Por las calles de la mágica Praga (2da parte): El castillo

martes, 19 de abril de 2016

Como recordarán los improbables lectores y lectoras de este blog, en la entrada anterior empecé a contarles mis andanzas por Praga, exactamente por el Staré Mesto o Ciudad Vieja. Quería volver a esa zona pues por allí se encuentra el maravilloso Barrio Judío, pero me enteré que el cementerio no abre los sábados así que ese día decidí quedarme en MALÁ STRANA, es decir en la zona que está al otro lado del río Moldava (y donde se ubicaba mi hotel), y ascender hacia un fascinante rincón de Praga.

2. MALÁ STRANA: EL CASTILLO

No sé si estoy muy contaminado por las ficciones de Kafka pero cuando me perdía por las calles angostas o sinuosas de Praga sin encontrar el camino exacto que me permitiese subir hacia el Castillo me sentía como el agrimensor K. intentando llegar como sea hacia el huidizo fortín. Hasta que por fin hallé el camino correcto y subí los anchos escalones que suben hasta la calle JIRSKÁ, lo reconocerás porque allí se encuentra el Palacio Lobkowiczky. Un poco más adelante del palacio, entrando hacia una especie de plazoleta localizada a la derecha, está el lugar donde se paga la entrada para visitar la zona del Castillo.



Hay tres opciones de visita. El tour A, el B, o el C. Obviamente el A es más completo y más caro, yo compré el B y me costó 250 coronas. Quedé más que satisfecho. Incluye la visita a cuatro lugares: EL VIEJO PALACIO REAL, LA BASÍLICA DE SAN JORGE, LA CALLE DORADA y LA CATEDRAL DE SAN VITO.  Fácilmente te puedes perder en ellos 4 horas. Así que la opción A (que cuesta 350 coronas) y que añade a estos lugares varios más quizás es algo excesiva.

La calle dorada

Yo empecé la visita en la CALLE DORADA, puesto que lo tienes a unos pocos metros del lugar donde venden los tickets. A la entrada de esta especie de pasaje hay unos hombres que controlan el ingreso.



La calle es un encanto. Las casas que se ubican allí son pequeñísimas y todas están pintadas de colores muy vivos. Algunas han devenido negocios, y en otras no vive nadie pero puedes entrar a verlas, aunque eso sí, desde detrás de un cristal. En esta área vivieron los sirvientes del castillo y también artesanos. A mí me llamó la atención las historias (están escritas en carteles) de algunos de los vecinos que pasaron un tiempo aquí: en el número 14 vivió Matilde Prusová, quien vivió esperando el regreso de su hijo muerto en la Primera Guerra Mundial. Ella se convirtió en quiromántica y su fama trascendió fronteras. La Gestapo la mató, posiblemente por haber predicho el fin del Tercer Reich.  En el número 12 vivió Joseph Kazda que salvó muchas películas y documentales checos de la destrucción nazi. Él alquilaba varios espacios para mantenerlos en secreto, uno de ellos es este lugar.



     Y claro, el vecino más ilustre del lugar es el gran Franz Kafka, quien solía venir a retirarse del mundanal ruido en el número 22, lugar donde vivía su hermana. Él nunca vivió en ese lugar. Ahora hay allí una tienda dedicada obviamente al genio de Praga. Entré a curiosear y me pareció casi un rincón monacal, imagino que era el ideal para un hombre concentrado en escribir y escribir. Allí compré un libro sobre la vida de Kafka en la ciudad, el cual usé para el recorrido que hice siguiendo las huellas del gran Franz y el cual escribiré luego. La mujer que atiende el sitio fue muy gentil (en realidad todas las personas que dan algún tipo de servicio en la ciudad son muy encantadores) y me tomó un par de fotos con la casa.




La catedral de San Vito.

Desde LA CALLE DORADA me fui directamente a la alucinante CATEDRAL DE SAN VITO. Obra maestra de la arquitectura. Se necesitaron 600 años para verla terminada, de allí la mezcla de estilos (aunque se impone más el gótico) en su estructura.


Por las calles de la mágica Praga: La Ciudad Vieja o Stare Mesto

miércoles, 6 de abril de 2016

Tal y como me ha pasado con muchas ciudades, yo ya había ido a Praga sin haber ido nunca. Kafka tuvo la culpa. Y aunque en sus ficciones, hasta donde sé, nunca la nombra, es indudable que fue Praga el sitio que el bueno de Franz tomó como referencia para que se desarrollen sus historias. Así que allí me fui, esta vez físicamente. No podía irme de Europa sin conocerla. Menos aun estando a 4 horas de Múnich, ciudad en la que hasta hace muy poco vivía.

¿Qué decir de Praga que no se haya dicho ya? Sí, es fascinante perderse a la sombra de ese laberinto de torres y agujas; y caminar al borde de ese ancho Moldava; y tomarse una buena cerveza checa. Pero también aturde la gran cantidad de turistas que hay en esta maravillosa ciudad, y eso que cuando fui era temporada baja. Aunque felizmente todos se concentran en el mismo sitio por lo que si caminas un poco estarás muy lejos de todos ellos. También aturden los muchos jóvenes que viajan para emborracharse y pasar el fin de semana haciendo el mayor escándalo posible. Pero en fin, es algo casi inevitable.

Recorrí la ciudad dividiéndola en cuatro zonas para que se hicieran más fácil la visita y la narración. Aquí te daré unas recomendaciones de qué sitios conocer en Praga y espero que sean de tu gusto.

1. LA CIUDAD VIEJA

Mi hotel se ubicaba a cinco minutos a pie del famoso PUENTE CARLOS (ver información abajo). Dejé mi mochila allí en el hospedaje y empecé la caminata. 

A esas horas de la tarde (15:00) el puente no enamora. Para nada. Más parece una avenida de una gran ciudad en donde se compra y vende de todo. Y lo que más abunda (junto con los turistas) son los músicos callejeros y los dibujantes que te hacen trabajos al paso. Todos los caminantes estaban preocupados en ver todo eso, como si no los pudieses ver en otro lugar del mundo. Casi nadie miraba el río, ni los bellos monumentos que adornan el puente, ni el puntiagudo perfil de la ciudad. Para evitar todo esto re recomiendo ir muy temprano por la manaña. Eso hice yo y pude tomar las fotos que están aquí.








En fin. El hecho es que hay que pasar por ese purgatorio para llegar hasta la calle KARLOVA, todo tiendas y tiendas y tiendas. A pocos minutos de haber dejado el puente se puede encontrar, a mano izquierda, la entrada al fascinante KLEMENTINUM. Debes estar atento pues pasa desapercibido, yo lo confundí con la entrada a una casa común y corriente. Así que entras al patio y allí ves con facilidad la puerta donde se compran los tickets.

Aquí me pasó algo bastante curioso: conocí a un chico peruano-checo que se llamaba también Pablo. Estaba entrenándose para ser guía en el lugar así que ya sabes, cuando vayas quizás esté allí este chico y te pueda guíar en español pues normalmente los guiados son en inglés. El KLEMENTINUM es una gran construcción hecha por los jesuitas y que fue en su tiempo universidad y es sede ahora de varias bibliotecas. Allí puedes visitar la BIBLIOTECA BARROCA, una maravilla de maravillas, como bien dijo mi amiga, es como llegar al “nirvana librario”. También se sube a la SALA DEL  MERIDIANO que es una buena exposición de aparatos astronómicos, y, finalmente, a LA TORRE ASTRONÓMICA Y MIRADOR desde donde las vistas de Praga son una belleza. 


Biblioteca Barroca. Foto de https://www.routeperfect.com/
Vistas de Praga desde el Clementinum.

Vistas de Praga desde el Clementinum

Vistas de Praga desde el Clementinum.

Hay que seguir por la calle Karlova hasta la plaza principal. Allí, si te olvidas de todos los negocios, los endemoniados segway que están a punto de atropellarte siempre (¡qué invento tan horrible!) y los  miles de turistas, que como tú y como yo buscan también la experiencia, te podrás concentrar en la belleza excelsa de todos los edificios que hay alrededor. De cajón te llamará la atención el RELOJ ASTRONÓMICO al que puedes subir previo pago para tener una gran vista de la plaza y mirar abajo las bocazas abiertas de todos los turistas que esperan la hora en que el mecanismo se ponga a andar y haga su espectáculo. En el centro de la plaza está el monumento a JAN HUS (recordé en ese momento cuánto me emocionó leer la historia de este personaje en la enciclopedia histórica de Carl Grinberg que tengo en mi casa de Perú), y más atrás la Iglesia de Nuestra Señora del Týn y sus puntas que le dan ese toque de misterio tan indescriptible. O seré yo el que la asocia con esa idea pues en la portada del fantástico (por bueno y por género) libro “La noche de Wulpurga” de Meyrink , que leí alguna vez, se veía la silueta de esta iglesia en sombras, como algo amenazante.






    Por la calle CELETNÁ, que parte de la misma plaza, y es también bulliciosa y comercial, se puede llegar hasta LA TORRE DE LA POLVORA, que en otros tiempos fue una de las entradas de la ciudad. Lo que ves ahora es el resultado de una renovación que se le hizo en la segunda mitad del XIX. Aun así no deja de ser impresionante.


Escrituras nómades: Tres cartas desde los Andes de Patrick Leigh Fermor

martes, 22 de marzo de 2016

La primera vez que leí a Paddy Leigh Fermor me enganché tanto con su obra y figura que quedé hechizado, como les pasa a casi todos sus  admiradores. Me dije que yo quería hacer lo mismo que él hizo: caminar desde Holanda hasta Turquía tal y como lo relata  en sus bellos “El tiempo de los Regalos” y “Entre los bosques y el agua”. De hecho quería ser como él. ¡Ay! Esas ganas que uno siempre tiene por copiar las vidas novelescas de sus héroes.

Lo que nunca imaginé es que yo ya había caminado por los sitios donde mi ídolo había andado. Y que lo había hecho sin irme tan lejos. ¿Cómo fue eso posible? Pues fácil. El gran Paddy había caminado por las mismas calles donde paseé yo los días de mi adolescencia y juventud, y por donde (ahora que me he mudado a Perú) he vuelto a andar. Sí. El gran escritor inglés había deambulado (sin mucho entusiasmo, hay que decirlo) por esta Lima tan extraña e intensa. Y desde allí se fue hacia los Andes para hacer alpinismo por primera vez en su vida. ¡Y ya bastante entrado en años! Cuándo no Paddy siempre joven, aventurero y vital.

El resultado de todos esos recorridos por el Perú los plasmó el gran viajero en unas cartas que envió a su mujer y que conforman este libro. Posiblemente no es una de las grandes obras maestras del inglés pero no está muy lejos de ellas. Además tiene el encanto de lo inmediato pues son escritos que hacía cada vez que acababa una agotadora y excitante jornada; a diferencia de la mayoría de sus libros que son escritos algún tiempo después de hecho el viaje y que le permite construir esas páginas de frases largas, barrocas y bellas.  


La mayor parte de ese viaje que hace con un grupo de amigos lo pasa en los Andes, obviamente. Cusco, Puno, Arequipa, son lugares que despiertan en el gran Paddy pasión y, en algunos otros casos, rechazo; y como siempre nada se escapa la mirada atenta y curiosa del escritor: desde la maravillosa combinación de los muros incas y las columnas españolas, hasta el color “cuervo” de las trenzas de las mujeres andinas, pasando por la abundancia de perros en las calles, la fuerza de los porteadores, la gran amabilidad de las personas de los villorrios más apartados que salen a saludarle ceremoniosamente. Sacsayhuamán es una de las fortificaciones más impresionante que ha visto, y hasta las piedras de Machu Picchu le parecen más grandes que las de Micenas y Tirinto… ¡cuando yo estuve en Micenas pensé lo mismo!

Una lección que uno siempre aprende de las obras y vida de Paddy es esa curiosidad insobornable por vivir, probar y aprender de todo: es un sibarita que en fiestas bulliciosas y descontroladas bebe abundantes pisco sours (los cuales lo vuelven “políglota”), pero que al día siguiente va a claustros hermosos (el del cusqueño monasterio de La Merced, por ejemplo) a ver cuadros con la vida de santos y otros de la escuela cusqueña (alguna de las cuales le parecen “fascinantes”), o que intenta aprender quechua (lleva un libro de gramática, un diccionario y un libro de poemas).

Las páginas de este libro rebosan entusiasmo, algo muy característico en las obras de Leigh Fermor. Sobre esto lo ha escrito bien Jacinto Antón en la introducción: varias frases del escritor son un llamado a vivir intensamente: “el futuro refulge de planes”, la celebración por haber subido una montaña por vez primera es para él un “día memorable”, “…un día mágico…”, “nos sentimos… nutridos por maravillas que podemos ir recordando durante años”

      Por eso, en sus libros nunca falta humor, ese gran amigo del entusiasmo. Hace chanzas con el soroche (“una venganza que los Hijos del sol infligen a los correligionarios de los conquistadores”), y relata sus graciosas experiencias con el administrador del hotel Plaza de Juli, un personaje realmente siniestro.

¿Algunas cosas que me quedan en la memoria? Sus descripciones de las ciudades peruanas por donde Paddy viajó y que le despiertan sentimientos diametralmente distintos:  Cusco: “Todo lo que te pueda contar sobre esta hermosa ciudad será insuficiente”; Arequipa es una ciudad “impactante, espléndida”; Puno le desagrada (“la terrible ciudad”); Juli (donde busca libros de los antiguos jesuitas, cuando conocí este sitio también juro que quise hacer lo mismo) tiene una “exigua desolación”; Lima es “un caos salvaje de rascacielos de mala calidad”, “una capital deprimente” que tiene sobre ella un “paño morturio que cuelga… trescientos días al año”, y un cielo “cargado de agua”… (¡Pero si no llueve!).

Y también hay cosas que el viajero vive en Lima y que me llamaron la atención: por ejemplo, se acerca al museo Larco (aunque no dice el nombre, arguyo que es ese), y a diferencia de otros no se entusiasma por la cerámica antropomórfica pues le parece una “especie de cultura Toby Jug”. Se equivoca al decir que el palacio de Pizarro que se encuentra al otro lado de la plaza de Armas es “un lugar donde cada año se celebran corridas de toros”. Participa en una cena con el señor y la señora “Porros –aristócratas, anglófilos y amables-”. ¿Habrán sido los Porras?


Foto de http://www.theguardian.com/international
Cena en un restaurante ubicado en un palacete español llamado “Las Trece monedas” ¿Será la que está por jirón Ancash cerca del Escuela de Bellas Artes? Come y le gusta la comida china. Y en el bar del Hotel Bolívar (donde tantas veces me he tomado mis amados pisco sours) se sienta a escribir. Visita la casa de Santa Rosa, el palacio de Torre Tagle, la casa de Pilato, San Francisco, el museo de Historia Natural (¡que no lo visita nadie!), el Museo etnológico (imagino que se referirá al de Pueblo Libre), el de Oro. Y en el camino a su hotel su curiosidad muerde el anzuelo en forma de música que venía de un club nocturno subterráneo y oscuro al cual estuvo a punto de bajar pero no lo hace… ¿sería elbar MUNICH? ¡El que era (es) mi bar favorito en Lima!

Algunas cosas que narra el viajero y que parece que no cambiarán, lamentablemente: el salvajismo de los conductores, las muchas muertes en las carreteras, el hecho de reclamar airadamente para que las cosas funcionen.

En resumen, “Tres cartas desde los Andes” es un libro que como todos los de Paddy irradia amor por la vida, el viaje, el exotismo, la aventura. Al terminarlo uno reafirma su amor por tremendo escritor.

La traducción de Payás es estupenda aunque hay errores que pudieron haber sido del narrador pero que con una nota al pie de página bien se podría haber solucionado. Se escribe, por ejemplo, Maraños en vez de Marañón (página 40), Hayna Pichu por Huayna Picchu (página 43), río Llave por Ilave (página 122), Chicuita por Chucuito (página 143), chufas por chifas (página 164).

      Espero que disfruten de este hermoso libro que habla sobre mi querido Perú. ¡Un abrazo viajeros y viajeras!


Pablo

Escrituras nómades: Paisajes peruanos de José de la Riva-Agüero

domingo, 7 de febrero de 2016

     Desde hace ya un buen tiempo leo con pasión mucha narrativa de viajes. He leído a varios autores y todavía me faltan muchos, muchísimos más, por leer. Espero, ruego, imploro, deseo, anhelo, sacar tiempo de donde para hacerlo.


     He reseñado en este blog algunos libros del género, y también he copiado frases que me encantaron y encontré en muchos de ellos. Si los quieres ver tienes que ir a la etiqueta ESCRITURAS NÓMADES o LA POESÍA DEL VIAJE y tendrás la lista completa de los, hasta ahora, libros reseñados.


     Al principio mi acercamiento fue sobre todo a la narrativa de viajes hecho por escritores europeos que contaban, casi siempre, sus reflexiones y aventuras en lugares como Asia o África. Pero desde no hace mucho, me estoy enfocando más en leer y reseñar la obra de escritores (peruanos o extranjeros) que han narrado sus viajes por el Perú (ya he reseñado "El Perú a toda costa" de Ricardo Espinoza): he elaborado ya una lista larga de libros a comprar cuando vuelva a mi país, y otra más con obligadas relecturas de textos (Omar Zarzar, Rafo León, etc.) que tengo en mi casa de Lima.


     En ese sentido, hace poco terminé de leer "Paisajes peruanos" de José de la Riva-Agüero. Libro que me traje de Lima a Europa y en el que me adentré más o menos guiado por las opiniones que da sobre este autor el gran Wili Reaño (cuyo libro "Viajando por el Perú" he reseñado en la entrada anterior).


     Hablar sobre la biografía y el pensamiento del hombre que escribió "Paisajes peruanos" (en realidad esta colección de escritos que aparecieron en el Mercurio Peruanos entre 1918 a 1929, se tituló "Paisajes andinos") daría para mucho. Con la ventaja que da la distancia en el tiempo se le podrían reprochar varias cosas (todavía se le injuria, no tanto por su aporte intelectual –debe haber sido uno de los intelectos más poderosos de nuestro país- como por su condición de aristócrata; ya se sabe que la crítica fundamentalista y ciega se queda en lo superficial y casi nunca se atreve a profundizar), pero hay cosas que son loables en su pensamiento y que bien se reflejan en este hermoso libro: aquella idea entonces novedosa y (digamos) revolucionaria de considerar al Perú como un país que amalgama dos tradiciones espirituales, que se complementan, que en su violenta unión han formado esto que somos: nuestra ascendencia inca y española. La una no puede vivir sin la otra. Si negamos una, nos estamos negando a nosotros mismos, y eso nos deshumaniza, nos vuelven remedos de humanos; seres incompletos; sonámbulos.


     Y digo revolucionaria (puede que esa idea hoy todavía lo siga siendo) para la época del autor. Momento en que el indio era visto como una rémora para el desarrollo del país. Pues es justamente allí, en ese momento, que De La Riva-Agüero, un aristócrata descendiente directo de conquistadores españoles, vindica el papel de lo inca y reclama su inserción en el espíritu peruano.
 

"El Perú es obra de los Incas, tanto o más que de los Conquistadores; y así lo inculcan, de manera tácita pero irrefragable, sus tradiciones y sus gentes, sus ruinas y su territorio."

Escrituras nómades: Viajando por el Perú de Guillermo Reaño

viernes, 15 de enero de 2016

Conocí a Wili Reaño antes de conocerlo. Así es, cuando era un estudiante de turismo (hace varios años) compraba, cual fan enamorado, todos los números (incluso los pasados) de la revista “VIAJEROS” que él editaba y, ¡gracias a todos los dioses!, todavía edita (y, lo ruego, seguirá editando). Una vez le escribí un correo electrónico y me invitó a colaborar en ella: para mí –creo que ya lo dije antes- era como si Messi me invitara a “reforzar” su equipo.

Hasta que la última vez que estuve en Perú por fin pudimos dejar atrás la virtualidad y nos conocimos personalmente. Un placer charlar con alguien que tiene las ideas claras y que es un verdadero amante del Perú. En esa cita el gran Wili me regaló un libro que había escrito varios años antes y que se llama “Viajando por el Perú”, el cual me traje a Alemania y he leído con verdadero placer sentado en los bancos de los parques de Múnich. Entonces me di cuenta que este hombre es algo así como una especie de Proteo en el sentido en que se definió al francés André Gide: alguien cuya producción (vital o intelectual) no se acaba nunca: ya es divulgador de lo mejor de nuestra historia, ya es viajero y periodista, ya es activista que protege la riqueza natural del Perú, ya está editando una revista, haciendo reportajes, animando un programa de entrevistas, asesorando, enseñando… ¡demasiadas vidas para un solo hombre!

“Viajando por el Perú” es la unión de varios textos publicados por el autor entre 1997 y 1999 en el desaparecido diario “El Sol”. Como libro se publicó el 2002, y seguro fue en ese momento (cuando se publicó como libro, y mucho antes, como artículos sueltos) una bella rareza en nuestra producción cultural. ¿Por qué? Pues porque no abundaban (hasta donde yo recuerdo, aunque no tengo la memoria tan fresca pues hace 7 años que no vivo en el Perú) ni abundan este tipo de iniciativas: aquellas en donde se quiera divulgar la Historia peruana de una manera clara, sencilla y amena. Aunque esto no quiere decir que la sencillez sea simplicidad: la pluma del estilista que es Wili nos regala momentos de delicada belleza. No por algo el autor es un admirador de Porras y su máxima: la historia es un género literario.






Pero este libro no es sólo eso. También palpitan en sus líneas un deseo de conciliación al apostar por esa mistura de razas y culturas que los peruanos somos –y que a tantos les cuesta entender-; de alimentar nuestra estima al darnos a conocer (o recordarnos) que hemos tenido en nuestra cultura verdaderas lumbreras que han apostado por la inteligencia y la razón en un país que a veces parece siempre deseoso de lanzarse al precipicio; y es que “no tratamos apropiadamente a nuestros intelectuales” (Reaño scripsit) y creemos que nuestro bienestar se mide por la cantidad de televisores plasma que se venden cada mes. En resumen, lo que quiere decir nuestro autor es que el Perú es el resultado del esfuerzo y la dedicación de gente excepcional, apasionada, intensa, pero también racional, pensante.

Personalmente he disfrutado hasta la emoción al conocer las vidas de gente como Titu Cusi Yupanqui, ¡qué personaje!; o al leer la épica alucinante que significó la Conquista; o la vida de los viajeros (peruanos o extranjeros) fascinados con nuestro país, el cual recorrieron con verdadero ímpetu: Tschudi, Gerstäcker, Tucker, Cáceres, Mesones Muro (quien en 1918 encabeza la primera expedición comercial del Pacífico al Atlántico), Aurelio Miro Quesada, Riva Agüero (de hecho este libro me ha hecho correr a empezar a leer ahora mismo el bello “Paisajes peruanos), Haya de la Torre, Belaúnde, etc. ¡Oh, hubo un tiempo en que los políticos viajaban a conocer el país que querían gobernar y regresaban a Lima llenos de amor por lo visto, no como ahora que los que pretenden hacerlo, apenas si se mueven de la capital, confiesan que no se han leído ningún libro o menosprecian a la gente de provincias por “panteístas”!




     Y es que el Perú lo hicieron los viajeros. Desde los grandes balseros prehispánicos que surcaban el Pacífico, hasta los científicos, expertos y políticos que viajaban por toda nuestra alucinante geografía nacional para ver las nuevas vetas de riqueza que podrían servir para que llegase por fin nuestro ansiado desarrollo, pasando por nuestros caminantes, militares e intelectuales: todos nos trajeron noticias de un gran Perú que estaba más allá de la muralla de arena que circunda Lima.

Pero como buen intelectual, Reaño no se solaza en la condescendencia: toma posesión, opina y se va a contracorriente de la opinión general. Trae nuestra atención a esa última etapa de la vida de Pizarro, por ejemplo, en que el conquistador deja la guerra para empezar a construir un nuevo país, aquel en el que naceríamos todos nosotros: sí queridos amigos, Pizarro es uno de nuestros padres aunque a muchos no les guste. El autor también nos trae una imagen desconocida (o que no se quiere conocer) de Piérola, a quien tantos tildan de “traidor”, con el que uno termina reconciliado; también nos ofrece una apreciación amplia de la obra de los “novecentistas”, otros vilipendiados por la “historia oficial”. Pero no es una defensa ciega la que hace, al contrario, enumera los muchos errores de todos estos personajes, pero también resalta (rescata, más bien) aquellas partes de sus obras y vidas que han quedado (quizás para conveniencia de muchos) en las sombras. Y es allí justamente la parte en que uno más cercano se siente a Wili: es un intelectual que piensa por sí mismo, que no deja que su conciencia reciba pasivamente las verdades que otros han impuesto, no, él hace lo que debería hacer como mínimo cualquier persona pensante (sea cual sea su postura política): estar atento, recabar información, y con ello formar su propia idea, y a partir de ello apostar por el “diálogo como respuesta civilizada a la discrepancia”. Es decir revalorizar el “ideario liberal” (no el del mercado) que apuesta por construir los puentes, no por destruirlos.  

Olvidé preguntar a Wili si el libro se puede conseguir en alguna librería. Pero si están interesados en comprarlo es muy fácil contactar con el autor a través de su página de Facebook. Yo lo recomiendo con pasión: no sólo porque el autor sea mi editor, sino también porque es uno de los libros bien escritos y que permite reconciliarte con lo tuyo, sentir emoción por nuestro país, recordarnos que somos herederos de una gran tradición y que deberíamos estar a la altura de la misma… por más que casi todos prefieran olvidarlo…


Pablo

Hasta pronto

martes, 28 de julio de 2015

Estimados improbables lectores:

Esta pequeña entrada es para informarles que debo abandonar este blog. Posiblemente será así hasta Noviembre o Diciembre de este año, o algo más. Exigencias académicas “exclusivas y excluyentes” y algunos grandes cambios en mi vida (una mudanza a un nuevo país, por ejemplo) me dejan apenas poco tiempo (y ánimo) para recabar información o escribir sobre los lugares en los que vivo, conozco o viajo.

Me siento extraño, porque aunque ha habido épocas en que dejé de escribir por mucho tiempo, en realidad nunca “dejé de escribir” para el blog: tenía apuntes, juntaba ideas, relataba mentalmente lo que veía, en fin, mil cosas que sabía que en un momento u otro terminaría por garabatear aquí. Pero esta vez ya no tendré mucho tiempo ni fuerza para volver a hacer esas cosas, por lo que creo que es bueno que deje de lado por un tiempo a “la brújula del azar” y poder terminar bien aquello en lo que estoy metido, y aprender de la mejor manera todas las nuevas cosas que demandan ahora toda mi atención.

Eso sí, en mi cuenta de twitter trataré de poner algunas fotos de los sitios que visito en Alemania, retuitear algunas cosas que me parecen interesantes, y comentar (es más fácil cuando se te exige sólo 140 caracteres, ya se sabe) otras tantas. Tampoco quiere decir que no pueda escribir un artículo periodístico por lo que si algún bondadoso editor está a la caza de algún escrito viajero pues por aquí estoy. Además de todo ello, trataré de responder las preguntas que se me hagan sobre los lugares que he visitado y sobre los que he escrito aquí. Así que escriban que estaré atento.

Me voy recordando lo que escribió el maestro Cerati: “poder decir adiós es crecer”.

Pues eso. Nos vemos en la carretera.



Pablo

Tras los pasos de Los Beatles en Londres

jueves, 2 de julio de 2015

Cuando viví en Londres me fui a ver los estudios Abbey Road a modo de estar en un lugar en el que los cuatro fantásticos estuvieron. Fue una gran experiencia. Sobre todo cruzar el tan famoso paso de cebra. Pero, claro, la visita se limitó a un solo sitio. Me prometí que la próxima vez que volviera a Londres tendría que estar en más lugares “beatle”. Cumplí mi promesa hace unas semanas cuando estuve por allí y me “inventé” una ruta que me permitiera ir tras los pasos de los genios de Liverpool. Aquí va lo que encontré.

1. National Portrait Gallery

No es exactamente un lugar “beatle”. O quizás sí. No creo que los músicos no hayan pasado alguna vez por Trafalgar Square o por delante de la puerta de esta galería. Y si no lo hicieron, su presencia se deja sentir pues dentro podrás ver, entre otras muchas fotografías, las de los Beatles. Por lo que recomiendo ir para ver en directo las imágenes de estos muchachos.

Foto de http://www.npg.org.uk/

2. Savile Row

Desde la galería hay unos 10 minutos caminando hasta Piccadilly Circus. Desde allí hay que tomar Regent´s Street puesto que detrás de esta calle se ubica Savile Row.



Esta larga y tranquila calle, que hoy está lleno de elegantes sastrerías, es un lugar mítico en la cartografía emocional “beatle” ya que en el edificio número 3 (que en su momento era la sede de Apple), el 30 de enero de 1969, los Beatles la “armaron” cuando se les ocurrió subir a la azotea y regalar a los mortales una especie de concierto, que, hasta donde sé, fue el último… si consideramos a ello un concierto, stricto sensu.  



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