Día de los muertos en el Perú - II : el cementerio (parte 1)

viernes, 28 de octubre de 2011


"Aya quiere decir difunto, es la fiesta de los difuntos, en este mes sacan los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo, y le dan de comer y beber…y cantan y danzan con ellos, y le ponen unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plaza, y después tornan a meterlos en sus pucullos dándole sus comidas y vajilla… y le dan sus carneros y ropa y los entierran con ellas y gastan en esta fiesta muy mucho.”


Felipe Guaman Poma de Ayala en su “Nueva Crónica y buen gobierno” - Libro I (1610-1615)


Cruzo de sur a norte la ciudad. Dejo Surco y Miraflores (ver entrada anterior) y tomo un colectivo rumbo al lado norte de Lima hasta llegar a Carabayllo distrito donde la mayoría de la población es de procedencia andina, gente que llegó a la capital en la mitad del siglo pasado y que poco a poco fueron tomando posesión de los terrenos que circundaban la vieja capital del virreinato español: así convirtieron la gran capital en una megalópolis, la insertaron en la nueva modernidad a la velocidad de un rayo dándole una nueva identidad, un nuevo carácter. Toda esta gente llegó con casi nada pero llena de sus tradiciones: trajeron sus dioses, sus costumbres, sus comidas, sus sueños, su cosmovisión. Por ello es que los barrios populares alejados de los espacios cosmopolitas de Lima tienen una cultura diferente, un modo de ser radicalmente distinto. He allí mi interés (aparte de otros más personales) por ir a un cementerio que estuviera en esa periferia porque sabía que podía encontrar otro modo de asumir la muerte, menos occidental y globalizada, mucho más auténtica.


CEMENTERIO PERIFERICO


Me bajo de la combi a la altura del kilómetro 18 de la avenida Túpac Amaru, luego tomo un mototaxi que sube por la avenida Merino. Bajo y frente a mí aparece una calle sin asfalto que trepa sobre un terreno ondulante. “Por aquí se va al cementerio profe” me dice el muchachito que maneja, imagino que no tiene brevete, pero también imagino que tiene que ganarse la vida. Algunos comerciantes han levantado sus toldos para vender platos de comida desde un sol. El olor a fritanga se confunde con el de las flores. Más allá unos hombres con las camisas desabotonadas beben como en cualquier domingo escuchando al grupo Néctar que toca desde el cielo, con cariño. Los mototaxis pasan raudos llevando y trayendo personas, haciendo maniobras avezadas en medio del gentío para no atropellar. Subo por la calle y el camino dobla a la derecha y sigue trepando hacia una quebrada seca. Aparece la entrada al cementerio sin nombre que no es sino la ladera de un cerro. Un espacio ganado a la pétrea dureza del suelo para enterrar a los muertos. ¿No eran los cerros los espacios sagrados de los antiguos peruanos? ¿Los lugares donde moraban los dioses, donde vivían los antepasados?

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú


Detrás del mismo improvisado camposanto muchos otros caminos trepan hasta las cimas más altas de la pobreza, donde las casas se han construido con esteras, latones o endebles maderas. Tía Fortu me diría más tarde: “Cuando llegamos aquí sólo habían 5 muertitos, eran niños nada más. Pero un día llegó una enfermedad de diarreas, es que teníamos problemas con el agua, sólo nos traían cada 15 días por eso íbamos al río a traer agua, eran los 60´s y así murió mucha gente y entonces el cementerio empezó a llenarse.” Se lamenta que sólo haya guardián hasta las 6 de la tarde porque la noche no viene sola: “vienen los fumones, los choros”. Ha mandado a poner rejas, plantas muy bonitas en las tumba de su esposo que otros se han llevado, cosa que me confirma la idea de que sólo hay que temerle a los vivos.




He venido a buscar una tumba. Hay mucha gente. Compro un paquete de velas y un ramo de flores y entro. Me aúno a la larga fila que ha desembocado en el camino no muy ancho de la entrada y que se abre paso entre tumbas y cruces y donde hasta las piedras parecen reflejar el calor sofocante. Al entrar hay una cruz con los símbolos de la pasión, adornada con una estola y flores a cuyos pies un grupo de personas rezan y encienden velas. El sol arde inclemente en la mitad del cielo. Las pisadas elevan una hiedra de polvo que se trepa en el viento, sube alto, hasta un cielo teñido de un pálido celeste, vacío de nubes, de palomas mensajeras que lleven las esperanzas un poco más arriba de las barbas de Dios. Luego el polvo cae indolente, como lluvia seca, ametrallando nuestras cabezas.


Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú

Para tener un pequeño espacio aquí es necesario pagar un derecho de entierro y uno de construcción. Las tumbas se construyen con ladrillo y cemento y sobre la superficie emergen las puntas de unos fierros que serán usados para seguir levantando el segundo piso y el tercero y así más nichos conforme la muerte vaya convocando a los otros integrantes de la familia. Algunas tienen colores azules, rosados o están adornadas con mayólicas o azulejos. Otros difuntos menos favorecidos sólo tienen espacios rodeados de rocas pintadas con una mano de pintura como único adorno. No hay ánforas griegas ni esculturas de mujeres con perfil renacentista y gestos de desconsuelo. Aquí hay polvo, piedra, paisajes eriazos, sequedad absoluta, hay botellas de plástico de Inka Cola usadas como floreros, mujeres de trenzas grandes y polleras largas, hay sonidos mágicos del quechua y del huayno entrenzados en su solo ritmo, toldos multicolores y cartulinas anunciando los platos de comida que se venden, hay tumbas que parecen haber sido excavadas por pura improvisación, por el deseo de encontrar para quien se quiere un lugar digno para su entierro. Hay todo eso pero no tristeza. Los quebrantos y plañidos no se oyen, no tienen espacio en este lugar poblado de sonidos vivos, de colores. La muerte no se está llorando, la muerte se está celebrando, la muerte se está viviendo.

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Camino hasta la parte trasera del cementerio donde el cerro se empina más y ya no es fácil andar pues no existe un camino y hay que abrirse uno espontáneamente. He venido a buscar una tumba. Trepo entre los nichos, asiéndome de las cruces o de las inmensas rocas. Avanzo tratando de no pisar las sepulturas pero es imposible. Todo es un caos de cruces sencillas, hechas de madera simple, a algunas les falta la barra horizontal y parecen un asta apuntando a la infinidad celeste. Finalmente aparece una escalera bien mantenida que ayuda a hacer el trajín menos complicado y que también usan quienes viven en las partes altas del cerro cada vez que bajan a la ciudad o vienen desde allí. 

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Al llegar por fin a la parte superior del cementerio se ve una hilera de piedras que define su límite con la zona de las casas que se han construido. Me siento en una gran roca y observo: abajo Lima parece un monstruo adormilado. Hacia el este han levantado una larga pared de maderas como si fuera un fuerte apache. Le pertenecía a una empresa que extraía piedras de estos cerros para diferentes construcciones. Un error de cálculo los condenó a la quiebra: las piedras en abundancia no estaban allí sino en el espacio del cementerio, pero ya es demasiado tarde para darse cuenta, hoy el lugar tiene un título de propiedad firmada por la muerte. Hay tantas piedras que recuerdo que la única vez que estuve aquí para el entierro de un allegado, hace muchos años, cubrieron el hueco echando primero sobre el cajón lo que más abunda: rocas. El sonido contundente de las piedras cayendo sobre la madera dejaron en mí un recuerdo imborrable: TOC, TOC, TOC… la desmedida percusión de la muerte. Al llenar un gran espacio del nicho con piedras recién empezaron a echar la tierra.

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Busco algún rostro conocido, alguien en quien reconocerme pero no hay nadie. He venido a buscar una tumba. Y encontrar en medio de un bosque de cruces no es fácil. Aquí arriba están las personas moviéndose con soltura entre cruces y nichos, mundo en miniatura que bulle, que avanza sobre la tierra plagada de muertos ya que por más que este sea un espacio donde la muerte ejerce su dominio no por ello la vida está ausente, al contrario, se hace presente con fuerza inusitada, con imaginación y hasta con colorido. Los vivos tienen que seguir en la ruta y la muerte es un evento interesante para ganarse la vida vendiendo lo que se pueda o comprando lo que se deba.

Continuará...


Pablo

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú

4 comentarios:

Adriana Lobo dijo...

gracias pablo.
esta información me servirá para mi tesis.
la gastronomia peruana....la asocio con el ritual de muerte........muy agradecida
adriana

Pablo Solórzano dijo...

Pues muchas gracias a ti por tu visita y me complace saber que soy de ayuda. Saludos y esperamos tu visita de nuevo por aquí.

emiliana pelaez dijo...

Gracias! Redactas todo muy bien. Me ayudo tu informacion.

Pablo Solórzano dijo...

Gracias a ti por darte una vuelta por aquí Emiliana! saludos!

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