Tour clásico por los alrededores de Arequipa

jueves, 1 de mayo de 2014


Aunque he puesto un título demasiado explícito a esta entrada, y el o la (improbable) lector o lectora de este blog ya puede imaginarse de qué va, no quería dejar de contar la experiencia en un tour en los alrededores de la gran ciudad de Arequipa. Si bien no solemos contratar tours (no veo nada de malo en hacerlo, pero nos gusta más ir por libre) tenemos que reconocer que en este caso hacerlo te facilita la vida ya que no tienes que preocuparte en subir o bajar de combis, esperar a que se llenen para partir, averiguar como loco por dónde pasa el transporte y, sobre todo, si se puede encontrar a todas horas. Así que nos fuimos a la plaza de AREQUIPA y allí se nos acercó un hombre a ofrecernos un tour de la empresa TAHUANTINSUYO TOURS. El servicio costaba 35 soles, eso nos dijo, pero nos lo dejaron en 25. No se incluye la entrada a ninguno de los sitios que se visita. Nos regalaron botellitas de agua y algunas cosas para ir comiendo, buen detalle. 
AREQUIPA.PERU

Nos recogieron en la misma plaza y aquí es donde empiezan las pegas. Los buses en los que te llevan son grandes, de 2 pisos, los típicos que se usan para un “sightseeing” que le llaman. Lo que me pareció incomprensible es que en un bus de tal tamaño solo estuviéramos 10 o 12 personas. Es decir, iba casi vacío. Había más buses de otras agencias que también lo estaban. Ahora bien, imagínense ver tantos buses inmensos (con la mayoría de sus asientos vacíos) juntos en una plaza, metiéndose luego en calles estrechísimas en donde hay que hacer mil maniobras para no chocar: pues que todo es un caos de tráfico que avanza lento ya que estos buses (semivacíos) ocupan casi el espacio de 3 coches, si no es más. Y como el tráfico desespera y los peruanos tenemos por deporte favorito tocar la bocina, pues hay que imaginar el delirio que se forma. ¿No podrían las agencias coordinar para que cada una tenga una hora definida para que su bus ande por la plaza sin causar tal desorden? ¿A santo de qué se necesitan tantos buses inmensos y vacíos colapsando un lugar tan bonito?


En fin. Partimos y la primera parada fue el agraciado mirador de Carmen alto. Desde aquí se ven las magnas siluetas del Chachani, el Misti y el Pichu Pichu, increíbles volcanes a cuyos pies se extienden kilómetros de verdes campos de cultivo. 




Se continúa hasta un sitio emblemático y bello de la ciudad: YANAHUARA. La verdad es que no es necesario subirse en un tour para llegar hasta tan bonito barrio arequipeño, de hecho nosotros volvimos otro día caminando desde el centro, pero como era parte del itinerario pues allí estábamos. Como siempre, lo más interesante es el mirador y sus arquerías de sillar en las que se leen frases escritas por arequipeños célebres, además de las geniales vistas del Misti. Afortunadamente el día estaba clarísimo por lo que los ojos se regocijaron con el paisaje. Pero también es bueno andar por las calles empedradas de este barrio, ver sus paredes blanquísimas adornadas con macetas llenas de geranios, la limpieza y sentir la tranquilidad que aquí se respira. 



  
La visita continúa, ahora en la fábrica de tejidos INCALPACA y su mini zoológico donde se pueden ver ejemplares de los cuatro camélidos sudamericanos (llama, alpaca, vicuña y guanaco), y de paso, claro, te llevan a la tienda a ver si compras una de sus carísimas, pero bonitas, todo hay que decirlo, prendas de vestir. 




Arequipa: los tesoros secretos del Convento La Recoleta

martes, 22 de abril de 2014



Cuando el viajero está en Arequipa (ver entrada anterior) sabe que tiene que ir sí o sí a ver esa maravilla llamada el Convento de Santa Catalina. Sí. Es un “must”. Pero para un mochilero que va ajustando el presupuesto al máximo tal vez el ticket de entrada a ese convento tenga hoy un precio casi prohibitivo. Tranquilo, afortunadamente Arequipa tiene mucha riqueza patrimonial y nos ofrece una alternativa más económica pero también fascinante: el CONVENTO LA RECOLETA. 

Ubicado a pocos minutos a pie del centro de la ciudad, solo hay que cruzar el puente Grau, y mirar abajo el famélico Chili, para llegar al famoso barrio de Yanahuara. Desde el mismo puente casi se puede ver la torre del convento, así que no hay pierde. 
 
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.




La fachada de la iglesia es bastante sobria, pero la entrada al museo se encuentra al lado, en la portada del convento. Allí llegamos, y aunque parecía que no había nadie respondieron rápido a la llamada del timbre. Nos recibió Andrea, una chica joven muy simpática, amable e inteligentísima que es guía voluntaria en la Recoleta. Nos cayó tan bien que al final la invitamos a almorzar y aceptó. Fue interesante escucharla hablar sobre los sentimientos y opiniones que su ciudad le despierta. Si quieres puedes hacer la visita sin guía (en el ticket está bien dibujado el recorrido por lo que no hay pierde), pero para serte sincero vale la pena ir con alguien que te informe porque el sitio es más grande lo que se espera y hay mucho más patrimonio de lo que uno podría imaginar. En verdad, pesábamos que solo había un claustro, alguna biblioteca y un jardín: lo que no imaginábamos era que había mucho más que todo eso.

De entrada te recibe el bien soleado “Claustro de la Portería” (hay 4 claustros en total) con su maciza arquería, una piedra de molino que han puesto a modo de adorno (dicen que es el más antiguo del Perú, un dato que hay que tomarlo con pinzas, claro) y toda una colección de bellísimas crasas. Nunca imaginé que las hubiese de esas formas y colores. Sinceramente desde que las vi allí me enamoré de esas plantas, y si antes no las encontraba tan interesantes ahora me parecen una hermosura.

CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.

Un pequeño zaguán te lleva hasta el “Museo Precolombino” donde, como es de esperar, hay interesantes piezas perecientes a varias de las culturas precolombinas (entre ellas huacos eróticos mochicas, ¡vaya con los curitas!), y algunas momias y cráneos en asombroso estado de conservación. Una vista sinceramente impresionante.

CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.
CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.


El siguiente claustro es el “Mayor o de San Francisco”, quizás el más hermoso de todos. Sus cipreses dan una sombra agradable, mientras que el agua corre por un pequeño canal haciendo ese sonido que invita al sosiego. ¡Qué tranquilidad! Fuera, a unas pocas calles, en el puente Grau, mil combis y taxis competían por ensordecer a la gente con sus bocinas desbocadas y allí dentro el mundo era otro, distinto, mejor. Es un sentimiento que siempre he tenido cada vez que visito un monasterio en una gran ciudad peruana como Lima o Arequipa: es como entrar en otra dimensión.

CONVENTO LA RECOLETA. AREQUIPA - PERU.

Arequipa : entre la belleza y el caos

sábado, 12 de abril de 2014



Arequipa era un estado mental. Creo. Cuando era niño y hablaban los mayores de lo sucia, bulliciosa y descuidada que era Lima solían decir: “Deberíamos aprender de AREQUIPA, la Ciudad Blanca, tan cuidada, tan limpia…”; el orden significaba entonces una ciudad al sur del país que era la antítesis de la capital peruana. Un lugar al que imaginaba perfecto.




Fui por primera vez hacia Arequipa hace muchos años, exactamente en 1999, camino del Cuzco para ver a mi ídolo Charly García en el ya extinto Festival de la Cerveza Cuzqueña. Qué buen concierto se hizo el genio. Como buen groupie lo perseguí hasta el hotel Monasterio donde se hospedó. Excúsenme la digresión. Iba a decir que eso fue hace años y sí, la ciudad casaba bien con mis expectativas. Aunque no puedo decir gran cosa, porque apenas estuve un día por allí. Pero, creo, sirvió para darme cuenta de lo tranquila y agradable que era. Luego volví varias veces, por trabajo, por placer, y cada vez iba notando cambios, una metamorfosis algo silenciosa. Hasta que regresé a fines del 2012 y ya noté el cambio radical que ha dado esa ciudad que antes era pequeña, noble, y tranquila. Y desde entonces para mí, ha pasado de ser un estado mental, a una dura realidad. 

 



 Ya no se me antojaba media pueblerina, sosegada, elegante sino más bien era ahora una ciudad pujante, desordenada, intensa, a medio camino entre una gran capital y una ciudad de provincia. Huelga decir que esto no es exclusivo de Arequipa, todas las grandes capitales peruanas han ido dejando atrás sus ropajes de lugares pequeños, cristalizados en un sueño de siglos para, poco a poco, convertirse en satélites intensos que atraen a su alrededor mundos fulgurantes. El candor de muchos de ellos se ha perdido y son hoy un pequeño reflejo de Lima. ¿Es eso malo? ¿Son los precios que hay que pagar por esa modernidad tan deseada?
 







Sin embargo, el viajero nunca se cansará de volver a Arequipa. Uno caerá por allí una y otra vez y redescubrirá el encanto de sus calles, de sus gentes, de su cultura. Pocas ciudades tienen una riqueza patrimonial tan impresionante. O están rodeadas de un paisaje alucinante de volcanes, desiertos y campos cultivados como lo está Arequipa. Y sí, es un trago amargo el que hay que pasar cuando se ve tanto tránsito caótico, tanta bulla, tanto barullo, tanta fricción, y por momentos, cierto miedo. Pero, vamos, con un poco de paciencia, cuidado y buen tino se puede tener en esta ciudad una grata experiencia.

Escrituras nómades: Sendas de Oku de Matsuo Basho

miércoles, 9 de abril de 2014




 "El que camina honor a sus sandalias"
Carlos Edmundo de Ory

No puedo dejar de sentir verdadera admiración, envidia, y fascinación por los viajeros que van hacia sus destinos a pie. Esos caminantes se me antojan seres distintos, casi feéricos, alejados como están de la enloquecida velocidad  con que se vive al rededor. La aventura de estos soñadores es la más pura, sencilla y original de todas las experiencias de viaje. De ahí que no pueda haberme dejado de emocionar cuando leía, hace varios años ya, el libro “El Perú a toda costa” de Ricardo Espinoza, conocido en el Perú como El Caminante, o esa maravilla de maravillas llamado “El tiempo de los Regalos” en el que irrepetible Paddy Leigh Fermor  nos cuenta su aventura a pie desde Holanda hasta Turquía. Y es que caminar es un modo de penetrar en la naturaleza al ritmo que ella hace las cosas: lentamente, por ende en ese acto hay más armonía que en pocos actos de nuestra vida. Que lo digan Chatwin, Thoreau, Walser, Sebald, Coleridge, quien se caminaba al menos 50 kilómetros por día, Rimbaud o Wordsworth, quienes caminaron por media Europa buscando ve tú a saber qué, Van Gogh o Benjamin, que lo digan los situacionistas, los dadaístas, Nietzche, que lo digan los peregrinos de otros, y de estos, tiempos. ¡Quién pudiera vivir cosas semejantes! Envidiable modo de viajar, más aún hoy en que tenemos que resignarnos a la velocidad con la que hay que vivir y visitar los sitios pues las vacaciones se acaban en pocos días y no hay tiempo para sentir ni ver: hay que correr en pos de lo aparente para perdernos lo sublime que yace en lo profundo. 


Esa emoción por el hecho de caminar y por los caminantes me ha regresado al alma hace poco en que estuve leyendo en estado de gracia el bellísimo libro SENDAS DE OKU del poeta, calígrafo y caminante MATSUO BASHO, quien ya está en mi personal olimpo literario después de esta lectura. En este precioso libro el poeta nos cuenta parte de la gran peregrinación que inició en 1689 y el cual le llevó 2 años por el centro de Japón. Esto no era algo excepcional en él, ya había escrito cinco diarios de viaje (tema que siempre estaría presente en su obra) en los que relataba sus andanzas por lugares sagrados de su país a los que llegaba como un humilde “sembrador de poesía”.





Pero no por ser un personaje excepcional Basho se nos presenta como un hombre fuera de lo común y autocomplaciente. No, todo lo contrario. Desde el inicio del viaje nos hace cómplice de sus sentimientos cuando nos cuenta esa disyuntiva que todo viajero ha sentido antes de dejar lo conocido por ir a husmear al otro lado, allí donde palpita la tierra prometida en la que se harán realidad nuestros sueños de huida: el poeta se debate entre “la violencia misma del deseo” que le incita a irse y el miedo por los riesgos y la pena por la incertidumbre del regreso.


Entonces el poeta cose sus  viejos pantalones y se va. Peregrina conociendo templos y rezando en ellos, visitando a eremitas y cementerios, recordando lecturas que hacían referencia a los lugares que visita y a al modo de un cronista nos informa sobre algunas costumbres y tradiciones que todavía existen, lo que nos da un indicio de su alta cultura. Sensible, nuestro frugal caminante llora y ora ante ruinas (¡que levante la mano el que no ha sentido algo semejante!) y tumbas de hombres santos, castillos; se pierde y lo detienen unos guardias; se hospeda en casas de amigos o en templos y también en miserables sitios donde las pulgas le atormentan o simplemente en los bosques usando yerbas de bambúes como almohada. Está atento a la maravilla del mundo y de la vida; hasta la naturaleza le invita a sacar conclusiones y pensar: un árbol que aún debajo de la espesa nieve sigue floreciendo, por ejemplo. Y así, dejando poemas allí donde llega, encapsulando la belleza del momento en haikus que como gotas pequeñísimas guardan la esencia de la belleza de todo ese océano que es la vida, el mundo, las lindezas de la tierra. Así la poesía de Basho nos incita a hacer algo que quizás no hacemos cuando viajamos y que tal vez solo el caminante viajero tenga el privilegio de ver gracias a la lentitud con la que se mueve: estar atento a lo nimio, a lo cotidiano, porque allí se guarece lo maravilloso; y todo ello le arranca a su pluma metáforas y comparaciones magistrales: “La escena tiene la fascinación distante de un rostro hermoso”. Pero no es que escriba o describa toda la grandeza de los paisajes que ve, su sencillez aflora cuando se niega a describirnos esos lugares pues ya lo habían hecho mejor otros maestros, hacerlo sería “como añadir otro dedo a la mano”.
 
Imagen de http://kids.britannica.com/
 Así va nuestro caminante, completamente en comunión con la aspereza del mundo, en donde todo sucede a la altura de sus ojos, no a sus pies. Y es que eso es viajar caminando: diluir las fronteras de tu yo, tu falso orgullo y ponerte al nivel de las cosas que pasan, del mundo que te rodea y en donde no eres más que un simple elemento a merced de lo que la naturaleza te quiera proveer, para tu bien o para tu mal.


No puedo dejar de decir que la introducción de Octavio Paz es magistral y sus explicaciones nos ayudan a entender mejor la obra de Basho. Solo un inmenso poeta puede entender a otro de su calibre. El mejor resumen de esta preciosa obra lo hace el mexicano cuando nos dice que SENDAS DE OKU “es algo más que una obra literaria: es una invitación a vivir de veras la vida y la poesía”. Ya saben viajeros, caminen, que al cielo se entra a pie.


Pablo




“Con un viaje aún largo en perspectiva, mi estado me desosegaba aunque el andar de peregrino por lugares perdidos, me decía, es como haber dejado ya el mundo y resignarse a su impermanecencia: si muero en el camino, será por voluntad del cielo.”


Basho



Enigmas de cerro Baúl

martes, 25 de marzo de 2014



La mujer que encontramos en el “puesto de vigilancia” de CERRO BAÚL nos dijo que ella y los vecinos de los pueblos aledaños se organizan para cuidar el cerro porque viene “gente de noche a hacer brujerías”. Nos explicó las vueltas que dan por las faldas del cerro durante las cálidas madrugada moqueguanas, bien premunidos de lámparas y palos (no me animé a preguntar si también cargan armas), y nos contó también algunas historias extrañas y misteriosas. Toda esta parafernalia mágica es posible en un cerro como este, de forma tan peculiar y distinta a la que tienen los cerros que lo rodean: una mole de forma casi acastillada que emerge en medio del desierto con su cima extrañamente aplanada, como si el hombre le hubiese dado esa forma. Si no fue así, su forma natural lo hizo, con seguridad, lo suficientemente atractivo para los ojos humanos. Por ello no es de extrañar que los WARIS lo hayan elegido como lugar para construir en sus alturas una gran ciudadela. 

CERRO BAÚL. MOQUEGUA - PERU.

Habíamos cambiado el frío del hermoso altiplano puneño (ver entrada anterior) por el reconfortante calorcito de MOQUEGUA hasta donde llegamos luego de un viaje sencillamente alucinante que nos llevó desde las alturas nevadas de los Andes hasta el desierto de los valles costeros. Tenía muchas ganas de conocer esta pequeña ciudad que tiene un cariz barranquino (por Barranco, el distrito limeño sobre el que escribí) pero la experiencia sin ser mala tampoco fue lo que esperaba. Es un sitio relativamente tranquilo, con casas antiguas y, afortunadamente, sin edificios nada agraciados que alteren su interesante patrimonio arquitectónico (como vimos en JULI, por ejemplo). Pero parece que como pueblo pequeño que es nunca estuvo preparado para que por sus pequeñas calles reciban de golpe toda la modernidad y el barullo que trae la mina que se ubica cerca y que es una de las más importantes del país. Temo que le pase en el futuro lo que ha Cajamarca que de ser una ciudad tranquila y encantadora ha pasado a ser una gran urbe llena de todos los problemas sociales que eso significa ¿Son estos los costes a pagar por la boyante economía? Bueno, no quiero sonar alarmista, con todo Moquegua sigue siendo, aún, un lugar apacible y que bien se merece una visita. 

MOQUEGUA - PERU.
MOQUEGUA - PERU.
MOQUEGUA - PERU.
MOQUEGUA - PERU.
MOQUEGUA - PERU.

Desde Moquegua es muy fácil llegar a Cerro Baúl (ver DATOS UTILES abajo), lo difícil es (para algunos) ascender por su secas y rocosas laderas. Eso hicimos luego de despedirnos de la señora que nos vendió las entradas y nos contó lo de la “brujería”. Tuvimos suerte: el sol nos dio tregua pues se nubló así que la subida no fue tan difícil, al principio. No hay señalización y las primeras ¾ partes del camino están en pésimo estado por lo que hay que adivinar por dónde ir y pisar: todo es un erial agreste en el cual crece, con timidez, algún matojo de hierba o planta bien adecuada al desierto.

CERRO BAÚL. MOQUEGUA - PERU.
CERRO BAÚL. MOQUEGUA - PERU.
CERRO BAÚL. MOQUEGUA - PERU.
CERRO BAÚL. MOQUEGUA - PERU.

Hasta que tocamos la “pared” del farallón y encontramos una gruta donde hay velas derretidas, hojas de coca, restos de cigarros, caramelos: es obvio que el cerro sigue siendo un Apu protector al que se viene a pedir favores a cambio de dejarle ofrendas, y de subir hasta su cima a celebrar, sagrativamente (qué lindo adverbio que la DRAE quiere desaparecer), rituales. No sé si la señora se refería a esto u a otro tipo de “rituales”, es decir a alguno que tuvieran que ver más con magia negra. En todo caso, imagino que sí se le permitirá a la gente subir a dejar sus hojas de coca o demás cosas pues esto es más tradicional y se hace incluso en Semana Santa cuando los peregrinos suben a la cima del cerro durante la madrugada. Para que se hagan una idea les dejo este vídeo. 

La poesía del viaje : Robert Walser

viernes, 21 de marzo de 2014



En el DÍA DE LA POESIA...

La dicha de ser un hombre racional y ponderado, de sentimientos simples, es algo que ve precipitarse, deshecho en mil fragmentos, por la pendiente desmoronada de su vida, como rocalla que se estrellara y rebotara estrepitosamente en su caída. Y encima él colabora, es algo ya decidido; quiere entregarse por entero a la mala estrella de los poetas: lo mejor será encaminarme a mi perdición lo más rápidamente posible.

KLEIST EN THUN

Una mañana, hasta donde recuerdo, hallándome a mitad de una suave cuesta, bajo unas encinas, me puse a contemplar un adorable pueblecito perdido entre el bosque y la montaña, que brillaba a mis pies bañado en la hermosísima, cálida y benévola luz de una mañana estival. ¡Qué alegría tan sana y buena procura el vagabundear! Solo las alegrías inocentes son verdaderas. 

EXCURSION

En Munich había conocido bastante bien a varias personalidades literarias de categoría, pero las reuniones artísticas y literarias me habían provocado sensaciones extrañas y opresivas [… ] Todo comportamiento impecable, perfecto, intachable o elegante solo me infundía pesar y una especie de temor. ¡Gran Dios todopoderoso y bueno: qué hermoso es caminar en verano por tu cálida, ancha y tranquila tierra, con la sed y el hambre honestamente unidos a todo aquello! Todo tan calmo y luminoso, y el mundo tan vasto.

WÜRZBURG

 “Es imposible, Hölderlin”, le dijo un día la señora de la casa, “y lo que tú quieres es inconcebible. Todo cuanto piensas va siempre más allá de lo conveniente y posible, y todo cuanto dices desgarra lo alcanzable. No quieres ni puedes vivir bien. El bienestar te resulta demasiado pequeño, y la paz dentro de la limitación, demasiado ordinaria. Todo es y se vuelve para ti un abismo, una infinitud. El mundo y tú son un mar.”

HÖLDERLIN

Deberíamos aprender si quiera a entender a nuestro prójimo, ya que somos incapaces de impedir su desventura, su oprobio, su dolor, su debilidad y su muerte.

FRAU WILKE
 

Vida de Poeta, Robert Walser.
Editorial Alfaguara, 1992.
Traducción de Juan José del Solar.

Imagen tomada de la página http://rafaelnarbona.es/
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