Cuando llegamos a Zaña nos dio la apariencia de que el pueblo estaba estancado en la sugestiva placidez que brinda siempre lo decadente. El polvo del desierto que lo circunda parecía haberse metido en todos los repliegues del poblado y haberle contagiado su infertilidad. Contadas personas caminaban parsimoniosamente por las calles como si cargaran sobre sus hombros una invisible carga producida por el calor del mediodía.
Todo parecía vacío de un hálito de vida hasta que llegamos al fastuoso CONVENTO DE SAN AGUSTIN y escuchamos a doña María Antonieta (Antonia para los amigos) entonarnos unas décimas (una expresión poética que es tradicional entre los nativos de Zaña desde hace mucho) y explicarnos, con su voz cantarina y sus maneras de dama de abolengo, la historia de este poblado mientras nos vendía las entradas, y entonces nos dimos cuenta que Zaña estaba más viva que nunca y que la tradición que sus gentes ha creado sigue perviviendo en personas como Antonia.
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| Ruinas del Convento de San Agustín - Zaña - Lambayeque |
Antes de visitar este lugar yo creía que lo que iba a encontrar serían unas cuantas ruinas y un pueblo desolado que aguantaba como podía el paso del tiempo pero lo que encontré es que allí pasan cosas interesantes ya que hay una comunidad que se esfuerza para que las tradiciones de este lugar se mantengan, resistan la indiferencia y la modernidad y perduren aún a la sombra de sus fascinantes ruinas. Baste para ello con saber que el Taller de Danzas Afro Peruanas Santo Toribio de Mogrovejo anima, con éxito, a los jóvenes del pueblo a aprender las danzas que sus ancestros africanos trajeron aquí cuando vinieron esclavizados a trabajar los campos; o ver lo mucho que se han preocupado en adecentar y facilitar la visita hasta para los usuarios de sillas de ruedas (algo nada común en el Perú) a las impresionantes ruinas del Convento de San Agustín, aunque cierto es que se podría mejorar; o sentir en el paladar el sabor de la tradición que por ahora está a buen recaudo en las manos de doña Aurora Andonayre quien vende dulces típicos de Zaña y exquisiteces en su casa (frente a las ruinas del convento; hay un letrero, tocar timbre) con recetas que aprendió de los padres y los abuelos y que según cuenta, con suma amabilidad y bonhomía, ya ha sido entrevistada por varios canales de televisión y que tiene como esperanza que los jóvenes se interesen más y más en continuar con el arte de hacer dulces caseros y adictivos.
Pero veamos un poquito de la historia para entender mejor las cosas. La Villa de Santiago de Miraflores de Zaña fue fundada en 1563 mientras los españoles buscaban sitios apropiados donde aposentarse. Aunque antes de ellos esta zona era conocida como Sañap por los nativos que solían vivir en las faldas del cerro Corbacho. Los motivos por los que los hispanos escogieron este sitio para fundar una ciudad fue por su excelente ubicación a medio camino entre el mar y las sierras, por el buen sistema de riego que allí habían hecho los indígenas y por tener muy cerca un río a cuya vera levantaron inmensas iglesias y casonas… esto último iba a tener consecuencias trágicas. El estar al centro de una red de vías comerciales hizo que la villa llegara a ser una ciudad opulenta, tanto que se dice que casi se convierte en la capital del país. Pero fue esa misma riqueza el motivo de su tragedia como contaremos más adelante.
Se comenta que las mejores muestras de aquitectura española de los siglos XVI y XVII del norte del Perú están en este pueblo aunque lo que haya por ver sean más que nada ruinas. Los lugares que se tienen que visitar aquí son sobre todo las vestigios que quedan de algunas de las iglesias que tuvo en la época colonial y que dan muestra de la magnificencia de la que alguna vez gozó. Hay que ir como ya dijimos al Convento de San Agustín (entrada 3 soles) que fue sin lugar a dudas la joya arquitectónica de este lugar. Fue construida en 1584 y abandonada en 1830. La entrada clásica aun deja ver lo imponente que debió ser el edificio y lo ricamente ornamentado que estuvo. Por momentos esta entrada, y varias de las otras que veríamos más adelante, me hizo recordar a las que habíamos visto el día anterior en Túcume Viejo. Dentro, los altos techos de sus naves, las paredes encaladas, alguna que otra moldura o adorno que ha sobrevivido a las catástrofes, el gran patio rodeado de arcos y otros detalles sirven de acicate para la imaginación del viajero que no puede dejar de sentir el estímulo y completar con sus sueños y fantasías aquello que el tiempo y la mano del hombre se ha llevado.
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| Ruinas del Convento de San Agustín - Zaña - Lambayeque |












