Uno de los motivos por los que me gusta Alemania es porque muestra al mundo su nobleza como país creador de cultura en extraordinarios y grandiosos museos. Pero también me gusta porque exhibe sin pudor lo más horrendo que ha creado como sociedad: la espantosa ignominia nazi. Pero no lo hace de modo solapado, vacilante o edulcorando lo horrible sino en los propios lugares en donde ese régimen de locura y destrucción llevó adelante su industriosa maquinaria de odio y muerte. Hacer eso habla bien de la “salud” interna de un país, de su deseo de verdad, de su capacidad para avivar la memoria de lo que sucedió y no tiene que repetirse.
Alguien podría decir que a los alemanes no les quedaba otra y tenían que mostrar aquello que ocurrió porque había demasiadas pruebas tangibles y ocultarlos habría sido negar lo innegable. Sin embargo, cuántas cosas que no se pueden negar en el mundo se niegan de modo categórico y apenas se recuerdan. Pienso en las matanzas armenias; en la carnicería balcánica; en el horror que los ejércitos de las superpotencias han ido dejando como una estela indeleble allí en donde se han metido a “ordenar las cosas”; en el holocausto indígena de las Américas y pienso también en las masacres en las que murieron y desparecieron miles de peruanos durante la “guerra civil” de los 80´s y 90`s.
El hecho de que existan museos o memoriales en toda Alemania como el de DACHAU es un ejemplo que muchos países deberían seguir. Pero no se hace. En el Perú, por ejemplo, solo se ven museos en donde se alude a nuestra grandeza como cultura milenaria, a los grandes logros artísticos de nuestros antepasados, a la variedad y riqueza de nuestra naturaleza, a la culpa que tuvieron “los de afuera” en muchas de nuestras desgracias pero no hay un solo lugar en donde se quiera recordar todo aquello de execrable, degrado, retrogrado o salvaje que como sociedad hemos vivido y creado: los miles de indígenas muertos durante la época del caucho; otros tantos más que fueron erradicados de sus hogares para que las industrias extrajeran de las entrañas de sus tierras la riqueza de la que otros se servían; los miles y miles de cadáveres de hombres, mujeres y niños que se vieron atrapados entre la pólvora y el fuego del desquicio y la inquina con la que se enfrentaron militares y terroristas durante la guerra de finales del siglo XX y que ha quedado como una herencia de pesadilla que no queremos ni aceptar ni asumir. Pido disculpas al (improbable) lector de este blog por meter en este escrito que trata sobre una campo de concentración alemán un tema que tiene que ver con el Perú pero es que mi país es una enfermedad que arrastro, aunque no lo quiera, y es el venero de donde he bebido las ideas y razonamientos con los que miro, perplejo, al mundo.
En mi país sería impensable que por nuestra propia iniciativa construyésemos un lugar como DACHAU. A nosotros no nos gusta recordar, las verdades se dicen siempre en voz queda o se prefiere pasar página cuando incomodan a algunos. Como en muchos otros sitios allí la verdad oficial es una cosa de jerarquía: la dicta quién tiene más poder y la impone ocultando los cadáveres bajo la alfombra. Los cobardes que saben, miedan bajo la luz, como dice el gran poeta Juan Gelman. Tenemos que esperar que el gobierno alemán nos aliente (dinero en mesa) a hacer un museo o espacio en la que podamos recordar los aciagos tiempos de la última de las guerras internas en las que el país se desangró para ver el ahínco y la furia con la que nuestros cavernarios y retrógrados (madeinPerú) reaccionan cuando de recordar nuestras infamias se trata.
Conocer el CC Dachau es una experiencia que se debería vivir alguna vez; es una vivencia tremenda pero no te deja indiferente y dispara en ti ideas, preguntas, cuestionamientos y, tengo que reconocerlo, pesimismo a raudales.
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
La JOURHAUS o entrada principal de este ex campo de concentración fue un leviatán que con sus fauces de hierro se tragó a miles de personas. Muchos de los que entraron por allí no volvieron a salir y antes de cruzar ese umbral vieron escrito: ARBEIT MACHT FREI o EL TRABAJO TE HARA LIBRE. Me pregunto si quien entonces llegase y viese ese mensaje imaginaría que la frase era una promesa de liberación real; que era necesario esmerarse y hacer todo lo que dentro se le exigía porque la estancia allí no iba a ser larga y pronto iba a ser liberado. Cosa que no sucedió con muchos que tuvieron que dejar dentro sus huesos. Aunque, si consideramos el horror que allí se vivió, salir muerto después de todo debió haber sido liberador.
La primera parada es en lo que fue un edificio administrativo que hoy hace las funciones de centro de interpretación. Allí se pueden ver mapas que nos dan a conocer la ubicación de los campos de concentración en toda Europa; una colección de afiches que solía usar el aparato publicitario nazi y una detallada explicación de la historia del nazismo y de las causas de su arribo al poder. Hay también ingente material fotográfico que como postales enviadas del peor de los infiernos nos grafican, en blanco y negro, la ejecución del horror: imágenes de los experimentos científicos que se hicieron y otras en donde se ven pilas y pilas de cadáveres, como si estuvieran en una escombrera, como si fueran el deshecho del día, puestos allí en buen sitio para que vengan los del servicio de limpieza y se los lleven.
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
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| Campo de concentración de Dachau. Munich - Alemania |
El visitante va pasando de un salón a otro como si estuviera caminando por una colección de horrores. Las paredes están desconchadas y no tienen adorno alguno; las luces de los focos le dan al ambiente un deprimente tono frío, como si se estuviese en un hospital. En uno de los salones del centro de interpretación se hicieron unos trabajos de reparación de paredes y se encontraron bajo la costra de la pintura que se les había añadido una frase que los nazis habían escrito: RAUCHEN VERBOTEN o PROHIBIDO FUMAR. Es irónico, pienso, allí donde se prohibía fumar se permitían otras cosas: matar, matar y matar.