En un post anterior sobre la semana santa católica en La Rioja, escribimos sobre el peculiar e intenso ritual religioso conocido como “los picaos” que se celebra justamente en San Vicente de la Sonsierra. Pues bien, ahora queremos irnos un poco más allá y conocer otra de las joyas de este esta villa que creemos vale la pena visitar: la iglesia de Santa María La Mayor la cual junto al Castillo o Bastión y a la ermita de la Vera Cruz (desde donde se inicia la procesión en la que van “los picaos”) conforman un conjunto arquitectónico fascinante. No es difícil llegar hasta la cima del cerro para visitar estos lugares. Desde cualquier punto del pueblo se los puede ver. Desde la plaza hay que tomar la calle Zumalacarregui y después de unos minutos, y algunos resoplidos, se llega hasta allí.

Ya arriba se divisan los viejos tejados de las casas del pueblo cayendo como si fueran una cascada de color ladrillo hacia los meandros del ancho Ebro, sobre el cual pasa el antiquísimo puente medieval de 248 metros y 9 arcos. También se ven los viñedos  que producen algunos de los buenos vinos que ha dado fama mundial a esta región.




Semana Santa en La Rioja: "Los Picaos"

lunes, 2 de mayo de 2011

Semana Santa es un buen momento para conocer otra España, es decir una más tradicional, una que mira más hacia adentro. Este país es conocido por la devoción con que su gente vive dicha celebración, son célebres las impresionante procesiones de Andalucía por ejemplo. Esta vez te invito a mirar más hacia el norte, exactamente a La Rioja, donde conocerás sobre un ritual medieval que ha pervivido hasta ahora y que es único en este universo llamado España.

Las maneras que cada pueblo tiene de expresar su fe religiosa son algo que los diferencia y que muchas veces se corresponde con su historia. A primera vista un rito religioso como el de “los picaos” de San Vicente de la Sonsierra, La Rioja, podría ser chocante e incomprensible pero si uno lo encuadra en el devenir histórico de ese pueblo quizás pueda sino aceptarlo al menos entenderlo un poco más.

Posicionado entre la frontera natural de lo que fueron dos reinos medievales y de mucho poder como los de Castilla y Navarra,  fue desde sus inicios un lugar creado para defender y luchar. Allí se levantó un castillo (1194), una inmensa fortaleza (1170) y hasta se les dio la “hidalguía” a todos aquellos que estuvieran dispuestos a vivir diez años dentro del recinto fortificado de este pueblo para luchar. Como vemos por su posición geográfica y por el devenir histórico en el que se dio su nacimiento como villa este sitio solo podía ofrecer gente dispuesta a la guerra y a los sacrificios. De ahí que sea en este lugar donde se vive con fervor un ritual como el de “los picaos”, la única y última de carácter penitencial, mediante flagelación, que queda en toda España. 




Este rito se lleva a cabo por iniciativa de la Cofradía de la Vera Cruz, una institución cuyos orígenes son apenas conocidos y que durante su existencia tuvo que resistir muchos intentos de abolición de parte de reyes y gobernantes. Son ellos los que organizan la Semana Santa y sus procesiones y todo lo referente a los disciplinantes o “picaos”. 

Todo empieza en la Ermita de San Juan,  sede de la Cofradía, localizado en lo alto del pueblo. Allí el disciplinante, quien habrá pedido serlo por voluntad propia, es vestido con un hábito blanco con una abertura en la espalda y una capucha para ocultar su identidad. Luego se le pondrá cadenas en los pies y recibirá su “disciplina” o madeja de cuerdas algodón con el que se flagelará de 800 a 1000 veces hasta que su acompañante decida el momento que deba ser pinchado. Pero antes de ello debe acompañar a las andas de los santos hasta el “Calvario”, una pequeña colina ubicada a las afueras del pueblo a donde llegará la procesión luego de haber pasado por las conocidas “estaciones”. Es allí donde empieza el ritual. Los santos y vírgenes son llevados en sus andas de regreso hacia la Ermita y en el camino los disciplinantes se flagelan la espalda hasta que esté lo bastante inflamada para ser picada lo que usualmente sucede a la altura de la Plaza Mayor del pueblo, lugar donde se reúne toda la gente de San Vicente y los visitantes. 


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