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Día de los muertos en el Perú - II: el cementerio (2da parte)

domingo, 30 de octubre de 2011



EL DIA DE LOS VIVOS

Hace calor y un heladero es en este cementerio más solicitado que un cura; aparece uno que empuja con incomodidad la bicicleta atascada entre el polvo y las piedras; la gente le rodea como a un oráculo. Le compro un helado y conversamos un poco luego le pregunto cómo va el negocio: “Hoy salgo grueso, hay que aprovechar a los muertitos”.


Al lado de unos nichos veo una sombrilla de colores encendidos y debajo a una mujer atrincherada entre ollas y cacerolas de gran tamaño que usa las tumbas como un mobiliario extraño para poner algún cucharón, un cajón, un balde o un plato. Mientras que esta mujer va escogiendo presas encebolladas y trozos de papa de una gran olla y los sirve a los comensales reunidos alrededor de un nicho como en un pic-nic dominical, una chica joven sale rauda a todos los rincones del cementerio cargando cajas de cerveza que los visitantes le solicitan, toda la tarde haría lo mismo. “Amiguita, una caja de cerveza”, “Amiguita, tráete pa´ca una gaseosita”; salud por los ausentes… y por los presentes también, claro está.

Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Se me acerca un niño llevando una botella con agua y una escoba, en los bolsillos de su pantalón raído se apelotona una franela: “Seño, le limpio a su muertito”. Su cabeza parece un trapo exprimido arrojando gotas de sudor por los surcos en su piel cetrina, tostada por vivir expuesto el peso solar de todos los días. Cobra 50 céntimos por limpiar las tumbas con sus pequeñas manos, dándoles, al menos por un día, un aspecto menos doloroso. Le doy unas monedas y no le pido que limpie a mi muertito porque yo tampoco lo encuentro. Me mira extrañado y se va a ofrecer sus servicios a otras personas.

Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.
Día de los muertos en Perú, cementerio de Carabayllo - Lima.


Día de los muertos en el Perú - II : el cementerio (parte 1)

viernes, 28 de octubre de 2011


"Aya quiere decir difunto, es la fiesta de los difuntos, en este mes sacan los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo, y le dan de comer y beber…y cantan y danzan con ellos, y le ponen unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plaza, y después tornan a meterlos en sus pucullos dándole sus comidas y vajilla… y le dan sus carneros y ropa y los entierran con ellas y gastan en esta fiesta muy mucho.”


Felipe Guaman Poma de Ayala en su “Nueva Crónica y buen gobierno” - Libro I (1610-1615)


Cruzo de sur a norte la ciudad. Dejo Surco y Miraflores (ver entrada anterior) y tomo un colectivo rumbo al lado norte de Lima hasta llegar a Carabayllo distrito donde la mayoría de la población es de procedencia andina, gente que llegó a la capital en la mitad del siglo pasado y que poco a poco fueron tomando posesión de los terrenos que circundaban la vieja capital del virreinato español: así convirtieron la gran capital en una megalópolis, la insertaron en la nueva modernidad a la velocidad de un rayo dándole una nueva identidad, un nuevo carácter. Toda esta gente llegó con casi nada pero llena de sus tradiciones: trajeron sus dioses, sus costumbres, sus comidas, sus sueños, su cosmovisión. Por ello es que los barrios populares alejados de los espacios cosmopolitas de Lima tienen una cultura diferente, un modo de ser radicalmente distinto. He allí mi interés (aparte de otros más personales) por ir a un cementerio que estuviera en esa periferia porque sabía que podía encontrar otro modo de asumir la muerte, menos occidental y globalizada, mucho más auténtica.


CEMENTERIO PERIFERICO


Me bajo de la combi a la altura del kilómetro 18 de la avenida Túpac Amaru, luego tomo un mototaxi que sube por la avenida Merino. Bajo y frente a mí aparece una calle sin asfalto que trepa sobre un terreno ondulante. “Por aquí se va al cementerio profe” me dice el muchachito que maneja, imagino que no tiene brevete, pero también imagino que tiene que ganarse la vida. Algunos comerciantes han levantado sus toldos para vender platos de comida desde un sol. El olor a fritanga se confunde con el de las flores. Más allá unos hombres con las camisas desabotonadas beben como en cualquier domingo escuchando al grupo Néctar que toca desde el cielo, con cariño. Los mototaxis pasan raudos llevando y trayendo personas, haciendo maniobras avezadas en medio del gentío para no atropellar. Subo por la calle y el camino dobla a la derecha y sigue trepando hacia una quebrada seca. Aparece la entrada al cementerio sin nombre que no es sino la ladera de un cerro. Un espacio ganado a la pétrea dureza del suelo para enterrar a los muertos. ¿No eran los cerros los espacios sagrados de los antiguos peruanos? ¿Los lugares donde moraban los dioses, donde vivían los antepasados?

Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú
Día de los Muertos en el cementerio de Carabayllo. Lima - Perú


Detrás del mismo improvisado camposanto muchos otros caminos trepan hasta las cimas más altas de la pobreza, donde las casas se han construido con esteras, latones o endebles maderas. Tía Fortu me diría más tarde: “Cuando llegamos aquí sólo habían 5 muertitos, eran niños nada más. Pero un día llegó una enfermedad de diarreas, es que teníamos problemas con el agua, sólo nos traían cada 15 días por eso íbamos al río a traer agua, eran los 60´s y así murió mucha gente y entonces el cementerio empezó a llenarse.” Se lamenta que sólo haya guardián hasta las 6 de la tarde porque la noche no viene sola: “vienen los fumones, los choros”. Ha mandado a poner rejas, plantas muy bonitas en las tumba de su esposo que otros se han llevado, cosa que me confirma la idea de que sólo hay que temerle a los vivos.



Día de los muertos en el Perú : las Tantawawas

domingo, 23 de octubre de 2011


Lo recuerdo bien. Los últimos días de octubre llegaban desde Ayacucho “las encomiendas” que nos mandaba Mama Chela: una caja de cartón que mi madre abría cuidadosamente como si tuviera en su interior frágiles joyas. Yo estaba a su lado mirando con curiosidad: primero salían a la luz unas ramitas de huacatay, yerba buena y romero que habían puesto para espantar a los moscos y conservar el olor. Luego los quesos, las chaplas, las rosquitas y por fin, enfardeladas en bolsas y papeles, aparecían unos ojitos negros y grandes que parecían mirarnos atentamente: eran las Wawas (o guaguas).

Tanta Wawas - Lima - Perú
¿Qué son las tanta wawas? Son delicadas figuras hechas de pan o de bizcocho que representan a niños, animales u otras formas y que varían según las regiones. El significado puede entenderse como PAN (Tanta) BEBE (Wawa) o PAN CON FORMA DE BEBE y están normalmente adornados con grajeas, pasas, anís, caretas de yeso o glacé. Los pobladores de las zonas alto andinas del Perú los entregan como obsequio durante los días de Todos los Santos o en el Día de los Difuntos (1ero y 2do de noviembre respectivamente) lo cual permite consolidar las relaciones de compadrazgo, reciprocidad y de compromiso mutuo. El día 2 de noviembre estas wawas son llevadas a los cementerios de muchos pueblos andinos para ser ofrecidas a los difuntos y una vez acabado el día los mismos panes serán repartidos entre los visitantes para ser comidos. No se conoce con exactitud cuándo es que esta tradición de hacer panes con forma de bebe empieza pero sí se sabe que los antiguos peruanos comían una especie de pan. El investigador Jaime Adriansen indica que en el Perú precolombino se consumía la tanta y que también había otro pan para fines ceremoniales: el "sanco o shanku". Hecho con una pasta de maíz molido que se calentaba sobre las piedras, en el rescoldo o en ollas de barro, con y sin agua. 

Tanta Wawas - Lima - Perú
He tenido la suerte de consumir las WAWAS desde que soy niño y lo hacía sin preguntar, comiendo porque era parte de mi costumbre familiar, algo sin mucha novedad en mi mesa especialmente cuando el día de los difuntos se acercaba. Pero con el tiempo el aguijón de la curiosidad despertó preguntas: ¿Por qué comer "bebes" el día de los muertos? ¿Por qué ofrecer comida a nuestros difuntos? ¿Por qué….? ¿Por qué...? ¿Qué sería de nuestras vidas sin esos "porqués"? 

Una buena manera de responder esas preguntas es acercándose a la plaza de Santiago de Surco, distrito situado al oeste de Lima que fue en el pasado un señorío pre inca conocido como Sulco pero que después fue ocupado por los españoles, donde cada 1ero de noviembre se realiza el "ConcursoNacional de Tanta Wawas", organizado por el Museo Nacional de la Cultura en un intento por rescatar esta tradición de la gastronomía peruana no muy conocida como es la panadería artesanal andina de consumo familiar. Para esto vienen desde diferentes departamentos del Perú artesanos, previamente seleccionados en concursos regionales, especializados en la preparación wawas a mostrar sus mejores trabajos y tratar de ganar el premio mayor. En la plaza exponen sus trabajos, venden algunas wawas a los curiosos, conversan gentilmente con la gente y esperan que pase el jurado calificador que dictaminará quién es el ganador

Tanta Wawas - Lima - Perú
Tanta Wawas - Lima - Perú

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