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Caminando hacia un pueblo fantasma: Huaquis

miércoles, 2 de mayo de 2012


A las 06 de la mañana dejamos el hotel de HUANCAYA (ver entrada anterior) y nos fuimos hacia la plaza del pueblo a ver si conseguíamos una combi que nos llevase hasta nuestro próximo destino: MIRAFLORES. No había tal servicio. Nuestra alternativa entonces era bajar en un coche con dirección hacia TINCO DE ALIS, un pueblito que en verdad es un cruce de carreteras, y bajarse unos kilómetros antes de llegar a ese lugar, justamente en el desvío o “cruce” que sube hacia el pueblo de Miraflores; pero a esas horas de la mañana tampoco había transporte alguno que fuera hacia Tinco de Alis.




Menos mal volvió a aparecer el venezolano que el día anterior, cuando bajábamos a pie desde Vilca hasta Huancaya, nos permitió subir en la tolva de su camioneta. Nos dio otra “jalada”, de nuevo en la tolva, donde fuimos comiendo polvo y rebotando junto a ollas y cajones, pero contentos. La carretera sin asfaltar (por la que ya habíamos pasado al venir subiendo desde Lunhuaná hasta Huancaya) pasa por el pueblo de VITIS, al que llaman el PUEBLO DE LOS VIENTOS, que es muy ordenado y limpio y tiene una plaza más encantadora que las de Vilca o Huancaya pero no sus cascadas ni puentes. Pero lo que sí tienen son unos andenes, en las afueras del pueblo, que son inmensos y que bajan por las laderas de los cerros hasta casi el borde del río; la vista es fascinante.  En las afueras de Vitis están construyendo un hospedaje que aparentemente les está llevando más tiempo de lo esperado, hace 7 años, cuando estuve por este sitio, ya habían empezado a construirlo y no se ha avanzado gran cosa.


Por fin, luego de 30 minutos (eran ya las 7 de la mañana) el venezolano y su esposa nos dejaron en el mentado “cruce” hacia Miraflores y ahora era cosa de subir caminando los 6 kilómetros hasta ese pueblo o esperar un coche que subiera.  Decidimos hacer lo primero aunque luego nos enteraríamos que hay un carro que viene desde HUANCAYO (no confundir con Huancaya) todos los días y que debe pasar por el “cruce” entre 8 y 30 a 8 y 45 de la mañana, por lo que es bueno esperar allí para que te lleve, nosotros no lo sabíamos  por eso caminamos los 6 kilómetros de subida, pero valieron la pena ya que andar por esos lares es una experiencia sencillamente inolvidable.

Subiendo hacia el pueblo de MIRAFLORES. YAUYOS - PERU.
Al principio parece un camino que no llevase a un lugar concreto sino más bien a un sitio mágico al que guarecen misteriosas neblinas que la ubican al margen del mundo.  En las laderas de los cerros colgaban  larguísimos líquenes como si fueran algas pegadas a la proa de un trasatlántico. En un momento el sendero se abre paso por un estrecho cañón y se mete en una especie de fría caverna que parece haber sido cincelado en la superficie de un cerro; al pasar por allí uno se siente pequeñísimo. Luego aparecen unos andenes y muchos campos de cultivo que acrecientan la belleza del entorno. Casi 2 kilómetros antes de llegar a Miraflores hay un desvío para personas y animales que es bueno tomar porque la carretera se abre demasiado en una larga curva, así se ahorra tiempo.

Camino hacia el pueblo de MIRAFLORES. YAUYOS - PERU.
Camino hacia el pueblo de MIRAFLORES. YAUYOS - PERU.
Camino hacia el pueblo de MIRAFLORES. YAUYOS - PERU.

Vilca:: de nuevo en los paraísos del agua

sábado, 28 de abril de 2012


Desde HUANCAYA (ver entrada anterior) se puede visitar otro pueblo de belleza similar, se llama VILCA y está a 17 kilómetros, río Cañete arriba. Lamentablemente no hay muchos vehículos que comuniquen con frecuencia ambos lugares y menos aún cuando en Huancaya hay fiestas (un taxi puede cobrar entre 60 a 70 soles, ida y vuelta y con espera). Ir y volver a pie significaba caminar 34 kilómetros, los cuales se nos hacían demasiado para un día por lo que decidimos solo caminar los 7 primeros kilómetros del camino para darnos una idea de la belleza del lugar y sus lagunas que ya se han hecho bastante famosas aunque sean todavía poco visitadas.

 
Iniciamos la caminata y apenas dejamos Huancaya pudimos ver las primeras manifestaciones de belleza acuática que el río Cañete, en su lento y sosegado discurrir por las sierras limeñas, nos regala: pozos de agua esmeralda y turquesa; verdes islitas cercadas por los muchos brazos en que el río se desmenuza;  caídas de agua cuyo espumoso y albo color se puede apreciar a muchos kilómetros.

De Huancaya a Vilca. Perú.
De Huancaya a Vilca. Perú.
Dos horas después de haber empezado a andar vimos que el río dejaba de ser esa desordenada conjunción de filamentos espumosos para convertirse en una sola y ancha planicie de agua; tan amplia que la cabalgata de nubes que pasaba sobre nosotros se reflejaba entera en su piel esmeralda. Mientras tanto, saliendo raudos de sus escondites horadados en los cerros, un grupo de loritos cruzaban velozmente el en cielo parloteando su música chillona. El paisaje se sacudía constantemente, todo lo lejano parecía vibrar azuzado por un fuego invisible que emanaba, vehemente, el sol de mediodía. Silencio, se viaja a pie, se disfruta de cada pisada. Nos paramos a contemplar el paisaje mirando al mundo que de pronto se había convertido en absoluta belleza. Ya lo dijo bien el alemán Peter Handke en su libro “Ayer, de camino”: Cuando te mueves en los lugares adecuados, en el tiempo adecuado, en la luz adecuada, el mundo, todavía, se convierte en cuento.

Hacia los sarcófagos de Karajía y los pueblos de Colmata, Shipata Y Molino

lunes, 14 de noviembre de 2011



Visitar los sarcófagos de Karajía es una cosa que hay que hacer sí o sí cuando se está en Amazonas. El viajero solo verá 6 sarcófagos que son los que penden en la ladera de un gran cerro pero no debe darle tanta importancia a la poca cantidad de restos que allí se ve, por lo demás fascinantes, sino también que al verlos allí colgando seguro que entenderá mejor la proeza que significó en su día llevar hasta esa altura esas tumbas con formas humanas y es más que seguro que quedará encantado con la riqueza paisajística de los lugares por donde se debe pasar para llegar a ver a estos monumentos.

Sarcófagos de Karajía - Amazonas - Perú

Salimos desde Chachapoyas, nuestra “base”, hacia el muy tranquilo pueblo de Luya en cuya plaza nos apeamos. Desde allí nos fuimos por la calle San Martín hasta llegar a la cuadra 5, más o menos, que es el paradero de los coches hacia el pueblo de Cruzpata. Si no se ve ningún carro hay que esperar puesto que siempre llega alguno que lleva a Cruzpata. El viaje hasta este último poblado se da por una vía en no muy buen estado pero libre de abismos u otro tipo de peligros. Es bueno decirle al conductor que se piensa ir a los sarcófagos para que te deje bajar cerca al camino que desciende hacia allí. (Ver precios y horarios en DATOS UTILES)

Plaza de Luya - Amazonas - Perú
El camino estaba muy enlodado y en malas condiciones por lo que en tiempo de lluvias debe estar peor así que es mejor ir con botas. Nos tardamos casi 30 minutos hasta la entrada a la zona en la que se encuentran los sarcófagos: una ladera muy pronunciada que baja hacia una estrecha quebrada formando un barranco no muy alto. Metidas en la pared de roca desnuda se encuentran, dentro de una pequeña oquedad, como si fueran dioses petrificados que miran atentos todo lo que a sus pies se mueve, los sarcófagos de Karajía. Cosa que nos pareció curiosa fue el hecho de ver que gran parte de la ladera en la que se encontraban estos restos estaba totalmente chamuscada como si alguien hubiera recientemente iniciado un incendio para quemar la hierba que pudiera cubrir los sarcófagos cosa que no pudimos comprobar preguntando a alguien porque éramos los únicos allí y porque cuando buscamos al encargado para pagar la entrada (que normalmente es de 3 soles) no encontramos a nadie.

Hacia los sarcófagos de Karajía - Amazonas - Perú
Los sarcófagos de Karajía - Amazonas - Perú

Por el fabuloso Camino Inca de Chachapoyas a Levanto

jueves, 10 de noviembre de 2011


A Levanto llegamos casi sin saber lo que encontraríamos. Fue mejor hacerlo así, la sorpresa fue mayúscula y lo que vimos sencillamente nos encantó: un excelente sendero que había sido usado por los incas, bellos paisajes y la tranquilidad sin par de un pueblo amable y silencioso. Para llegar a este lugar no hay nada como ir por el poco visitado tramo del “camino inca” que lo une a Chachapoyas (ver entrada anterior). A nosotros nos llevó 3 horas y 15 minutos llegar hasta Levanto y solo nos cruzamos con pobladores que regresaban de sus campos o conducían a sus animales lo que nos demuestra que este camino ancestral aún sigue teniendo mucha relevancia en la vida de la gente.

Para ello hay que tomar un taxi desde Chachapoyas (6 soles) y pedir al conductor que te lleve hasta el “camino inca a Levanto”, el cual está al sur de la ciudad. Los taxistas usualmente saben bien dónde está el lugar preciso en el que empieza el sendero que en un principio sube por una pendiente por lo que los primeros pasos ameritan algo de esfuerzo. De entrada se nota en los peldaños y la superficie el estilo inca, aunque esta primera parte no está en tan buen estado. Poco a poco el camino se allana y en adelante no tiene desniveles y hace el caminar del viajero una experiencia digna de un príncipe o un guerrero inca.

Camino Inca de Chachapoyas a Levanto - Amazonas - Perú
Camino Inca de Chachapoyas a Levanto - Amazonas - Perú
Camino Inca de Chachapoyas a Levanto - Amazonas - Perú
Cuando se llega a su máximo nivel se logra ver los cerros vestidos de verdor que encierran a los pueblos de esta zona y a lo lejos se notan los techos de las casas de Chachapoyas. Ya en esta parte el camino muestra su mejor estado y de no ser porque sabemos que han pasado cientos de años uno creería que ha sido recién ayer en que las huestes incas cruzaron esta zona que los traía desde el mismo Cuzco y que luego de cruzar Huanucopampa, en el centro del Perú, y de pasar por Cochabamba, sitio administrativo de los incas en lo que hoy es el departamento de Amazonas, continuaba por Leimebamba, Suta, Levanto y no se detenía sino hasta llegar a la entrada a la misma selva.

Vista de Chachapoyas desde el camino camino inca que lleva hasta Levanto - Amazonas - Perú


Las salineras de Maras

martes, 5 de julio de 2011

  
Desde el café Ayllu la plaza de Cuzco se veía mucho más animada de lo acostumbrado. El “Taytacha Temblores” había salido a recorrer la ciudad y el ambiente estaba perfumado de incienso. Detrás de las casonas, al otro lado de la plaza, al otro lado del mundo, un incendio se extendía en todo el horizonte; la luz ensangrentada del sol iluminaba apasionadamente esas calles repletas de historia. Corté en dos el “lengua de suegra” que reposaba en mi platillo mientras que  en todo el ambiente del café se oía una delicada pieza de música clásica. *


Tenía empozada en el alma ciertos resabios de nostalgia o melancolía, cosa bastante rara de sentir en una ciudad donde todos los días parece ser sábado; así que a modo de despercudirme un poco de esos sentimientos decidí aprovechar el día libre que tenía mientras estaba con un grupo de turistas en la capital imperial y me fui a buscar dos de sus maravillas menos conocidas...
 



SALIR AL SOL

Luz delicada del sol sobre el corazón del mundo, ideal para espantar tinieblas. Decido irme a conocer LAS SALINERAS DE MARAS y LOS RESTOS ARQUEOLOGICOS DE MORAY. Para conocer estos lugares no se necesita más de medio día. El hecho de leer por allí que eran sitios en los cuales uno no se cruzaba con grupos de turistas me hacía pensar que podía ser ideal para pensar, relajarme un poco.

Para llegar a Maras y Moray, hay que tomar el bus que va desde Cusco a Urubamba (ojo: por la vía que va a Chincheros). El paradero se encuentra en la primera cuadra de la avenida GRAU, cerca al puente, a tres cuadras del CORICANCHA. Los coasters o minibuses salen cada 5 a 10 minutos y el pasaje cuesta 3.50 soles para un viaje de 1 hora y 30 minutos. Es mejor ir temprano porque los buses van atestados de gente y también tratar de sentarse en la ventanilla para que disfrutes durante el viaje de la belleza del valle de Urubamba.

LA SALINERAS DE MARAS

Al pasar Chincheros se debe avisar al cobrador del bus “BAJA EN EL RAMAL DE MARAS” (km. 50 de la carretera CUSCO – URUMBAMBA). En ese lugar siempre se encuentran unos colectivos (coches que hacen una especie de servicio de taxi compartido con más viajeros) que por 1 SOL te llevan hasta el pueblo de Maras (a 4 km o 10 minutos).

Pequeño villorrio que vivió prósperamente durante la Colonia debido a la explotación de sal: esto se puede notar en las lápidas de piedra que adornan las fachadas de varias de las casas en la calle Jerusalén. También se pueden ver blasones y otras figuras de la parafernalia a la que era adicta la nobleza de entonces. En el colectivo tuve la oportunidad de conocer a Ariel y a Paola, una pareja de argentinos muy gentiles con quienes pasé un gran día.


Hay 2 opciones para llegar a LAS SALINERAS. Una es contratar en el mismo RAMAL DE MARAS uno de esos “colectivos” que por 15 a 20 soles te llevan hasta allí y te esperan hasta que termines la visita para luego llevarte hasta el pueblo de MARAS. Otra es hacer lo que hicimos nosotros que es buscar el camino de herradura que sale directamente desde MARAS hasta LAS SALINERAS adonde puedes arribar después de 5 kilómetros o 50 minutos de caminata en medio de un paisaje de fantasía.

Es necesario pedir que te indiquen la dirección constantemente puesto que no hay señalización alguna. La senda va asida a las faldas de unos cerros en cuyas superficies se nota el color blanquecino de la sal lo cual es un buen aviso de que estás yendo por el sitio indicado.  

De pronto LAS SALINERAS aparecen sorpresivamente y el estupor es inevitable. Escalones blanquísimos contrastando contra las verdes faldas de los cerros que la rodean y al fondo el mítico río Urubamba que serpentea en uno de los más hermosos valles del Perú. Llegamos hasta la entrada y pagamos el ticket (5 soles). El lugar cuenta con todos los servicios y “afortunadamente” no había más que una decena de turistas por lo que se puede pasear sin apuro.



Un hermoso pueblo llamado Quinua

domingo, 8 de mayo de 2011

Esta es una entrada que relata la continuación de nuestro viaje por las cercanías de Ayacucho. Montados en la caja de un camión habíamos dejado las ruinas de la impresionante ciudadela Wari y ahora llegaríamos a un  hermoso lugar donde el arte palpita en cada esquina....
 
Al llegar al bellísimo pueblo de Quinua (3396 msnm) lo primero que llamará la atención del viajero son los muchos ceramios con forma de iglesia o animal que los habitantes de este tranquilo lugar ponen en sus techos. Tienen una función protectora: mantienen a raya a los malos espíritus y las malas vibras.  Aquí la gran mayoría de personas son artistas, es un pueblo donde el arte se respira.




Tiene una plaza pequeña y casi siempre vacía donde lo único que altera el silencio es la música que hacen los chorros de agua  de la pequeña fuente. Los árboles de “Qinwa” (de donde se origina el nombre) dan una sombra que se agradece cuando el sol serrano está en todo su esplendor.

La iglesia es grande y vistosa. Tiene una escalera lateral que lleva hasta el campanario de la única torre y a donde se puede subir libremente para ver las inmensas campanas que despiertan todos los días al pueblo y tener una gran vista de los fértiles bosques que la rodean. Frente a la plaza hay un museo de sitio donde está la piedra sobre la que se firmó el Acta de Capitulación después de la victoria en las pampas de la Quinua y que sellara la libertad americana del dominio hispánico. Por la noche, el pueblo es alumbrado por sus farolitos con una luz suave que le dan un toque de íntima y sosegada belleza.

Y como aquí lo que se respira es arte visitamos los talleres Rumi Wasi y Sanchez pero hay muchísimos más. Uno podría gastarse todo un día visitándolos y, claro, también una fortuna comprando lo que allí se vende. 




Caminando por la ruta de Los Huaros: Aynas Y Huishco

lunes, 31 de enero de 2011

Acababa de dejar en el aeropuerto a un inglés loco que se había cruzado medio mundo para venir a ver a una chica de mi barrio a quien había conocido por el Chat. El "lord" se había hospedado en mi casa. Los dejé en el difícil trance del adiós porque ya no iba a tener palabras para traducir la pena. Era un fin de semana largo y me dije que si otros vivían sus sueños de ese modo por qué no vivir los míos haciendo lo que más me gusta: viajar.

VAMOS

Busqué un poco de información y decidí irme tras las huellas de los HUAROS. Vine a casa, hice una mochila, descansé y al día siguiente, domingo, me fui al paradero de transportes CHAPERITO a comprar un pasaje para irme a la provincia de CANTA (sierra de Lima). Primer error: la zona es muy concurrida por los limeños quienes se van aprovechando los fines de semana largo para dejar por unos días el pesado equipaje de paranoia. Entonces, tratar de encontrar un boleto fue harto complicado ya que había mucha gente tratando de hacer lo mismo. Qué tonto, pensé, habiendo otros sitios menos conocidos se me ocurre ir al clásico punto de fuga limeño. Bueno, hagamos de tripas corazón y también hagamos la cola entre la muchedumbre para lograr un boleto. Lo logré, pagué 15 soles por el último asiento, en la parte trasera del bus de las 9 de la mañana que arrancó a las 9 y 20. Ya sabemos que si Dios es peruano la puntualidad no, así que adelante viajero y a no hacer mala sangre que el consuelo de dejar tu cárcel de cemento es impagable.

Nos abrimos camino por la avenida Tupac Amaru, el bus se aleja del "Cono Norte" de Lima y se va metiendo en las sierras, escoltado por un famélico río Chillón. En unas horas el paisaje cambia dramáticamente y de los valles bajos, de cerros pelados donde apenas pastan enflaquecidas cabras, pasamos a una sierra de rocas inmensas, que amenazantes se balancean sobre el vacío, y fértiles campos plagados de sembríos multicolores. Qué increíble, hace apenas un par de horas estaba en la árida costa y ahora el verdor lo inunda todo, cuándo me dejará de sorprender esta geografía peruana, me pregunto.

CANTA: EL CAMINO DE LOS PERROS, LAS LLUVIAS, EL POLVO Y MÁS!!

Mi intención era conocer las ruinas de AYNAS y HUISHCO, antiguos poblados que coexistieron durante el Intermedio Temprano (siglos XI y XII d.C.) y funcionaron como dos entidades complementarias en el manejo territorial de la margen derecha del Chillón. Ambos son conocidos como los ÑAUPALLACTAS (pueblos viejos) de Huaros. Llegamos a Canta después de 3 horas de viaje. Pero tenía que seguir viaje hasta Huaros, a casi 20 kilómetros hacia el este. Mala noticia: el único bus que une ambos pueblos había salido a las 10 de la mañana y no había otro transporte hasta el día siguiente o era posible que a las 4 saliera alguna combi pero… ¡No! Qué hago yo en Canta este fin de semana largo si el pueblo más parece una sucursal de la capital: plagada de limeños, de 4 x 4, de afectados acentos citadinos. Y esperar hasta las 4 de la tarde por un transporte incierto no me parecía tan interesante que digamos. Hablo con un taxista y le digo si me puede llevar a Huaros, estoy dispuesto a pagar 25 soles. Que no joven, que todos están haciendo taxi hacia Obrajillo (hermoso pueblo cercano a Canta que ese día debería estar repleto de carpitas e hijos de la gran urbe), que no es negocio irse hasta Huaros por un pasajero.

Agotadas las esperanzas de conseguir transporte pienso que tal vez podría encontrarle el vacilón a Canta o a Obrajillo en plena invasión limeña. El bocinazo de un 4 x 4 suena estridente y luego otro y otro y es suficiente para decidir no quedarme aquí. Veo el mapa, 20 kilómetros entre Canta y Huaros. Me miro las Merrel y digo: "A ver si me demuestran que valen lo que me han costado". Me voy caminando, cualquier cosa es mejor que quedarse. Voy al mercado y compro agua, pan y fruta para el camino. Una señora me recomienda cortar camino entre los campos y no seguir la carretera pues así me demoraría mucho. Listo. El camino es duro y empinado pero por fin después de media hora logro llegar a la carretera hacia Huaros e inicio la caminata con paciencia andina, sin importarme la distancia ni el tiempo, sólo la experiencia.

Caminé mirando en éxtasis el paisaje serrano. Los cerros inmensos, los campos agrestes, la estrechez del valle en el que me habría paso. Segundo error: En estas estaba cuando de pronto a los lejos diviso que unos perros salen raudos desde una choza y vienen a mi encuentro, no en ánimos de darme la bienvenida, claro está. Ladrando furiosamente y con las fauces amenazadoras se fueron acercando hacía mí. Cogí cuanta piedra pude y me quedé inmóvil esperando el ataque, de pronto del lado derecho otro perro llega alertado por los ladridos y me ataca por el otro flanco. Oh, ¿y ahora quién podrá defenderme? Los dos de la izquierda se deciden y se lanzan contra mí y entonces les tiro tantas piedras que creo que debo patentar un nuevo juego: "el tiro al perro" en vez del "tiro al blanco", como era de esperarse ninguna de mis piedras les cayeron pero al menos los mantuvo a raya por unos segundos. De pronto, cuando los brazos se me cansaron y las piedras se acabaron los perros me fueron encerrando más y más y yo me olvidé de mi ateísmo militante y empecé a pedirle a cuanto santo podía recordar que se hagan una por este pecador convicto y confeso. Ya estaban cerca, me miré las Merrel y dije "A ver si demuestran que valen lo que me han costado", planificando un zapatazo en cada mandíbula imaginé que podría defenderme. Listo, allí vamos viajero. Cuando de pronto aparece sacada de un milagro una viejita de trenzas largas que les grita a los canes en un idioma que nunca entendí pero que bastó para calmar a los animales ¡Gracias seño!

Sería ocioso contar cuántas veces más fui atacado por perros sólo baste con decir que si deseas evitar estos contratiempos mejor sé puntual y estate a las 10 de la mañana en Canta para llegar a Huaros en bus evitando mordedura alguna. Lo otro fue que todos los carros que pasaban por la pista venían desde Huaros o La Viuda hacia Canta y ninguno subía, es decir ni siquiera tenía esperanzas de que alguno me llevase en una "jaladita", por ende tragué más polvo que nunca y mis cabellos encanecieron con una rapidez escalofriante. Vamos, un viaje tiene estas cosas, nada es fácil en el camino. Al final, como dijo Bouvier, no eres tú quien hace el viaje, es el viaje el que te hace. O te deshace.



Luego de una hora de camino veo al otro lado del valle el pueblo de HUACOS (no confundir con HUAROS) sobre las laderas de un cerro con sus andenes como un multicolor tablero de ajedrez descendiendo furiosamente hacia el Chillón, cuya espuma blanquecina lamía delicadamente la tierra. Sobre toda esta vista, las moles inmensas en un ascenso desquiciado hacia el cielo, como protegiendo o amenazando (como se quiera ver) al pueblo. Me detengo, miro este paisaje, me lo guardo en el alma y continúo.



Desde Canta (2,800 mts) hasta Huaros (3,587 mts.) hay un ascenso de 700 metros que se notan en el cambio de la geografía. Las plantas se empequeñecen, los cerros dejan sus ropajes de verdor para mostrar una pétrea y hermosa desnudez. Caen unas pequeñas gotas sobre el mundo y ruego que no llueva. A lo lejos diviso el criadero de truchas del pueblo de Huacos. De pronto pasa un Station Wagon y le levanto la mano, se detiene. "Suba, le damos una jaladita": Un joven chofer y dos campesinos que se vienen de Canta y se van a limpiar el canal de agua que se ha obstruido. Son muy cordiales y me preguntan por todo, me dicen que en Huaros el pueblo está de fiesta por el Señor de los Milagros y recuerdo que mis padres alguna vez fueron en fiesta al mismo pueblo y cuando llegaron no había nadie en todo el pueblo más que un perro con el que se cruzaron en todas las calles, la gente se había ido a la plaza de toros a celebrar como es debido. Ojala que esta vez haya alguien porque sé que lo primero que voy a buscar es un hospedaje y no tengo carpa, ruego que la noche no se venga sobre el mundo y me pille en la calle.

Por fin luego de unos ocho minutos llegan al recodo donde deben bajar para ir a limpiar el canal y bajamos juntos, me desean suerte y me dan un abrazo. No he avanzado demasiado pero al menos esos pocos minutos han servido para darles un descanso a las piernas. Sigo hasta que diviso la piscigranja del pueblo de Huaros con muchos carros estacionados a su alrededor. Me acerco y medio mundo está peleándose por comprar truchas, los cogen como pueden mientras que los peces sacados del agua saltan como poseídos. Fotos, clic. A seguir.




 RESTOS ARQUEOLOGICOS DE AYNAS

Por fin, en una curva del camino aparece un letrero: HUAROS, 4 KM. Excelente, 2 horas y media y ya estoy aquí, una media hora más y llego. Crucé el puente sobre el río y empiezo a trepar por la sinuosa carretera. Llego hasta un letrero: COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE AYNAS y al lado la estrecha entrada al camino que asciende hacia las ruinas. Me siento sobre una roca y antes de empezar la subida, que sabía iba a ser bastante exigente, como algunas frutas y pan. De pronto se detiene una combi con toda una familia entera dentro y pienso: ¿y si aprovecho para pedir una jalada de una vez al pueblo?. La combi se detiene frente a mí y un señor me pregunta si por allí se llega a HUAROS, les digo que van por buen camino. Chau joven, gracias. Y desde la ventana toda la familia me mira como si se mirara a un marciano. Uy, que aspecto debo estar dando.


Empecé la subida, algo suave al inicio. El camino es de piedras por lo que es muy fácil resbalar. En realidad es el cauce del agua que baja hacia el Chillón por lo que a veces caminaba prácticamente sobre agua. Me voy adentrando entre chacras divididas por muros de piedra hasta llegar a una pequeña tranquera que salto y de pronto el sendero se estrecha y empieza la subida violentamente, miro hacia arriba: una serpiente inmensa asiéndose al cerro. En cada curva iba descansando mientras unos cohetes reventaban y el eco casi se extendía por todo el valle, qué bien la estarían pasando abajo. Por fin aparecen unas gradas inmensas que avisan la cercanía de las ruinas de AYNAS (3650 m.s.n.m.). La entrada es 5 soles, pero cuando busqué al guardián no estaba, debía estar celebrando en el pueblo. Lo primero que te recibe en este complejo son las dos "huancas" (piedras), como pétreos alfileres que resguardan las ruinas, detrás de las cuales emerge un cerro de forma cónica como si fuera un volcán: CHULLAHUANI.



El asentamiento es de gran extensión, las construcciones no están tan dispersas. Se nota un orden, una buena administración del espacio. Tienen forma semi circular, casi como una D. Las imágenes lo podrán explicar mucho mejor. Desde aquí se tienen unas vistas maravillosas del valle. Silencio infinito, gotas que mojan mi rostro, piedras en las que ponía mi mano para acariciar un poco lo que otros antes sabiamente habían hecho. Tenía el mundo a mis pies, una sonrisa ilimitada colgada en mis labios y una ciudadela pre-inca sólo para mí. El descenso para retomar la carretera hacia Huaros fue rápido. Una luz tornasolada invadió el mundo, las nubes estancadas en las cabezas de los cerros, atrás un cielo abriéndose al infinito




¡POR FIN HUAROS QUERIDO!
 
Entré a la plaza de HUAROS, sucio y con los zapatos llenos de barro. Unas señoras me miraban como a un espectro y me tiré en las bancas de la plaza del pueblo como un mendigo. Descansé, dejé que la llovizna me acariciara y me repuse para buscar un alojamiento. En las esquinas todos los hombres tomaban y vociferaban, música altisonante por todos los rincones: el pueblo está de fiesta, el pueblo celebra. Subí por la calle Lima hasta el 211: LA ESTANCIA MI HUAROS QUERIDO. Una señora me recibe y me dice que tiene camas vacías por 10 soles. Perfecto. "Ah, joven es un solo cuarto donde hay varias camas". 



Según el investigador Carlos Lobatón: los pobladores de "Aynas y Huishco fueron arrancados de sus espacios originarios y reubicados en lo que hoy es el poblado de Huaros" durante las reducciones creadas por el virrey Toledo (1570), es por eso que en este pueblo en la actualidad hay dos barrios bien definidos: el barrio de Huaroslao donde fueron colocados los que provenían de HUISHCO y el barrio de Huanarpun para los de AYNAS.

Me aseé, eran las 6 de la tarde, qué podía hacer en un pueblo en fiesta, pensaba salir y conocer gente pero ya había tenido más de 25 kilómetros en un día y al siguiente debía seguir caminando más. Mejor descansar o tratar con toda la bulla de la celebración. Me arrebujé en mi propio calor, con fuerza, como si fuera otro cuerpo el que me lo diera.
 
HUISHCO: VAGANDO SIN BRUJULA POR LOS CERROS (NO ES QUE SEA UN PERDIDO, PASA QUE NO ME ENCUENTRO)

Gran amanecer, cascadas de luz entrando por la ventana. Suficiente para animar hasta el más apático: de un salto estaba en pie. Bajé al restaurante que el hospedaje tiene en el primer piso y luego de un buen café y dos panes con queso serrano me sentía como nuevo para ir a buscar las ruinas de HUISHCO. La señora me indicó por donde tenía que ir. Subí por toda la calle Lima hasta que me dejó en las afueras del pueblo, pasé una cruz muy bonita y empezó mi vía crucis. Un camino anchísimo lleno de piedras, que sube violentamente. Vamos, poco a poco viajero, con paciencia que así se llega lejos. Jadear, parar, jadear, parar, respira, aspira, respira, aspira. Esto ya parece las clases de tai – chi. Hasta que se llega al desvío: a la izquierda a HUISHCO, a la derecha a los bosques de PUYAS DE RAIMONDI. Tomé la izquierda. 



Una maraña de luces tostadas alumbraba el mundo y le daba a todas las cosas un matiz suave. De pronto un aguilucho revolotea, su parda silueta se destaca nítidamente en ese fondo celeste suave del cielo serrano, vuelve a pasar y es como si me rodeara o quizá me protegiera. Agradezco la compañía. Abajo, Huaros, al fondo de la quebrada, se iba haciendo más pequeño a cada paso. Sus techos de calamina de metal (que afean al pueblo, lamentablemente) destellaban. Los añejos andenes caían violentamente sobre el villorrio. Me senté al pie de una cascada: aproveché para beber y refrescarme. El camino se hace a esta altura menos exigente.



Por fin después de una hora y media llegué al camino pre inca. Sobre una gran roca se ve una cruz y las anchas gradas dejan ver el sendero hecho con notoria maestría, acomodándose al terreno. Leí las indicaciones de unos viajeros que habían llegado por el sitio y entiendo que allí no acaba el camino. Tercer error: entendí mal, seguí el camino que da la vuelta al cerro y me adentro en un espacio de belleza fascinante pero de geografía bastante accidentada.



Todos los caminos conducen a Roma me digo, espero que también a HUISHCO, guiado por la curiosidad me adentré. Es un camino no muy ancho, con algunos empedrados de factura pre hispánica. Sigo vagando por más de media hora, ya casi una y empiezo a sospechar que este camino no me lleva a ningún sitio, es que las ruinas que buscaba estaban en el tope de un promontorio no por estos espacios bajos por donde el camino se abre paso, pienso. Espero que de un momento a otro el sendero trepe un cerro y por fin encuentre HUISHCO, nada. Sigo y nada, camino un poco más y nada. Me canso y pienso que si el camino no existe pues yo la hago. Trepo por una ladera escarpada dejando media vida en la subida y alcanzo la punta de una pequeña montaña, nada. Hay otro cerro, lo trepo y nada. No hay ni siquiera bosta de animal que me consuele indicándome que alguna vez alguien pasó por aquí. Sólo el insoportable y constante ruido de una mosca zumbándome al oído todo el tiempo. Resbalando, cayendo, aferrándome a las ramas de los árboles, entre laberintos de piedras, farallones como gigantes, pisando ichu, vientos que ululaban y… nada. Errante como un loco, sin camino que seguir decido andar sólo por las puntas de los cerros, desde donde dominaría todo el paisaje y podría encontrar HUISHCO, lo que soy yo no me voy hoy a Lima sin ver las ruinas. Cuando de pronto en una distancia no muy lejana veo las puntas de unos nevados: oh, oh, como que exageré un poco los ímpetus ¿no?



Decido desandar el camino que hice así que bajando desde las alturas lo encuentro de nuevo y regreso por donde vine: me había perdido por una hora y media. Por fin noto un espacio semicircular que la gente del pueblo conoce como el JAYAMPAMPA, el que yo había pasado sin darme cuenta, estaba cerrado por muros de piedra, en cuyo centro hay tres piedras largas (huancas) de distintos tamaños sólidamente fijas al suelo, al fondo una gran roca que, se dice, fue partida por un rayo. En este espacio se solía bailar en una de las paradas que se hacía durante la celebración de la limpia de acequias, tradición que ya casi se ha extinguido en Huaros, lamentablemente.



Sospecho que estoy cerca de HUISHCO, sigo caminando y de nuevo estoy bajo la roca que tiene la cruz en su punta y me abro otro camino, esta vez a la derecha, después de deducir que detrás de la roca debe haber "algo" y claro que había algo!!!!!: una ciudadela pre inca, HUISHCO (4,050 m.s.n.m.) Mi apuro y mi emoción me habían hecho caminar sin ton ni son, con tal premura y pensando tantas cosas que no me había dado tiempo a observar con más atención. Bueno, ya está, no me hago líos, lo que he visto es maravilloso después de todo.


Busco un modo de entrar al complejo pero lamentablemente no hay un camino bien definido por lo que trepo algunas inmensas rocas. De entrada me reciben un par de recintos circulares bien conservados, en una de las cuales ha crecido curiosamente un par de eucaliptos. Tienen entradas trapezoidales. Las construcciones, que tienen "pilastras troncocónicas como elementos de soporte" (Farfán), están bastante dispersas en el espacio. Al caminar por el lugar me pude dar cuenta del increíble parecido con las ruinas de RUPAC que tuve el placer de conocer: techos de piedra en forma de aleros, lo que hace sospechar a los estudiosos de un posible acercamiento entre los HUAROS y los ATAVILLOS. Otra ciudad pre-inca para mí sólo, en menos de un día, nada mal.




Sigo caminado y mirando minuciosamente los edificios cuando de pronto un trueno me advierte que la lluvia se viene con todo y es mejor empezar a bajar. Qué mal, justo ahora, me quedo un poquito más y de nuevo otro trueno y otro y otro. Bueno, así pos sí. Bajo y en menos de 45 minutos ya estaba en el anchísimo camino de piedras cercano al pueblo. Esta senda debe ser una oda al skate o una paliza a los riñones porque la bajada casi la haces levitando y en picada. Una señora con sus ovejitas me saluda y me dice "Feo el camino ¿no? ¿Te gustaron las ruinas joven?" Hablamos un poco porque el placer de hablar con gente sencilla y amable es un lujo que en Lima no me podré dar.

RETORNO

Llego a HUAROS y me voy al hospedaje a pedir agua para lavarme y curarme algunas heridas que me hice en los pies y piernas. De pronto siento que el único bus que sale del pueblo está tocando la bocina avisando que se va. Sale a las 2 de la tarde y es mejor reservar pasaje porque se llena muy rápido. Salgo corriendo, no vaya a ser que me deje y deba volver caminando a CANTA, no, ni loco. Una señora me vende su ticket: 14 soles directo a Lima por Transportes Señor de los Milagros. Pasamos por Canta y los 10 minutos que nos dan para bajar a comprar cosas se estiran a 30. Suben las señoras vendiendo comida y dulces, les compro algunas cosas porque eran 2 días sin saber lo que era un almuerzo o cena. Por fin el restaurante ambulante arranca y en menos de 3 horas el piloto suicida de la empresa Señor de los Milagros nos trajo a Lima (milagrosamente) sanos y (milagrosamente) salvos.

Casi son las 6 de la tarde en Lima y aún el sol es una naranja perfecta colgada con hilos invisibles en la inmensidad del cielo. La avenida, los carros, el apuro, el cemento. Qué increíble, pienso, hace tres horas acabo de estar perdido, mirándole la cara a los nevados, vagando como un iluminado entre los cerros, sobre los 4 mil metros, visitando ciudadelas pre-incas y ahora estoy en una megalópolis, perdido de nuevo pero esta vez entre mis miedos y la diaria locura ensangrentada. Qué desquiciante este país, qué geografía tan hermosamente salvaje: 3 horas que te llevan de un mundo a otro, todo a un paso. Las piernas me temblaban de cansancio y era una sensación fascinante: esa fatiga me lo había heredado mi deseo de conocer un poco más, de buscar más allá. Había caminado algunos cuantos kilómetros de uno de los 20 países más grandes del planeta, nada mal para seguir soñando, nada mal.

Pablo

DATOS UTILES

La entrada a Aynas es 5 soles, se paga a un guardián que vive cerca
Pasaje Lima - Canta : 15 soles
Pasaje Canta – Huaros : 5 soles
Pasaje Huaros – Lima : 14 soles
Hospedaje Restaurant : “Mi Huaros Querido”, Jirón Lima 211, 10 soles la cama.
Pero ambos complejos arqueológicos tienen espacios para acampar.
Transporte Señor de los Milagros
Av. Gerardo Unger No 507 - Telf: 381 9329 - 5251316
Transportes Chaperito
Av. Gerardo Unger Nº 587 - Telf.: 3823466 y 5251316

PUBLICADO EN "ESTAMPA", REVISTA DOMINICAL DEL DIARIO "EXPRESO" DE LIMA. EL DOMINGO 30 DE DICIEMBRE DEL 2007.
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