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Zaña : Los misterios de un "pueblo maldito"

domingo, 14 de agosto de 2011


Cuando llegamos a Zaña nos dio la apariencia de que el pueblo estaba estancado en la sugestiva placidez que brinda siempre lo decadente. El polvo del desierto que lo circunda parecía haberse metido en todos los repliegues del poblado y haberle contagiado su infertilidad. Contadas personas caminaban parsimoniosamente por las calles como si cargaran sobre sus hombros una invisible carga producida por el calor del mediodía.  

Todo parecía vacío de un hálito de vida hasta que llegamos al fastuoso CONVENTO DE SAN AGUSTIN y escuchamos a doña María Antonieta (Antonia para los amigos) entonarnos unas décimas (una expresión poética que es tradicional entre los nativos de Zaña desde hace mucho) y explicarnos, con su voz cantarina y sus maneras de dama de abolengo, la historia de este poblado mientras nos vendía las entradas, y entonces nos dimos cuenta que Zaña estaba más viva que nunca y que la tradición que sus gentes ha creado sigue perviviendo en personas como Antonia. 

Ruinas del Convento de San Agustín - Zaña - Lambayeque
Ruinas del Convento de San Agustín - Zaña - Lambayeque

Antes de visitar este lugar yo creía que lo que iba a encontrar serían unas cuantas ruinas y un pueblo desolado que aguantaba como podía el paso del tiempo pero lo que encontré es que allí pasan cosas interesantes ya que hay una comunidad que se esfuerza para que las tradiciones de este lugar se mantengan, resistan la indiferencia y la modernidad y perduren aún a la sombra de sus fascinantes ruinas. Baste para ello con saber que el Taller de Danzas Afro Peruanas Santo Toribio de Mogrovejo anima, con éxito, a los jóvenes del pueblo a aprender las danzas que sus ancestros africanos trajeron aquí cuando vinieron esclavizados a trabajar los campos; o ver lo mucho que se han preocupado en adecentar y facilitar la visita hasta para los usuarios de sillas de ruedas (algo nada común en el Perú) a las impresionantes ruinas del Convento de San Agustín, aunque cierto es que se podría mejorar; o sentir en el paladar el sabor de la tradición que por ahora está a buen recaudo en las manos de doña Aurora Andonayre quien vende dulces típicos de Zaña y exquisiteces en su casa (frente a las ruinas del convento; hay un letrero, tocar timbre) con recetas que aprendió de los padres y los abuelos y que según cuenta, con suma amabilidad y bonhomía, ya ha sido entrevistada por varios canales de televisión y que tiene como esperanza que los jóvenes se interesen más y más en continuar con el arte de hacer dulces caseros y adictivos.

Pero veamos un poquito de la historia para entender mejor las cosas. La Villa de Santiago de Miraflores de Zaña fue fundada en 1563 mientras los españoles buscaban sitios apropiados donde aposentarse. Aunque antes de ellos esta zona era conocida como Sañap por los nativos que solían vivir en las faldas del cerro Corbacho. Los motivos por los que los hispanos escogieron este sitio para fundar una ciudad fue por su excelente ubicación a medio camino entre el mar y las sierras, por el buen sistema de riego que allí habían hecho los indígenas y por tener muy cerca un río a cuya vera levantaron inmensas iglesias y casonas… esto último iba a tener consecuencias trágicas. El estar al centro de una red de vías comerciales hizo que la villa llegara a ser una ciudad opulenta, tanto que se dice que casi se convierte en la capital del país. Pero fue esa misma riqueza el motivo de su tragedia como contaremos más adelante.

Se comenta que las mejores muestras de aquitectura española de los siglos XVI y XVII del norte del Perú están en este pueblo aunque lo que haya por ver sean más que nada ruinas. Los lugares que se tienen que visitar aquí son sobre todo las vestigios que quedan de algunas de las iglesias que tuvo en la época colonial y que dan muestra de la magnificencia de la que alguna vez gozó. Hay que ir como ya dijimos al Convento de San Agustín (entrada 3 soles) que fue sin lugar a dudas la joya arquitectónica de este lugar. Fue construida en 1584 y abandonada en 1830. La entrada clásica aun deja ver lo imponente que debió ser el edificio y lo ricamente ornamentado que estuvo. Por momentos esta entrada, y varias de las otras que veríamos más adelante, me hizo recordar a las que habíamos visto el día anterior en Túcume Viejo. Dentro, los altos techos de sus naves, las paredes encaladas, alguna que otra moldura o adorno que ha sobrevivido a las catástrofes, el gran patio rodeado de arcos y otros detalles sirven de acicate para la imaginación del viajero que no puede dejar de sentir el estímulo y completar con sus sueños y fantasías aquello que el tiempo y la mano del hombre se ha llevado.

Ruinas del Convento de San Agustín - Zaña - Lambayeque


Caminando entre pirámides: Túcume

sábado, 13 de agosto de 2011


Continuación de la entrada anterior en la que habíamos conocido el Museo Tumbas Reales de Sipán y el interesante pueblo de Lambayeque. Ahora era el momento de seguir en la ruta y visitar las afamas pirámides de Túcume...

El museo de sitio Túcume fue construido en 1991 siguiendo el modelo de las capillas coloniales tempranas hechas con mano de obra indígena y siguiendo un estilo de raíces pre hispánicas: “las ramadas” que eran construidas con caña, barro, bloques de adobe y madera de algarrobo. Actualmente cuenta con iluminación natural y se abastece de agua mediante un molino de viento, todo lo cual ha hecho que sea merecedor de premios internacionales de arquitectura. En el recinto hay buenas maquetas, interesantes gráficos a modos de cómics que de una forma lúdica y entretenida nos dejan conocer más sobre la historia de la cultura Lambayeque. Si se quiere el servicio de guiado hay que pagar 20 soles. La entrada al museo y los restos de Túcume cuesta 8 soles y 3 para estudiantes. 

El viajero puede elegir entre 2 rutas para visitar los restos de Túcume: la A y la B, nosotros tomamos la A que incluye la visita al Museo de sitio, Sala temporal y la subida al Cerro Purgatorio. Es bueno llevar gorra, protección y agua ya que no hay ninguna tienda. Caminamos por el sendero que ha sido habilitado sobre el desierto y que era a veces interrumpido por el magro verdor de algún algarrobo o un pequeño cactus. El sol flameaba en medio del cielo y parecía reverberar en las piedras; la sombra alargada de algún gallinazo, que volaba casi en circulos, se dejaba ver reflejada como un punto movedizo sobre la larga extensión de tierra seca.

Túcume - Lambayeque
Con algo de esfuerzo subimos hasta la cima del CERRO PURGATORIO y desde allí tuvimos una vista insuperable: las 200 hectáreas de muros roídos por los elementos, plazas y 26 pirámides de adobe que conformaron alguna vez la capital de la cultura Sicán (ojo con confundir con el mucho más antiguo Señor de Sipán perteneciente a la cultural Moche o Mochica). Pero no crean que en toda esta inmensa extensión solo las lagartijas y los algarrobos sean lo único que evidencia que no estamos en un paisaje lunar. En los grandes espacios que hay entre las pirámides extensos y ubérrimos bosques crecen y permiten la vida gracias a los canales de regadío, algunos de los cuales fueron hechos por los mochicas para poder expandir su poderío en una de las costas más agrestes del mundo. Desde aquí también pudimos ver LA HUACA LAGA que es el edificio de adobe más extenso del lugar y probablemente del mundo: 700 metros de largo, 280 ancho y 30 de altura y en donde se ha hallado hasta restos incas.


Túcume - Lambayeque

Entre el museo del Señor de Sipán y los viejos esplendores del pueblo de Lambayeque

viernes, 12 de agosto de 2011

Ya habíamos conocido en la entrada anterior los pueblos de la costa lambayecana, era hora de ir a ver la zona de tierra adentro de este departamento y conocer los lugares que le han dado fama y la ha convertido en un emergente polo turístico del Perú. Nuestra primera parada por los villorios del interior iba a ser el pueblo de Lambayeque...    

En su momento fue la ciudad más importante de la zona pero ahora ha cedido ese privilegio a Chiclayo pero entre sus calles quedan aún vestigios que nos bridan una idea de ese añejo y perdido esplendor. El pueblo (que tiene el mismo nombre del departamento en donde está ubicada y cuya capital es Chiclayo) es visitado sobre todo por los extraordinarios museos que alberga pero hay que darse también tiempo para perderse entre sus calles y avenidas y conocer su más que interesante conjunto urbano, en irregular estado de conservación lamentablemente, y hacerse una idea de la fastuosidad y riqueza que alguna vez pudo haber detentado este lugar.

Para llegar desde Chiclayo a Lambayeque tomamos una combi (1.20 el pasaje) en el mismo paradero desde donde un día antes partimos hacia Pimentel, es decir en la esquina de Vicente de la Vega y Leonardo Ortiz (frente a la estación de buses de la empresa Oltursa). Hay que pedir “bajar en el Museo” y desde allí caminar 5 minutos hasta ver a lo lejos el espectacular perfil de MUSEO TUMBAS REALES DE SIPAN: una especie de pirámide que recuerda a las construcciones mochicas, pintada de color bermellón y en cuya parte alta refulgen imágenes de ídolos moches. Entrada 10 soles adulto, 4 soles estudiantes peruanos. Las fotos están prohibidas.

Lambayeque (ambos, departamento y pueblo) pueden presumir de tener uno de los mejores museos del continente. No le pudo haber pasado algo mejor a este pueblo en donde los “huaqueros” (expoliadores de tumbas y templos mochicas) se convirtieron en una figura casi tradicional y donde era de lo más normal dedicarse a su ilícita actividad. Hoy la gente de este lugar ve con agrado y entiende que más se gana conservando, respetando y exponiendo al mundo ese patrimonio que traficando con él. Sabido es que este fantástico museo acoge todo aquello, o gran parte, de lo que el arqueólogo Walter Alva y su equipo encontraron en Huaca Rajada, la última morada del fastuoso Señor de Sipán, descubrimiento que los expertos pusieron a la altura del hallazgo de la tumba de Tutankamón o a la del emperador chino en Xian y sus 8.000 guerreros de terracota.

Museo Tumbas Reales de Sipán - Lambayeque

Al entrar a las salas de este recinto el viajero se encuentra metido en una sitio donde reina el silencio y la oscuridad, cosas absolutamente necesarias para poder entender y aprender más sobre las manifestaciones culturales de una de las más enigmáticas y fascinantes sociedades pre incas. La penumbra hace que el visitante se guie por el relumbre de los trabajos en metal que los fantásticos orfebres moches fueron capaces de hacer. Allí se expone también muestras de la cerámica mochica que debe ser, también, una de las mejores de esta parte del mundo: las vasijas (llamadas huacos) son un muestrario extraordinario de lo que fue la sociedad de entonces: vestimentas, enfermedades, comidas, fiestas, jerarquías sociales y hasta posturas sexuales se nos muestran y nos envían un certero reflejo de los destellos de aquel mundo que se expandió en los desiertos costeros del Perú mientras el gigante imperio romano caía en manos de los bárbaros. También hay una excelente representación de la tumba en que fue hallado el Señor de Sipán  y el final se cierra con broche de oro frente a un gran diorama que representa en tamaño natural la corte de este poderoso señor. Las figuras que convergen en esta escena han sido hechas a semejanza de varios habitantes del actual pueblo lambayecano. No asustarse si de pronto se apagan las luces y la corte en pleno parece acercarse hacia ti: son piezas mecánicas que se mueven y hasta hacen sonidos creando para el visitante una atmosfera casi real y que le da una idea de la majestuosidad con la que ese hombre se movía entonces en el norte peruano.

Hay otro museo que es muy bien considerado por todos y que es llamado el BRUNING al que no pudimos visitar por falta de tiempo. Si estás sin apuros y aún te quedan ganas de seguir aprendiendo sobre los famosos moches pues éste es el lugar indicado para seguir haciéndolo.  

Desandamos el camino que nos trajo hasta el museo, cruzamos la avenida que viene desde Chiclayo y nos fuimos hasta la tranquila plaza de Lambayeque. Allí emergen las macizas y redondas torres de la iglesia San Francisco y las fachadas de algunas casonas que se esmeran aún en mostrar la calidad de su factura. Esta es la parte vieja del pueblo de Lambayeque, que en su tiempo fue capital de provincia y lugar favorito de los terratenientes que construyeron aquí sus mansiones hasta que se empobrecieron. 

Hay que caminar por las calles 2 de mayo y 8 de octubre, ambas al lado de la iglesia San Francisco, y darse así un viaje en el tiempo: casonas derruidas, otras a punto de venirse abajo, caserones con balcones en donde desde hace un buen tiempo ya no se posa nadie, ventanales inmensos desde donde solo nos miran fantasmas, viejos esplendores derruidos. Alguno que otro edificio ha tenido la suerte de aguantar el peso y el paso del tiempo gracias a sus esmerados habitantes.

Plaza del pueblo de Lambayeque - Lambayeque

En tierras moches: Chiclayo y los pueblos costeros de Lambayeque

jueves, 11 de agosto de 2011


En Chiclayo iniciamos nuestras aventuras en el circuito nor oriental peruano, del que ya hemos hablando en la entrada anterior. Espero que les guste y sobre todo sirva para cuando se decidan a dar una vuelta por las tierras moches...


Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque, es una ciudad que se ha desarrollado en una constante metamorfosis desde hace mucho tiempo. En sus alrededores nacieron civilizaciones como la Mochica o la Lambayeque para luego no tener mucha importancia como ciudad colonial ya que no llegó a tener entonces la relevancia de lugares cercanos como Zaña o Lambayeque. Es con la llegada del siglo XX, y sobre todo durante los últimos decenios de la misma,  que se transforma en una de las ciudades económicamente más sólidas y al mismo tiempo una especie de “meca” del turismo por los muchos extraordinarios museos que posee, por su exquisita gastronomía y, sobre todo, por los relativamente recientes descubrimientos arqueológicos que se han hecho en sus tierras.


El hecho de no haber sido considerada sino una ciudad de paso para mercaderes que venían desde las sierras hasta las costas peruanas hizo que no hubiera gran esmero en las construcciones de palacetes o casas adornadas con balcones y lujosos enrejados como fue el caso de Trujillo por ejemplo. Esto no quiere decir que la ciudad carezca de historia pero lo que ahora se promociona para visitar en ella son sobre todo su Catedral de finales del XIX, el bonito y moderno “Paseo de las Musas” (entre las calles Balta y Garcilazo) en el cual se ven muchas esculturas de figuras de la mitología griega que han dejado por un tiempo el Olimpo para aterrizar ingeniosamente en tierras moches y que es el lugar favorito de chiclayanos y parejas en busca de solaz y rincones íntimos para jurarse amor. Y otro punto para conocer es el Mercado Modelo (abierto de 9 a 17 horas) que debe ser de los más interesantes en Perú. Es muy grade y entre las cosas que allí se pueden conseguir van desde las frutas hasta pociones y amuletos hechos con piel de serpiente, grasa o huesos de animales y demás hierbas. Amén de contactar con un brujo para que te haga uno de sus rituales de sanación o de convocatoria a las buenas vibras y la suerte.

 
Catedral de Chiclayo - Lambayeque
Paseo de las Musas - Chiclayo - Lambayeque

Como pasa con muchas ciudades lo mejor y más llamativo de Chiclayo está en sus afueras así que para conocer algunas de las perlas que la han hecho famosa decidimos salir a buscar el encanto de las tierras chiclayanas. Y no hay mejor modo de empezar que dirigirse hacia el mar: una retahíla de pueblos de antiquísima tradición pesquera esperaba por nosotros.


PIMENTEL


El paradero de combis hacia este pueblo se ubica en la esquina de Ortiz y Vicente de la Vega, a unas cuantas cuadras de la Plaza de Chiclayo. El pasaje es 1.20 soles y el trayecto dura 20 minutos. Pimentel tiene una bien cuidada plaza llamada Diego Ferré. A pocas calles de este lugar están las playas que cada verano son el lugar preferido de los chiclayanos. Nosotros fuimos en invierno y aunque la niebla cual guirnalda blanquecina parecía colgarse de la nada para cubrir el horizonte y el mar algo embravecido el sitio no dejaba de tener encanto. Caminamos por el largo, viejo y famoso muelle (el más extenso del Perú) que parece una larga y curva avenida de madera penetrando en el mar. Se puede caminar por una parte de este muelle pero hay que ir con cuidado porque algunas partes del suelo están algo inestables y puedes tropezar. En la parte donde antes se dejaba entrar a los turistas, casi al final, ahora está cerrado por precaución. Luego nos fuimos a caminar por las orillas y a ver de cerca las curiosas barquitas conocidas como “caballitos de Totora” algunos de los cuales estaban tirados como si fueran barrigones animales varados en las playas de arena blanca. Es bueno saber que estas embarcaciones son parte del patrimonio cultural de esta región pues han sido hechas y usadas desde hace miles de años. Era hora de continuar nuestro recorrido por los poblados pesqueros del litoral lambayecano ahora hacia el pueblo de Santa Rosa. Las combis hacia este lugar pasan a 2 cuadras de la plaza de Pimentel (0,80 céntimos el pasaje).


Dato para el viajero: en caso esté impelido por cierto apuro fisiológico en el municipio de Pimentel hay baños gratis y limpios, lo decimos porque no encontramos ningún baño público en el pueblo.



Pimentel - Chiclayo - Lambayeque

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