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La joya secreta de Lima: El Cementerio Presbítero Maestro

domingo, 25 de septiembre de 2016

El museo cementerio Presbítero Matías Maestro (antes Cementerio General de Lima) es para mí uno de los lugares más encantadores de Lima por la gran cantidad de arte e historia que contiene. Pese a ello es poco visitado incluso por los mismos limeños. Motivos hay varios: la poca costumbre que se tiene aquí de considerar a un cementerio un lugar digno de visitar y en el que se puede sentir placer estético, y quizás por su ubicación pues se encuentra en un lugar bastante venido a menos. Sin embargo vale la pena llegar allí y aquí te daré algunos consejos para que disfrutes la experiencia.


Cementerio Presbítero Maestro.
Cementerio Presbítero Maestro.
Cementerio Presbítero Maestro.
El Presbítero (que es como lo conocemos) se localiza entre las cuadras 16, 17 y 18 del jirón Ancash, exactamente en los Barrios Altos,  zona este del centro histórico de la ciudad de Lima. Fue inaugurado el 31 de Mayo de 1808, durante el gobierno del virrey Abascal quien ordenó al presbítero español Matías Maestro (de allí su nombre) iniciar la construcción de dicho camposanto.

Fue diseñado como “otra” ciudad ubicada fuera de la ciudad, principalmente por motivos de salud ya que los enterramientos intramuros (sobre todo en las iglesias) eran focos infecciosos. Y como toda ciudad moderna el cementerio cuenta con calles, cuarteles, plazas, adornos y jardines; con zonas segmentadas entre ricos y pobres; y se fue expandiendo tal y como lo hace una urbe.



Cementerio Presbítero Maestro.
Cementerio Presbítero Maestro.
Cementerio Presbítero Maestro.
Cementerio Presbítero Maestro.
El lugar posee 20 hectáreas y hay allí más de 800 tumbas y mausoleos, y 250.000 nichos. Su administración está a cargo de la Beneficencia de Lima Metropolitana, y es parte de la Red iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Además fue declarado Monumento Histórico Artístico el 18 de diciembre de 1972.

Actualmente la visita al Presbítero está más organizada que hace un tiempo aunque no deja de ser deficiente. Se debe pagar 7 soles por la entrada y lo primero que se pude visitar es el centro de interpretación en el que se puede ver una exposición interesante, aunque la gente que atiende allí no me pareció del todo amigable.


Cementerio Presbítero Maestro.
Si bien al inicio, en el centro de interpretación, hay un mapa en el que se te sugiere los puntos más relevantes del lugar (entiéndase los mausoleos más bellos o las tumbas de los personajes más ilustres) estoy seguro que cualquier persona que desee conocer el lugar porque sí (estos son los menos, la inmensa mayoría lo hace porque tiene allí algún familiar enterrado) tendría problemas en tratar de ubicarse en esa maraña de esculturas y tumbas.


Cementerio Presbítero Maestro.

Jirón Quilca : La calle de las maravillas

jueves, 14 de febrero de 2013


Hay muchas calles en Lima que están llenas de magia. Algunas solo tienen magia negra y muchas otras solo blanca. Pero algunas amalgaman sin roche ambas cosas, las luces y sombras, los ángeles y demonios callejeros que pululan en la capital peruana. Y una de esas calles es QUILCA que está ubicada a unos pasos de los manidos lugares donde se queda atrapada toda la movida turística. Si visitas Lima, anímate a cruzar por allí, rompe el límite y métete en territorio comanche, date un paseo por el lado salvaje, honey.


Distinta es esta calle hasta en su disposición. Mientras que todas, o casi todas, a su alrededor son rectas y sin grandes curvas esta es oblicua y entra como una lanza por el costado de uno de los centros de la urbe: la plaza San Martín. Por eso se dice que Quilca se ubica sobre lo que era parte del camino incaico que partía la ciudad en este-oeste y que Pizarro, ve tú a saber por qué misteriosas razones, respetó ese trazado. Así que si andas por allí te puedes hacer a la idea de que era la ruta por la que caminaban los antiguos peregrinos incas.

Jirón Quilca. Lima - Perú.
Cada vez que regreso a Lima tengo que ir sí o sí a andar por el centro y sobre todo por esta calle. Sea de día o de noche, no puedo dejar de andar por allí ya que es parte de mi educación sentimental. Cuando se despertó mi pasión por los libros y la lectura hice una especie de comunión con este lugar. No debo de haber sido el único, muchas bibliotecas de gente de mi generación, y de las posteriores, deben estar llenas de libros o revistas que salieron de las tiendas o puestos de esta calle en donde los empolvados y viejos estantes siempre guardaban para el lector curioso una joya.

Jirón Quilca. Lima - Perú.



Una visita al Museo de la Inquisición de Lima y el Congreso peruano

lunes, 28 de enero de 2013

Es sabido que al venirse al Perú los españoles  trajeron muchas armas, entre ellas el catolicismo. Tranquilos amigos bien pensantes y fervorosos creyentes, no enciendan todavía los fanales con el que suelen quemar a cuanto apostata se cruce en vuestro camino. He de decir que la religión católica también hizo lo suyo: le permitió a esta parte del mundo por fin tener una unidad, aunque sea religiosa; estimuló las ideas con las universidades que estaban a su cargo y permitió algo que hasta entonces nadie se había atrevido a hacer: adentrarse en la desconocida e ignota selva, allende los Andes, que se empezó a conquistar gracias a los misioneros.
Tales cosas le permitieron a la iglesia católica tener autoridad y ser considerada por el poder secular como una gran aliada en la defensa de las conveniencias de España. Así que ambos estamentos (el civil y el religioso) prohijaron una de las maquinas represivas más perfectas que se pueda imaginar: el Tribunal del Santo Oficio a través del cual velaron por la defensa de la fe y la moral y el orden público. Esta institución fue traída al Perú donde también castigaba delitos como aquellos que atentaban contra la fe (judíos, protestantes, mahometizantes), contra la moral (blasfemia, bigamia, brujería), o contra el mismo Santo Oficio. Además censuraba libros que pudieran ofender los dogmas católicos o los intereses del reino. Eso sí,  no tenía autoridad sobre los indígenas.



El tribunal extendía su inmenso dominio desde Panamá hasta Argentina. Inicialmente las sede desde donde dirigía tan amplio territorio estaba ubicado frente a la iglesia de La Merced en el jirón de La Unión (calle sobre la cual he escrito una entrada que puedes ver aquí) hasta que se adquiere el local cuya visita es motivo de esta entrada y que se conoce hoy como EL MUSEO DEL CONGRESO Y DE LA INQUISICION. Luego de abolida la Inquisición este lugar se convertiría en cárcel para presos políticos y comunes, luego pasó a ser cuartel y una parte de su local fue ofrecida a los bomberos de la compañía Roma,  la primera de Lima y que fue fundada en 1866 por la colonia italiana residente en el Perú. Finalmente este sitio se convirtió en sede del Senado hasta 1939.
Museo de la Inquisición. Lima - Perú.
La fachada neoclásica de este museo, hecha en 1897, desentona con todos los armatostes de cemento que se ubican alrededor. Es la  única cosa con algo de armonía en medio de esa convulsión perenne que es la avenida Abancay. Hasta allí se puede llegar muy fácilmente desde la Plaza de Armas de Lima en una caminata de 10 minutos.
Hay que esperar a la sombra de esta simpática fachada  a que se inicie una nueva visita (solo se permite el ingreso en uno de estos grupos que van con guías), las cuales empiezan cada 30 minutos, aproximadamente. La entrada es gratuita por lo que este es un lugar ideal para todo mochilero que quiere ahorrarse unos centavos haciendo y visitando algo distinto. La visita te lleva primero por un hall octogonal que da acceso a la Sala de Audiencias del Museo, un lugar donde  se simula la celebración de un juicio. En el centro de la mesa se ve sentado a un muñeco que representa al inquisidor, que es  escoltado por el fiscal y un asesor en materia teológica al que se le conocía como calificador. Ellos se dirigen al reo, quien se encuentra de pie frente a estos jueces. Pero lo más sorprendente de esta sala es el extraordinario artesonado mudéjar de 1750 y que tiene 30 mil piezas unidas con la técnica del machihembrado, es decir no se ha usado para juntar todas esas piezas ningún clavo.

Museo de la Inquisición. Lima - Perú.

Callejeando en Lima: desde el Palacio Francés hasta el Parque de la Exposición

martes, 22 de enero de 2013


Hace un tiempo publiqué una entrada sobre el JIRON DE LA UNION, una extensa calle peatonal que cruza todo el centro de Lima y que debería ser visitado por todos sí quieren tener un excelente acercamiento a la Lima de hoy. Ese recorrido terminaba en el PALACIO FRANCES, frente al CENTRO CIVICO. No hace muchos días aprovechando mi regreso a Lima estuve caminando de nuevo por allí y me pareció una buena idea continuar la ruta hasta el PARQUE DE LA EXPOSICION así que aquí vamos de nuevo, andando por la vieja Lima y proponiéndoles rutas no muy visitadas por los turistas, cosa que es una lastima porque estos lugares tiene mucho encanto.

Pues bien, empecemos a caminar desde el PALACIO FRANCES que ahora tiene otro color. Debe ser uno de los edificios art noveau más bonitos de la ciudad (por eso me gusta tanto) aunque visto de noche y con la pobre iluminación que tenía se veía más como un castillo digno de un conde rumano. Como nota interesante diremos que este edificio fue diseñado por el arquitecto polaco Malachowski, el mismo que hizo el Palacio de Gobierno y que fue el primer edificio de departamentos que se construyó en la ciudad.


Palacio Francés. Lima - Perú.
Frente a este palacio verás el brutal (por haber sido hecho en estilo brutalista) CENTRO CIVICO en donde sobresale LA TORRE LIMA, una de las más altas del Perú. Recuerdo haber caminado mucho por allí cuando era un pueblo fantasma. Era  tan oscuro y solitario que más parecía un lugar indicado para cometer un gran crimen o para que se te aparezca un fantasma. Hoy a los pies de este inmenso edificio hay un gran centro comercial donde nunca deja de haber gente y en el que puedes encontrar absolutamente de todo. Da gusto caminar por esa zona, la verdad.

Centro Cívico. Lima - Perú.
Centro Cívico. Lima - Perú.
Otro lugar que tendrás frente a ti, si miras todo desde el PALACIO FRANCES, es el inicio de lo que se conoce como el PASEO DE LA REPUBLICA que reemplaza a lo que era el antiguo camino por donde avanzaba un tranvía que unía Lima con los poblados del sur (Miraflores, Chorrillos). Ahora parte desde allí la Vía Expresa vía de alta velocidad que fue construida en los 60s y lugar favorito de los conductores limeños para accidentarse.

El Palacio Francés visto desde el Paseo de los Héroes navales. Lima - Perú.
El primer segmento de este PASEO DE LA REPUBLICA es llamado  PASEO DE LOS HEROES NAVALES, en el medio del cual hay toda un área ajardinada por el que se puede caminar aunque yo no vi ninguna entrada ni ninguna manera de cruzar hasta allí así que tuve que esperar a que no pasara ningún coche para saltar las cadenas (todos lo hacen) y pasear por ese lugar. Lo interesante en esa zona son unas esculturas bastante peculiares. Una de ellas es el conjunto llamado LAS LLAMAS (de 1935) y la otra LA YUNTA (de 1937) ambas obras fueron un regalo de la colonia China a raíz de la celebración de los 400 anos de la fundación de Lima. Son los conjuntos escultóricos más logrados del indigenismo, corriente artística muy en boga en aquellos años.


Visitando el santuario de Santa Rosa de Lima

miércoles, 20 de abril de 2011


Hubo un tiempo en que Lima no solo era el centro neurálgico del poder español en el nuevo mundo sino también el lugar desde donde se coordinaba la vida espiritual de un territorio que abarcaba desde Centroamérica hasta el Río de la Plata. Es por ello por lo que muchas de las órdenes religiosas europeas decidieron instalar en esta ciudad sus casas matrices y centros de educación y formación, y organizar desde allí misiones que saldrían a expandir sus creencia a todo un mundo nuevo y fascinante que estaba poblado de desiertos inacabables, gigantescas montañas y selvas infinitas. De ahí que como bien se dice en el libro LIMA (ediciones Mapfre, 1992) de Juan Ghunter y Guillermo Lohmann “la ciudad pudo jactarse de haber albergado a las primeros bienaventurados del nuevo mundo”.

Imbuidos como estaban los occidentales del misticismo azorado que mezclaba el oro y la cruz se dedicaron a ganarse un paraíso en la tierra, a costa de los indígenas que para ellos trabajaban en las minas, y en el cielo mandando a construir impresionantes iglesias, conventos, capillas y oratorios particulares. De hecho las cofradías, hermandades y órdenes religiosas se esmeraban en tener las mejores iglesias o conventos a modo de demostrar lo importantes que eran (es por eso que muchas de ellas estaban muy cerca de la plaza de armas de Lima, lugar donde se centraba el poder hispánico) y exponer su poderío a los indígenas y al mismo tiempo contagiarlos de su causa.

Foto tomada del blog Lima la única

Llegó el momento en que la Ciudad de los Reyes (nombre oficial de la ciudad antes de siquiera llamarse Lima) tenía tantos edificios religiosos que se la podría haber considerado la “Jerusalén del nuevo mundo” o la “Roma de las Indias Orientales”.  Hay que imaginar lo enfebrecida de misticismo religioso que viviría la sociedad limeña de entonces. La consecuencia de tan afiebrado sentimiento solo podría tener una consecuencia: la aparición de santos. Y la cosa no tardó en ser así.  De ahí que en medio siglo asombraran con “su santidad, ascetismo y virtudes taumatúrgicas”  (Juan Ghunter y Guillermo Lohmann, scripsit) personajes como Santa Rosa de Santa María y San Martín de Porres, además de otros como Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco de Solano (del que ya escribí en un post sobre el Rimac lugar donde vivió) y San Juan Masías. 

SANTUARIO DE SANTA ROSA DE LIMA. Lima - Perú.

Aldabas del centro de Lima

viernes, 25 de marzo de 2011


Lima más que una ciudad es un universo. Un rincón del extremo occidente que no se caracteriza precisamente por su homogeneidad. Allí prima la mezcla, la fusión, la reinvención. Pero la combinación de fuerzas extremas y distintas que la hacen una cosa peculiar no es algo reciente. Desde la llegada de los españoles  al valle del Rimac, donde otrora gobernara el cacique Taulichusco,  y la fundación de la ciudad como capital del virreinato del Perú, Lima ha sido una especie de tapiz infinito en el que se varias razas y costumbres fueron acoplándose como retazos de un todo. Los españoles que se encontraron con los nativos, los negros que vinieron como esclavos, los chinos que los reemplazaron y más tarde los japoneses. Y allí no acaba la cosa, los europeos pusieron su cuota al venir a sembrar sus sueños de inmigrantes y a cosechar fortuna en un país recién nacido.  Y desde allí hasta el siglo pasado en que medio Perú se vino a Lima y la mezcla siguió su curso: andinos, selváticos, sureños, norteños, y un largo etcétera.

Sin embargo entre todos estos grupos e influencias muchos olvidan contar a la presencia de la cultura árabe en el espíritu de la ciudad.  Pues sí, los hijos de Alá también pusieron lo suyo para darle sentido y forma a esta babel interminable: basta con ver los balcones limeños o los techos artesonados de los conventos e iglesias. Pero esta vez quisiera traer tu atención a un detalle insignificante y que pasa desapercibido por muchos pero que es otra evidencia de la ascendencia mora en el carácter de la Lima de antaño.

Hablo de las aldabas. Aquellos pequeños adornos utilitarios que cuelgan en las puertas de los edificios más emblemáticos de la ciudad y nos hablan de un tiempo en que más que un adorno eran un símbolo de poder. Se considera a los árabes sus creadores y los que se encargaron de llevarlo a la España conquistada y desde allí estos ornamentos dieron el salto hasta las casonas de Lima. También fueron utilizados en la Edad Media, cosa que se puede comprobar al ver las puertas de castillos y de muchas de las catedrales españolas y francesas de aquella época. Las casas de los notables españoles tenían en sus puertas aldabas de las más variadas y hermosas formas, de hecho el dicho hispano  “tener buenas aldabas” hacía alusión a ser parte de una familia privilegiada. 

Si al visitar Lima te das un largo paseo por el centro histórico de la ciudad y estás atento o atenta cada vez que pases por la portada principal de una vieja casona colonial seguro que te encontrarás con un bonito ejemplar. Míralos, aprécialos y si quieres tómales una foto; será un precioso recuerdo de una ciudad que te puede sorprender, para bien o para mal, hasta en sus más pequeños detalles.

Pablo


La mano de Fátima, símbolo islámico que representa la mano de la hija de Mahoma.



Lima en domingo: Danza la raza

lunes, 14 de marzo de 2011

Lima ha sido por mucho tiempo considerada por los viajeros como un lugar de paso hacia otros lugares asumidos como más “típicamente peruanos”. La idea no es del todo errónea ya que en el pasado la capital solía estar divorciada del resto del país, con los ojos más bien puestos en París y Londres y negando la impronta nativa de una parte de la cultura peruana que latía en los extramuros de la capital. Pero desde que en los años 50 del siglo pasado se iniciara la inmigración masiva de los provincianos, que desde distintas partes del Perú vinieron a Lima empujados por la pobreza y otras calamidades, la ciudad cambió su faz y ahora se podría decir que el Perú está en Lima. Es más, hay gente que dice que Lima es la “ciudad provinciana más grande del Perú”.

Esta gente no vino sola, sino que también trajeron sus modos de vida, su música, danzas y demás tradiciones las cuales si bien eran vistas con cierto desprecio por los limeños de entonces, con el correr de los años se han impuesto como una parte esencial del espíritu de la capital y hoy toman las calles de la otrora ciudad señorial y le dan un toque multicolor y festivo que la alegran, la hacen distinta, más vivaz.

La recomendación es esta. Si estás de visita por Lima anda un domingo al centro histórico ya que el lugar está más tranquilo. Caminando por esas calles con un poco de suerte encontrarás alguna procesión o festividad en donde participarán los inmigrantes de provincias o sus hijos (los nuevo limeños, entre los que estoy yo) danzando con sus ropas coloridas y al son de los ritmos andinos o selváticos y te sentirás como si estuvieras en las orillas del lago Titicaca viendo el desfile de la Mamacha Candelaria o quién sabe en una mini celebración que rememora a la fastuosa fiesta del Corpus Christi de Cuzco. Estas fotos te mostrarán que es así y que como ya te dije antes, las provincias peruanas están en Lima, esta ciudad es el caleidoscopio perfecto desde podrás tener una mirada general de este país llamado Perú.






Lima 3: El Rimac

sábado, 26 de febrero de 2011

Hay un lugar que entre muchas cosas tiene la capilla más pequeña del mundo, impresionantes casonas coloniales, una inmensa alameda adornada con esculturas de mármol de Carrara, viejas iglesias adonde van las mujeres a pedir el milagro de la fertilización, un hermoso y gran convento y hasta una enorme plaza de toros, que la tercera más grande del planeta, pero a donde nadie, o casi nadie, va.

Se llama el Rimac y aunque no lo creas está a unos minutos de la Plaza Mayor de Lima, justo donde vive el Presidente del Perú. Muchos dirían que ir allí es hacer deporte de aventura o alto riesgo en la misma ciudad y debe ser por eso que una visita a ese histórico lugar apenas se sugiere en los blogs o guías de viaje. Ni los mismos limeños se dan un tiempo para visitarlo por su fama de barrio bravo, “achorado” y caótico. Pero como todo, con tino y yendo en horas apropiadas seguro que la visita será gratificante como lo fue para mí y para mi esposa.

Si piensas visitarlo recomiendo ir acompañado, con lo justo y lo necesario, en horas de la mañana, eso sí evitar ir si estás visitando Lima en fechas previas a la navidad (en realidad toda Lima se pone peligrosa en navidad) o en los carnavales. Para llegar hay 2 opciones: en taxi desde la Plaza Mayor, por 5 o 7 soles, hasta el Convento de los Descalzos; o a pie como lo hicimos nosotros. 

Un domingo en la mañana sería un día perfecto para ir por allí ya que no hay mucha gente, las iglesias están abiertas y hay algo más de calma aunque a partir del mediodía y en la tarde los comercios abrirán sus puertas y la bulla que harán los parlantes de los vendedores de cedes piratas espantará cualquier concentración.

Para ir caminado hay que cruzar el famoso Puente de Piedra (Puente Trujillo) que está a la espalda del Palacio de Gobierno y que cruza el río que le da nombre al distrito. El Rimac empieza justo al otro lado. Aprovecho para decir que el nombre de Lima aparentemente viene de la voz Limac que es una corrupción de la palabra quechua Rimac que significa “el que habla” por lo que se le conoce al río como el “hablador”.

Pues bien, cruzando el puente empieza el jirón Trujillo que gracias a un proyecto de recuperación ahora es peatonal; se ha remodelado el suelo y las casas tienen las fachadas pintadas y limpias. Allí nomás, a la izquierda, embutida entre edificios más altos que su torre, está la capilla "Nuestra Señora del Rosario", también llamada “Capillita del Puente” y que se considera la más pequeña del mundo (cosa que no puedo confirmar) ya que sus dimensiones son de 5 m. de ancho, 12 de largo y 10 de alto. Dentro solo caben una fila de bancas largas y unos cuantos feligreses. Sorprende ver también en una de sus paredes la cantidad de placas de agradecimiento a San Judas Tadeo por algún milagro concedido. Sí que es dadivoso el santo; los que no lo son tanto son alguno que otro ladrón que ha entrado a la misma capilla tratando de llevarse algo de los feligreses; de nuevo, lo importante es la hora en que visites el lugar y estar siempre atentos. 

Capilla Nuestra Señora del Rosario, considerada la más pequeña del mundo.



Jirón Trujillo

Lima 2: El Jirón de la Unión

martes, 8 de febrero de 2011

Dicen que dijo: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, El Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo”, aunque no muchos están convencidos de que haya sido así. Pero otros sí le creen capaz de haberse despachado con una frase tan egocéntrica, ingeniosa y sobre todo veraz. Era Abraham Valdelomar, el escritor y dandy criollo que paseaba su figura por esa comarca que era Lima en los años 20 a 30 del siglo XX. Han pasado muchos años y creo que la frase sigue siendo tan veraz como lo fue en aquella época.
 
Decía yo que era una frase cierta porque para entonces, los años de la “Belle epoque” criolla, Lima era lo único que existía… para los limeños, claro. Para los capitalinos el resto del Perú era otro país, extraño, raro, bárbaro. Siempre había sido tal la incomunicación y el contraste que hasta Humboldt se animó a decir eso de que Lima está más lejos del Perú que de Londres. La vida cultural y social de la capital tenía como eje al Jirón de La Unión, calle larga que ha acompañado a la capital desde que fuera fundada.

Para mí caminar por esta calle era andar por un cementerio en donde sin embargo todo parecía estar vivo.  ¿Cómo que un cementerio donde palpita lo vivo? Sí, creo que es la mejor manera de definir al hecho de caminar entre los viejos esplendores de una Lima aristocrática que fue barrida pero que dejó como santo y seña de su vieja riqueza esos edificios tan vistosos que todavía se pueden ver. Y… ¿por qué fue barrida? Bueno, la vieja aristocracia limeña se mudó al sur al ver que las calles del centro eran tomadas por las olas de inmigrantes que desde los 50`s empezaron a llegar desde todas partes del país buscando la tierra prometida en la capital. Allí donde los viejos inquilinos dejaron sus hermosas casas entraron los nuevos invitados quienes al verse sumergidos en esta vorágine en donde no había espacio ni oportunidades para todos empezaron a buscarse la vida creando su propia subsistencia: comercio ambulante, comida, venta de animales, venta de ropa, venta de todo. Gente que salía a buscársela, como dicen en Perú, y tenían en la calle su centro de subsistencia y una de esas calles fue claro el Jirón.

La cosa ha cambiado mucho, en los años 90s se empezaron a recuperar las calles del centro y los comerciantes fueron desalojados. Sin embargo, aún es posible ver alguno que otro, sobre todo en la noche cuando las tiendas cierran y los policías municipales se han ido y sale a la luz otra Lima. La cosa está más ordenada aunque a veces parece un delirio, algo así como un "orden caótico", muy limeño.

Lo que ha quedado de ese abandono y ese nuevo uso que le dieron a esta calle los nuevos limeños es lo que ahora puedes ver: pequeños restaurantes, donde se venden pizzas de dudosa calidad, bien decorados con luces de neón y alguna foto de Pamela Anderson o Sylvester Stallone al lado de un edificio tan fantástico como la Casa Courret; o  la impresionante portada barroca de la Iglesia de La Merced en cuya entrada los vendedores de escapularios religiosos casi te obligaran a comprarles; pollerías al lado de palacios art decó y art noveau; tiendas de ropas baratas y museos; almacenes por departamentos en cuyas vidrieras ves lo último en televisores LED y demás tecnología y a unos pasos un ciego que con quejidos inentendibles pedirá una moneda.

En Lima está el Perú, claro que sí, porque todo el Perú se vino a Lima, a formar este coctel alucinante y explosivo que es ahora la población capitalina. De allí que sostenga que la frase de Valdelomar siga teniendo relevancia. Y aunque  la capital está ahora mejor conectada con el interior, aunque tampoco tanto, ya no debes irte por cada uno de las 25 provincias peruanas para que te hagas una idea global de lo que es el Perú, en Lima ya lo tienes y en el Jirón de la Unión está más vivo que nunca, aunque sobre la tumba de otra Lima, la desaparecida.  Sin embargo, no hay que renunciar a ver ese otro Perú fantástico que se expande entre los desiertos, las montañas y las selvas.

Si vas a viajar la capital peruana te recomiendo que visites esta calle y la camines de punta a punta. Así vas a tener la oportunidad de juntar dos de las plazas más bonitas del Centro (la Mayor y la San Martín) , ver las dos Limas (la que se fue y la de ahora) y, como ya dije, tener una idea de esta nueva sociedad peruana que ha ido tomando forma entre migración y esperanza. Así que si ya conociste la Plaza Mayor (en un post anterior escribí sobre ese lugar y sus alrededores, aquí) animante a caminar por el jirón o a “jironear” como decían los antiguos limeños. Hay mucha seguridad, aunque nunca falta algún experto ladrón que sepa sacarte la cartera sin que lo notes por lo que mejor lleva la cartera bien guardada, y la experiencia será enriquecedora y peculiar.  Aquí te doy unos puntos de referencia de esta calle para que les pongas atención para cuando visites Lima, o sea el Perú.  

Plaza Mayor de Lima. Perú
La calle, o el jirón, en verdad viene desde el puente Trujillo, que de cruzarlo te llevaría al barrio del Rimac del cual escribiré más adelante. El puente se ubica a espaldas del Palacio de Gobierno. Cruza por la entada (o salida, como se vea) del Correo y luego avanza por la Plaza Perú (donde otrora estaba el monumento a Pizarro) y pasa por los portales de la Municipalidad desde donde se puede ver la Plaza Mayor. Ahora entramos al jirón, es decir la parte peatonal, esa es la quinta cuadra.

JIRON DE LA UNION. LIMA - PERU.

JIRON DE LA UNION. LIMA - PERU.
En la cuadra 4, un edificio sobresale sobre todos los demás: La Casa Courret, donde tuviera su estudio el célebre fotógrafo francés a cuyas imágenes debemos el hecho de tener una idea de la Lima de fines del XIX y de principios del XX retratada en blanco y negro. En el estilo arquitectónico de esta casa se puede apreciar cierta influencia francesa (art nouveau), aunque otros dicen que es más bien ecléctico. A mí por momentos me daba que pensar en una escala humilde (muy humilde) en el movimiento que parecen tener los edificios de Gaudí. La parte baja está ahora ocupada por una tienda de ropa. Las ventanas de los balcones muestran el deterioro que ha sufrido este edificio: se han puesto cartones y maderas con muy mal gusto para cubrir la ausencia de vidrios. Pese a ello es uno de mis construcciones favoritas. 

CASA COURRET. JIRON DE LA UNION. LIMA - PERU.

Lima 1: Callejeando por el Centro Histórico

jueves, 27 de enero de 2011

Cuando volví de Londres a vivir a Lima de nuevo me prometí que la recorrería tal y como caminé por Londres: como un tipo que estaría de pasada y quería ir viendo y escribiendo sobre los sitios de la ciudad como si fuera la primera vez que la viera. El trabajo y los viajes apenas me permitieron escribir algunas cosas, me quedan pendiente para cuando vuelva unos posts sobre el Callao, La calle Capòn (calle China), los cafés de Lima y hasta los cines porno... siempre me han gustado las cosas bizarras. Bueno hasta entonces pondrè aquí lo poco que pude recopilar sobre la ciudad en que nací. 


Como en muchas ciudades de fundación hispánica en América,  la Plaza Mayor de Lima (o Plaza de Armas como se le conoció por un tiempo) es el sitio con más historia. Si bien su importancia económica decayó mucho y varias familias ricas decidieron irse a vivir al sur, es ahora un lugar que se tiene que visitar y que guarda un encanto peculiar gracias a la recuperación de sus espacios que se ha llevado a cabo en los últimos 10 años, y vaya que se nota la diferencia.

Aunque de la época colonial queda poco, los terremotos y los limeños han hecho cada cual lo suyo por traerse abajo lo de histórico que aquí había, felizmente quedan algunas cosas que nos traen el recuerdo de esas épocas en que Lima no era más que un villorio destinada a ser la joya de la corona. Lo que nos puede dar idea de cómo era la ciudad son la fuentes de agua de 1651, algunas partes del pórtico de la Catedral y la Casa del Oidor que está en la esquina entre el Palacio de Gobierno y el Palacio Arzobispal, una casa amarilla de balcones verdes.

Es aquí, en este cuadrado imperfecto, donde  pasaron algunos de los sucesos más trascendentales de la historia peruana. La fundación de la villa, que luego sería capital de un virreinato más grande y rico que el reino de España, se dio en esta plaza; la fundación de la ciudad en la línea costera peruana fue en desmedro de la relevancia que los andes tenían hasta entonces como lugar de suma importancia: el Cusco imperial ya no sería más la ciudad más importante del reino y de paso también cambió la historia económica puesto que sería la costa, y sus ciudades y habitantes, los que desde entonces ejercerían su influencia en el resto del país. 



Aquí se llevaban a cabo las primeras corridas de toros del sur del continente y se castigaba a los condenados por la Inquisición; aquí habría una feroz batalla entre los incas rebeldes, que trataron de destruir la capital descendiendo desde el cerro San Cristóbal, y los españoles que a poco estuvieron de ser arrasados; aquí se celebraban las misas y las procesiones cada vez que un terremoto se traía abajo la catedral; aquí vendría la gente a comprar y vender lo que se pudiera; aquí se proclamaría la independencia del Perú y se prepararían los ejércitos para salir a luchar contra los españoles (de allí su nombre de Armas); en las torres de la Catedral serían colgados los cuerpos, luego de haber sido linchados, de los hermanos Gutierrez que asesinaron al Presidente Balta en el siglo 19, en fin. No pararíamos de reseñar los muchos sucesos históricos que se llevaron a cabo aquí, así que disfrutemos de andar por esta bonita plaza que ha sido bien recuperada y que guarda entre sus rincones muchos secretos y sitios de interés, que nosotros iremos descubriendo juntos.

Allí está la Catedral y su museo que vale la pena visitar, es un hecho que los domingos va a estar abierta así que si vas un fin de semana la podrías visitar gratis por dentro. Está sitiada sobre lo que fue un templo inca, de allí el desnivel, y en su interior están los restos de Francisco Pizarro fundador de la ciudad. En el atrio solía estar una estatua ecuestre del conquistador que fue removido a una esquina de la plaza (hoy Plaza Perú, al lado del Palacio de Gobierno) y de allí lo llevarían hasta el Parque de la Muralla que visitaremos más tarde.

Al lado de la Catedral está el Palacio Arzobispal, que es de moderna factura pero que fue construida en estilo Neo Colonial, en la primera mitad del sigo 20, de allí que su balcón sea uno de los más hermosos de la ciudad. 



Al frente está el Palacio de Gobierno, lugar en el que a las 12 del mediodía, todos los días, puedes ver el Cambio de Guardia. Vamos que no es Buckingham pero vale la pena verlo. El palacio también es moderno, el anterior se incendió en 1921, pero está en el lugar donde los españoles encontraron la residencia del curaca que administraba la ciudad, Taulichusco, y que Pizarro tomó como vivienda para poder controlar las aguas del río Rimac que está a las espaldas del palacio. Esta residencia se convirtió así en el centro del poder español en América y también en escenario del primero, de los muchísimos, golpes de estado: los ex amigos de Pizarro, los almagristas, le atacaron en el recinto y le mataron, dicen que con una espada le cruzaron la garganta. El palacio se puede visitar por dentro ahora, pero hay que inscribirse en una lista con anticipación.

Y para cerrar el conteo de edificios, veamos el Palacio Municipal, que dicen que fue cárcel. Se incendió también y se construyó un estilo más moderno en 1940. Está cortada por un pequeño pasaje que se llama Santa Rosa. En su interior hay una pinacoteca, una biblioteca muy vistosa en donde se guarda el Acta de fundación con la firma de Pizarro (o su garabato, él era analfabeto) y una piedra lunar que unos astronautas le regalaron a la ciudad.



Sugiero tomar justamente el pasaje Santa Rosa y disfrutar de la vista de los balcones de la Municipalidad; esta parte peatonal es una de las más bonitas  del centro. Ahora hay muchos restaurantes y cafés que son más caros de lo que usualmente son los negocios del Centro pero bien valen la pena. Recomiendo el Tanta.

Doblando a la derecha se va hacia el edificio de Correos,  con una fachada de estilo entre clásico y ecléctico, en su interior está el Museo Filatélico,  de visita gratuita.  Detrás del edificio está una galería de tipo afrancesada que visitaremos más tarde.  Se baja por la calle Conde de Superunda, media cuadra, y se llega hasta la esquina con Camaná, en donde tenemos cosas más que interesantes por ver.



A la izquierda una plazoleta pequeña donde se ve una escultura en bronce hecho en honor al “lustrabotas”, que es un personaje característico de la ciudad. En esta plaza están las Galería Santo Domingo en donde venden toda clase de souvenirs y recuerdos a precios mucho mejores que los que usualmente se encuentran en el Inka Market de Miraflores o en las Ferias Artesanales de la avenida La Marina. Visita recomendada si tu onda va por lo de llevar media maleta llena con recuerdos hasta para el amigo del amigo de un amigo. 


Y a la derecha está la Iglesia y Monasterio de Santo Domingo, un sitio de obligada visita.  La iglesia más visitada es la de San Francisco con sus catacumbas pero a modo de conocer un lugar más secreto y donde uno puede andar por libre sin necesidad de guía y dándose sin apuro una idea de lo que era vivir en el claustro de una de las muchas iglesias de la ciudad  pues este es el lugar. La entrada es 5 soles y el Convento está excelentemente conservado.

Pero vayamos por partes. Primero está la pequeña Capilla de la Veracruz, no es de mucho interés pero se dice que allí se guarda una astilla de la Cruz de Cristo. Hay unas esculturas interesantes. Luego recomiendo conocer la iglesia de Santo Domingo. Su torre es una de las más altas de Lima, dicen que fue diseñado por el virrey Amat para tratar de impresionar a su amante, una adolescente Micaela Villegas, La Perricholi. La estructura del iglesia es la más antigua y en su interior entre otras cosas peculiares podemos ver los cráneos de Santa Rosa y san Martín, santos Limeños dominicos, además hay una hermosa escultura hecha por Caraffa que representa a Santa Rosa yaciente, esta obra debió conmover a los limeños de entonces pues la trajeron desde el puerto del Callao entre procesiones y lágrimas cual si fuera la misma monja.  



Luego visitemos el Monasterio, cuya entrada está un poco más allá. De entrada sorprende una habitación que tiene un techo artesonado que es extraordinario y algunas reliquias y adornos. Continuamos y allí está el claustro principal en cuyas paredes, cubiertas de azulejo sevillano de 1606, hay pinturas representando la vida de Santo Domingo que fueron los primeros cuadros con tendencia naturalista que llegaron a Lima y que tuvieron gran  influencia en el arte limeño virreinal. La tranquilidad y silencio que aquí se siente hace un fuerte contraste con todo el bullicio que hay en las calles.

Aquí se puede visitar un hermoso salón en donde se reunían los monjes a debatir y en donde los postulantes a recibir el grado de doctor por la universidad de San Marcos, la más antigua de América y que empezó a funcionar aquí en el claustro de Santo Domingo, exponían sus ideas y recibían la aprobación del virrey y los profesores.

El segundo claustro es menos impresionante pero al menos mantiene viva la sensación de tranquilidad y recogimiento.  Por allí se llega a la Capilla de San Martín, donde están sus restos, y donde se puede ver una urna llena de papelitos que los creyentes le han escrito al santo pidiéndoles favores. A la entrada de esta capilla hay un par de pinturas que representan los milagros que hicieron posible que Martín fuera considerado santo. Cosa que sucedió en el siglo 20, a diferencia de Santa Rosa que fue canonizada durante el siglo 17. Se entiende que al ser blanca y de hija criolla fuera aceptada con prontitud como santa, además era una jugada maestra de la Iglesia, de ese modo se ganaban los favores de la clase criolla que ya empezaba a dejar a sentir su influencia. 



Cosa interesante es el Osario que está en el subsuelo y que se puede visitar, allí están los restos de muchos monjes dominicos y más allá, separada, los de San Rosa. También hay una biblioteca a la que no se puede visitar, solo ver por los cristales.

Al salir del Monasterio recomiendo no ir por el sitio por el que se ha venido desde la Plaza sino más bien tomar la Galería del Correo, que es una paseo que parece recordarnos a un sitio parisino. Muy elegante y vistoso, lleno de puestos donde te ofrecen postales, cartas, sobres, peluches y posters del Che. Interesante.



Olvidaba decir que por la misma calle Conde Superunda, se puede seguir caminando una cuadra más hasta llegar al Palacio de Osambela, que es un clásico poco visitado. La entrada es gratuita y si no hay reunión alguna el guardián, que es un tipo muy buena onda y conocedor del lugar, te dejar ver el sitio, a la salida es bueno dejar una propina. Desde la parte alta del palacio dicen que el Conde veía con un catalejo la llegada de los barcos al Callao. Los balcones del palacio son muy grandes y están bien conservados. El palacio es una excelente opción ya que casi todas, sino todas, los edificios coloniales de Lima están cerradas al público.



Volvemos a la salida del paseo del Correo. Salimos y llegamos de nuevo hasta el Palacio de Gobierno, por su parte lateral; hay que volver a la plaza, doblando a la derecha, y luego a la izquierda,  y caminamos frente a la fachada del Palacio esperando no tener la mala suerte de ver al Presidente. Luego, al terminar de pasar todo el edificio, volteamos a la izquierda, calle Carabaya, y no nos detenemos hasta donde termina, que es a una cuadra.



Frente a ti tendrás la estación de trenes de Desamparados, llamado así porque antes había allí una iglesia con ese nombre. El lugar es célebre, desde allí partía, todavía parte pero en visitas esporádicas, uno de los trenes más altos del mundo. Ahora ya no funciona como estación sino como Casa de la Literatura, es un buen pretexto para entrar a visitar el lugar y ver su estructura y sus espacios y quién sabe conocer un poco de la literatura peruana, ahora que producimos premios nobel  =)   Al fondo hay un café en donde hay diarios y revistas a la mano, buen lugar para matar el tiempo y buscar algo de sombra cuando el sol limeño castiga.

Saliendo de la estación, frente a nosotros y en toda la esquina, verás al mítico Bar Cordano de cuya historia ya he hablado en una crónica de los bares del centro de Lima.  Hay que voltear a la izquierda, por la calle Ancash, y seguir hasta llegar a la iglesia que vemos al fondo: La Iglesia de San Francisco, la más visitada y turística de todas. Vale bien la pena una visita, yo no pongo nada aquí porque ingente información encontrarás en la web. De todos modos, si estás harto o harta de los grupos el de Santo Domingo viene mejor.

Frente a la iglesia de San Francisco, en la esquina de Lampa y Ancash, hay un café que se llama Cesar, uno de mis favoritos y de lo mejor. Sencillo sin ser cutre, buena sazón, excelente atención. Tomarse un café allí en la noche, mirando la iglesia de San Francisco iluminada es algo muy bonito de hacer. Pero volvamos, ya estamos frente a la Iglesia si has entrado bien y si no tienes ganas de iglesias ni de huesos pues dobla a la izquierda, por Lampa, y camina una cuadra hasta que llegues al parque de la Muralla.

Un espacio que no es muy antiguo y que casi parece un milagro. Está a la vera del famélico río Rimac, en donde antes solo había basurales por lo que se agradece que este parque haya aparecido como una cosa gratamente inesperada. Lima había sido siempre una ciudad amurallada debido a que los corsarios la querían exprimir. Como una ciudad medieval fue creciendo y creciendo hasta que no se pudo más y en 1870 se traen abajo las murallas y la explosión empezó hacia todas partes, sin coordinación Lima fue creciendo hasta convertirte en la ciudad amorfa que es hoy.



El parque de la muralla es un lugar al que siempre me ha encantado ir y de los que más extraño. Hay mejores parques pero este es encantador por razones que no puedo explicar. Quizás es la historia, una Lima que fue, una Lima que es: las murallas guardando lo colonial y aquello que está más allá de los extramuros es lo nuevo, lo amplio, lo extraño.

De entrada nos recibe el monumento a Pizarro que movieron desde la Catedral y luego desde la Plaza. Su remoción causó controversia. Pizarro es un personaje que despierta de todo. Hay una copia de este monumento en Trujillo, Extremadura, donde nació don Pancho. El contexto histórico en que fue puesto este monumento en la plaza es bastante interesante. Inicios del siglo 20, las élites peruanas, muchos descendientes de españoles, ven amenazada el status-quo al emerger fuerzas obreras, indigenistas y de izquierda. A modo de mandar unas señales de poderío y de demostrar quién manda a quién empiezan con una retórica de dominación: ponen el monumento en el atrio de la Catedral como símbolo del poder que representan. ¿Quién dijo que las estatuas no hablan? Era una Lima occidental, con ínfulas de ciudad europea, que se veía más representada en Occidente que en el Perú que estaba más allá de Lima.

Finales del siglo 20 y principios del 21 y ya vemos que Lima no es más una ciudad que se reconoce europea o que intenta serlo. Es una ciudad que ha sido tomada por nuevas fuerzas, por nuevas gentes: los provincianos y sus hijos llegaron y pusieron a la ciudad y su idiosincrasia hispánica patas arriba. Lima es una ciudad de inmigrantes andinos que han traído su cultura, expresiones y deseos de superación. Le han cambiado la cara a Lima que debe ser ahora la ciudad más andina del Perú o la más mestiza. Si alguien quiere ver al verdadero Perú, pues que se dé un buen paseo por Lima que está aquí vivito y coleando. Cuzco está bien para ver la grandeza de un Perú que ya no existe, que desapareció con la llegada de Occidente y los hijos de ese Perú que desapareció están en Lima y como esta ciudad ahora de es de ellos pues parece justificado que se haya removido la imagen de Pizarro que al fin y al cabo representa el dominio y el dolor de los ancestros de los nuevos inquilinos de esta ciudad. ¿Por qué no permitir mover la estatua si los nuevos dueños así lo quieren?



Pizarro es un tipo que vino, fundó una ciudad, conquistó un mundo, mal que nos pese es parte de la historia y la sangre peruana así que eso de destruir el monumento no está bien, en mi opinión. Un lugar como en el que está ahora don Pancho le viene bien. Al final y al cabo el Perú ahora es un país que participa del concierto internacional, donde imperan ideas modernas  venidas de occidente y fue Pizarro el que inició ese proceso.

Desde el parque de la Muralla se puede ver el Cerro San Cristobal. Un estampa clásica de la ciudad. Cada vez que veo fotos de Lima y no veo el cerro me parece que la ciudad no está completa. No es el Pan de Azucar, ni una belleza semejante pero es parte importante de la historia limeña y peruana.  Se sabe que Quizu Yupanqui, general de Manco Inca, el rebelnde que se enfrentó a los españoles en los primeros años de la conquista, envalentonado y resuelto, decidió tomar la capital de Nueva Castilla. Es agosto de 1536, 25 mil nativos cubren la superficie del Cerro San Cristóbal, profieren gritos, azuzan el miedo en la flamante capital del virreinato. Pizarro, ordena que los tesoros obtenidos hasta entonces en el espolio sean enviados al Callao para ser depositados a buen recaudo en Panamá. Quizu Yupanqui hace jurar a sus hombres que ese día las alternativas se reducen a dos: muerte o victoria. Seis días han pasado entre escaramuzas y enfrentamientos a la distancia. Los incas tiene de prisioneros a los Lurinhuancas pero escapan y se ponen a órdenes de Pizarro quien ya contaba con 193 jatunsausinos, gente de otra etnia. 



Hasta que los nativos se deciden y vadean el río Rímac y entran por el oriente de la ciudad gritando “¡A la mar barbudos!”. Un océano de cabezas cayendo sobre la ciudad como una avalancha desproporcionada sobre el mundo, cuerpos cobrizos se abren paso entre los cercos que se han puesto para defender Lima, aterradores gritos de guerra se confunden con los llantos y ruegos de piedad. Al entrar al corazón de la ciudad los nativos son embestidos por los jinetes que el siempre hábil y experimentado Pizarro había colocado estratégicamente: caos. En el fragor de la batalla, Martín de Sicilia, uno de los jinetes, aprovecha la confusión y se acerca hasta Quizu Yupanqui, lo atraviesa con una lanza hiriéndolo terriblemente. Los castellanos se imponen y los guerreros indígenas, confundidos, incapaces de obedecer a tantos jefes, se retiran, atraviesan el río y esperan de nuevo en el cerro San Cristobal por 4 días. Manco Inca no manda ningún jefe como reemplazo, sus huestes no esperan más y deciden regresar a las sierras. Lima se había salvado de ser destruida.

Otras historias refieren a que en su cúspide fue colocado un cañón a finales de 1880 para aprovechar su ubicación estratégica y repeler (o tratar de) al ejército invasor chileno. Su gris superficie (qué otro color podría tener en Lima) fue alterada con la llegada de los migrantes de provincia a mitad del siglo pasado. Gente que creó sobre este montículo su propio espacio para edificar sus sueños hasta convertirlos en realidad o en pesadillas. Durante la guerra civil de los 80s fue reducto, como muchos otros cerros, de los terroristas.

Como vemos el San Cristóbal ha sido siempre un acompañante fiel de Lima, a su sombra este valle de lágrimas ha nacido y ha crecido, se ha desparramado y ha mutado. Del villorrio insignificante que fue hasta este trasatlántico a la deriva con forma de megaciudad que es; han pasado muchos años y el único que no ha cambiado mucho es el cerro.

Se puede visitar El san Cristóbal en uno de los URBANITO, buses que puedes tomar en la plaza y que por unos cuantos soles (guía + movilidad) te llevan hasta la cima mientras los guías te cuentan la historia de Lima y algunas anécdotas bastante graciosas aunque ya bastante gastadas. Se habla del proyecto de un teleférico. Hay que pasar por las calles estrechas del cerro, ese micro universo que es el San Cristóbal, ver sus 14 cruces que son usados como paradas para el “Vía Crucis” que aquí se representa en semana santa. Todo desde tu minibus, porque valgan verdades, nadie tendría las suficientes agallas para llegarse a la cima caminando, se sabe que ha habido asaltos así que no hay modo. Sin embargo llegar a la cima, donde sí hay seguridad, y observar la inmensa cruz construida en 1928 y al mismo tiempo mirar desde allí al monstruo cubierto de miles de luciérnagas artificiales es un espectáculo notable. Lima de noche, mirada a lo lejos, parece tan linda.

En fin, no les canso más. Ya continuaré con más visitas por el Centro de Lima y espero que sirva lo que aquí escribo para ustedes.

 Pablo

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