Caminando hacia un enigma
Siempre he pensado que muchos viajeros tenemos en el fondo un historiador. De hecho el primer gran viajero conocido fue el extraordinario Herodoto que hace más de 2,500 años inició una seria de viajes alrededor del Mediterráneo acuciado por el interés de conocer otros lugares y registrar lo que allí había pasado. De estos viajes nació su Historiae o Los nueve libros de historia y así, si del asombro y la duda germinó la filosofía pues es válido decir que de la curiosidad brotó la historia. Siempre he sido un viajero obsesionado por ir hasta el mismo lugar donde pasaron cosas importantes así que con la misma curiosidad (y salvando las distancias) del gran griego siempre me animo a viajar en busca de "respuestas".
A las canteras de Cachiccata fui precisamente guiado por el interés de conocer algo que ha hecho famoso al hombre andino: el manejo de la piedra que tanto asombra y asombró en su momento a los primeros occidentales que llegaron hasta América y quienes al no poder entender tan complicada tecnología la denominaron “arte del demonio”. Antes que el sol se pusiera más intenso me fui al mercado de Ollantaytambo a comprar provisiones para el camino y al “market” del señor Jorge Rojas (que ya recomendé en otra entrada) y me indicó el mejor camino para llegar hasta las canteras: tomé una moto-taxi (2 soles) en la plaza hasta ROMIRA (menos de 10 minutos) que es una comunidad que está en la carretera que lleva hacia Quillabamba. Hay que pedirle al chófer que te baje en la “entrada al puente que cruza el Urubamba”. Así, caminé entre campos de maíz hasta el mismo puente el cual crucé y pronto estuve en Cacchicata pueblo. Otra posibilidad es irse hasta EL PUENTE INCA (a la entrada de Ollantaytambo) y tomar el camino que te lleva directo hacia las canteras pero preferí dejar esa alternativa para el regreso.
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| Maizales en Romira |
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| Campos que rodean Ollantaytambo vistos desde la subida a las canteras |

















